lunes, 11 de diciembre de 2017

Tartessos y la costera del bonito del Norte

Uno de los puntos cardinales que limitaba el mundo antiguo por el Oeste se situaba en el Atlántico, pero no en Cádiz ni en Huelva, pues quedaría fuera buena parte de Europa. El hito o marcador territorial, como es lógico, se localizaba más allá, a lo largo del meridiano 0 de Cabo Fisterra, desde donde se medía la tierra a partir del punto imaginario llamado Cades Herculis hasta el Cades Alexandri en el extremo más oriental del mundo conocido. Tartessos, por tanto inmediato al Cades Herculis, ocupaba la fachada atlántica de la Península Ibérica.

Esta certeza de su ubicación se ve refrendada por la lectura de la Crónica Pseudoisidoriana, que contiene una referencia todavía más explicita: "el segundo ángulo de la Península [comparada su forma a un triángulo] se pliega contra el Noroeste en Galicia, en el lugar que se llama Alto Pedrón, que los autores denominan Cades de Hércules, y que mira hacia Britania". El nombre de este punto geodésico en cuestión podría designar el cabo Finisterre o quizá el faro romano de la Torre de Hércules en A Coruña.

secundus angulus occidentem circumplectit et septentrionem versus Gallitiam, ubi altum petron dicitur, quod auctores Grades Herculis vocant, Britanniam advergens

Todavía hay un dato más relevante e incontestable que sitúa las Columnas de Hércules en el Noroeste de la Península, es la ruta migratoria de los túnidos, a los que seguían los fenicios a partir de mayo hasta un lugar situado a cuatro días de navegación de las Columnas (Finisterre). La confusión entre el bonito del Norte y el atún es muy común, pero sin duda era el primero el que pescaban aquí para conservar sólo la deliciosa ventresca. Dicen los textos que se alimentaban de bellotas marinas (fucus vesiculosus), y que en su ruta migratoria llegaban muy flacos a las Columnas, de allí partían hacia un gran banco de arena en el atlántico, situado a cuatro días de navegación. Este caladero atlántico sobre un banco de arena sólo puede ser la legendaria pesquería del Gran Sol, al Sur y Oeste de Irlanda, frecuentada casi exclusivamente por los pescadores del Norte de la Peninsula, que probablemente informaron a los fenicios de la ubicación del lugar. El Gran Sol es efectivamente un banco de arena a solo 125 metros (70 fathoms) de profundidad en pleno Atlántico. Estos datos se adaptan en su conjunto a las costumbres alimenticias, al viaje y a la ruta milenaria que sigue el bonito del Norte desde el Mar de los Sargazos hasta nuestras costas e Irlanda. También encaja el hecho de que los túnidos pescados aquí por los fenicios eran los únicos que no exportaban; los reservaban para su propio consumo por la especial bondad y suculencia de su carne.

Ningún otro dato antiguo sobre Tartessos encaja plenamente con Cádiz o Huelva; se podrán intentar comer en Cádiz las famosas lampreas de Tartessos, probar su exquisita miel, de cuyo cultivo se declararon inventores los tartesios, admirar sus paisajes montañosos cubiertos de bosques, examinar los hermosos rebaños de vacas marelas que le robó Hércules  a Gerión, intentar verificar el pasmoso fenómeno de las mareas vivas, que vacían las fuentes próximas a la costa y las llenan al compás de su flujo y reflujo... todo ello infructuosamente.

También en Cádiz, o en la supuesta Huelva tartesia de Schülten, podremos probar a rastrear la leyenda tartesia según la cual Gerión nació de una mujer marina (como los Mariño), o investigar acerca de cómo pervive todavía en la memoria de las gentes el trabajo de lavar las arenas del río para encontrar oro... será igualmente una pérdida de tiempo.

Todo esto que no encontramos en Cádiz abunda en Galicia hasta la saciedad, pero aún hay más que lampreas en el Miño, variedad de miel, paisajes montañosos y vacas; hay más que Atlántico, más que mareas vivas, cabo Finisterre y Torre de Hércules.

Están los cipos fenicios de Toralla, en Vigo, y el tesoro de Elviña y la plaquita con lo que me parece escritura fenicia procedente del mismo castro, que se guardan en el Museo Arqueolóxico del Castelo de San Antón en A Coruña. Son muestras de un contacto directo entre los fenicios y este verdadero Tartessos noroccidental. Se trata de un contacto firme que, procedente de los establecimientos fenicios del Sur de la Península, no llega a aculturar el Noroeste al verse interrumpido. Es esto precisamente lo que habrá que buscar, contactos, pero no el Sur de la Península precisamente, pues los establecimientos fenicios peninsulares del Sur no se instalaron sobre la vieja Tartessos. 


Plaquita con posibles grafías fenicias del Castro de Elviña. Museo Arqueolóxico del Castelo de San Antón.

Bibliografía:

(1) Para la cuestión de los cuatro puntos cardinales imaginarios denominados Cades o Gades (a veces aparece la variante Grades, o bien Gadibus/Gradibus en dativo-ablativo) en la antigüedad: Conquest Landmarks and the Medieval World Image, de S. McKenzie, 2000.
(2) Un estudio completo de las diferentes versiones de la descripción de la Península triangular: "Orosio y los geógrafos hispanomusulmanes", de Luis Molina.
(3) Para algunos de los datos conocidos sobre el primitivo Tartessos: "Fuentes griegas y romanas referentes a Tartessos", de J. M. Blázquez Martínez, 1968.
(4) El caladero secreto de los fenicios: De Mirabilibius Auscultationibus, cap. 136, del Pseudo-Aristóteles.
(5) Sobre la tipología fenicia del collar de Elviña: Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente, de J.M. Blázquez Martínez, 1975.


martes, 5 de diciembre de 2017

Saunas improvisadas: los sudatoria del Miño y la sauna de Sidonio Apolinar

Estoy leyendo con mucho interés el libro de Sergio Ríos González sobre Los baños castreños del noroeste de la Península Ibérica (ed. Ménsula, 2017). En particular, en el capítulo que dedica a contextualizar el termalismo castreño cronológica y culturalmente me he encontrado con el testimonio de  la construcción de una sauna improvisada en el siglo V por parte del galo-romano Sidonio Apolinar. Desconocía el relato, pero no el sistema de la sauna de campaña, que también se practicó en Galicia como veremos a continuación.

La sauna de campaña que improvisó Sidonio Apolinar es descrita por él mismo en una de sus epístolas: "una vez pasada la pesadez del mediodía, cabalgábamos un poco, para aligerar más fácilmente los estómagos repletos y hacer hueco para la cena. Ambos anfitriones tenían baños en la casa, ninguno en uso. Ahora bien, cuando la muchedumbre de bebedores de mis servidores y dependientes, con los cerebros dominados por las copas colmadas de los anfitriones, hubo dejado de beber, se excavaba rápidamente una fosa en la fuente vecina o en el río, que, tras depositar en su interior un buen montón de piedras calientes, se convertía en fosa ardiente. Después de tejer una covacha con varas de avellano en forma de semicúpula, echábamos sobre ellas pieles de cabra de modo que los intersticios, privados de luz, se oscurecían e impedían la salida del vapor producido por la aspersión de agua hirviendo sobre las piedras caldeadas. Aquí nos pasábamos las horas, entre jugosas y pícaras conversaciones, hasta que, vestidos y rodeados por el hálito de una niebla intensa, empezábamos a sudar saludablemente, y una vez bañados en sudor, en la medida en que nos apeteciese, nos metíamos en el agua caliente, cuyo calor secaba nuestra desnudez, y resuelta e inmediatamente nos fortalecíamos en la frialdad del pozo, la fuente o la corriente del río" (Los baños castreños del noroeste de la Península Ibérica, pg. 299, trad. de César García de Castro Valdés).

Para Queiroga y González Ruibal, según indica Ríos en nota al pie, este testimonio podría constituir una prueba indirecta de la existencia de saunas y estructuras balnearias en el noroeste ya desde los siglos IV-III a. C., que no habrían dejado rastro arqueológico al haberse utilizado materiales perecederos en su construcción.

En mi opinión el testimonio constata cuando menos la construcción de lo que denomino saunas de campaña; un sistema constructivo improvisado en materiales perecederos, que pudo utilizarse incluso desde la Prehistoria.

El primer testimonio galaico de la utilización de la sauna de campaña es muy posterior en el tiempo al de Sidonio Apolinar, lo que no significa que antes no se practicase el baño sudatorio en tenderetes. Sólo cabe deducir de este texto tardío que hasta 1571 nadie se había dignado a describirlo en nuestro país: "Hispania [...] habet sudatoria ad Minium amnem; qui per Gallecia in Oceanum occidentalem mittens, ex natura solis sulphurea, ac miniosa, totus vltra, circa, & in ipso fluuio calidis scatet aquis, quas postea describemus. In secessu autem fluuii, non plus triginta stadiis a Riua oppido, ager est ad sudationes idoneus: quippe qui procul aspexerint, tremulan ex eo conspiciunt auram, ceu subditis solo ignibus caligare, quae accedentibus sudorem, eumque copiosum commorantibus excitare solet. Quare consueti sunt eius regionis indigenae, ac longinquarum quoque partium aduenae, sub canapeis tenctoriis ad hunc vsum in ea planicie extensis, siccas istas sudationes excipere, in omni humida, frigida, ac altius impacta intemperie saluberrimas" (Andrea Bacci, De Thermis, 1571).

El informante de Andrea Bacci es el Dr. Torres, jesuita, y refiere la existencia de un lugar en un recodo del Miño, a no más de 30 estadios de Ribadavia (que podría ser Cortegada), donde hay un campo idóneo para sudadero. De lejos se observa salir del suelo un aura de vapor trémula como si fuegos subterráneos lo cubriesen de humo; el aura provoca un acceso de sudor copioso. Los nativos de estas regiones, y los que provienen de lejanas partes, bajo tenderetes montados en esta planicie, toman estos salubérrimos baños de sudor en seco, alternándose con el contraste de la húmeda y fría exposición a la intemperie (según mi propia traducción libre y por ello, susceptible de mejora).


Tiendas para sudación del baño de Iuncara, de la obra del siglo XII De balneis Puteolanis, de Pietro de Éboli.

(C) Cologny, Fondation Martin Bodmer, Cod. Bodmer 135, f. 6r – [Peter of Eboli], The Baths of Pozzuoli.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Los lisiados del balneum de Santa Eulalia de Bóveda


(C) Colonia, Fundación Martin Bodmer, Cód. Bodmer 135, Pietro de Eboli, De Balneis Puteolanis, f. 20v

La miniatura que acompaña al texto del Baño de Tritulus, uno de los baños de los que trata la obrita del siglo XII De balneis Puteolanis, de Pietro de Éboli, muestra un tímpano que cierra la cavidad de donde mana el agua y que recuerda, en su factura y en su mínima abertura, a las llamadas Pedras Formosas de las saunas castreñas del noroeste peninsular, que también pudieron estar pintadas. En ella se han representado varias personas que señalan diversas partes del cuerpo; según el autor "la cavidad está llena de figuras de enfermos, a los cuales el agua cura de la enfermedad que se indica en cada figura". Todos los manuscritos de la obra de De Éboli convienen en plasmar este tímpano con la misma o parecidísima decoración que conforma un muestrario de cuerpos humanos doloridos. En el extremo derecho, y aprovechando el exiguo espacio de la esquina del tímpano, un lisiado sujeta su pie, los otros se señalan la ingle, el pecho, la cabeza, el vientre y la cadera.

Esta explicación de De Éboli a la funcionalidad de la decoración, que serviría para indicar los usos terapéuticos del agua del balneum, puede aplicarse también al tema que se desarrolla en el baño de Santa Eulalia de Bóveda, donde se representan dos figuras de lisiados (considerados como exvotos) y un grupo humano que se viene interpretando como danzantes. También cabría plantear que los danzantes, entre los cuales una de las figuras señala su vientre mientras que las restantes se llevan las manos a la cabeza, son un muestrario de los usos terapéuticos del agua del balneum de Santa Baia. En este sentido el topónimo gallego del lugar, Santa Baia, a veces abreviado como Santalla y en época temprana falsamente latinizado como Eulalia, podría haber estado motivado mediante metonimia por los famosos baños de Baia en la Campania, de los que también se hace eco De balneis Puteolanis, y que fueron uno de los destinos termales favoritos de los romanos, de ahí que el topónimo Baia hubiese acabado por ser sinónimo de baño termal en general. 


Lisiados de Santa Baia de Bóveda, uno de ellos señalando su pie. (C) Manuel G. Vicente, 2011.

No están reñidas ambas hipótesis, la cultual y la práctica, pues un exvoto corporal depositado, pintado o esculpido en un baño como ofrenda a las aguas curativas podía servir también para orientar a los futuros bañistas sobre los usos terapéuticos de sus aguas.

El aparente grupo de danzantes de Santa Baia que mayoritariamente se lleva las manos a la cabeza se encuadraría, según nuestra interpretación, en la prescripción médica del agua para los males de la cabeza, problemas mentales y nerviosos que en Galicia se atribuían a posesiones demoníacas, y cuya especialidad la tiene el santuario de O Corpiño. Observamos en el santuario de Saint Thégonnec en Morlaix (Bretaña Francesa), una representación semejante de un exorcismo en la que el paciente se apalea la cabeza para que salga o demo.


Entrada a la iglesia de Saint Thégonnec en Morlaix. Relieve con un lisiado y un paciente psiquiátrico poseído por el demonio.
(C) Dolores González de la Peña, 2008.


Decoración mural romana con aves en el baño de agua de mar de Saluiana, de la misma obra de Pietro de Éboli;  los motivos de aves también aparecen en el balneum de Santa Eulalia de Bóveda.
(C) Colonia, Fundación Martin Bodmer, Cód. Bodmer 135, Pietro de Eboli, De Balneis Puteolanis, f. 20r

viernes, 1 de diciembre de 2017

Los últimos momentos de Colón, de José Serra y Porson

Siguiendo con más curiosidades sobre Colón, además de aquel librito sobre su origen extremeño. En nuestra colección particular se encuentra un cuadro de José Serra y Porson (Roma, 1828, Barcelona, 1910), "pintor español romántico, considerado como introductor del género del tableautin en España, que había aprendido de su maestro Ernest Meissonier" (información del pintor en la web del Museo del Prado), titulado de su puño y letra: Últimos momentos de Colón, inspirado en un monólogo en italiano.




Hemos localizado el monólogo inspirador, que es de la autoría de Antonio Gazzoletti: Gli Ultimi Momenti di Cristoforo Colombo (1850).

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Mapa de Avión por Rosendo Amoedo, 1789


Mapa de Avión por el pintor de Ribadavia Rosendo Juan Amoedo Castro: se dibujan los fosos de lobos de paredes convergentes, castros (San Vicenzo) y castelos (Castelo de Ripás), iglesias y capelas, cruceiros, caminos, mojones todavía hoy identificados en el Mapa Topográfico Nacional como por ejemplo el de Laxa dos Números, el nacimiento del Avia, el monte Suido, etc. (C) Diccionario Geográfico de España: Orense y Pontevedra, Tomás López, ms. 7304 de la Biblioteca Nacional de España.

Destacamos el antiguo nacimiento del Avia en la Fuente Ovaria (Fonte dos Ovos en Coto Ovos). Nada más normal que un río que se llama como un ave nazca de un huevo.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Los Catalanes de Galicia y El viaje de invierno

Transcribo a continuación un texto manuscrito de finales del siglo XVIII sobre Muros y sus vecinos, y dejo a la interpretación de los expertos este curioso documento etnográfico.

"... todos son marineros y, según general, de los mejores de Europa. Tendrá actualmente en los Reales Bajeles [...] 200 hombres. Su navegación es la más numerosa y florida de las [...] de Galicia. De ordinario andan en ella y sólo disfrutan del descanso de sus casas y compañía de sus [...] como cosa de dos meses; preciso espacio para atender al reparo de sus bergantines y paquebotes, y también para hacer la cosecha de sardinas. Luego que está hecha ésta, pasan a beneficiarla en las embarcaciones propias de la villa a Vizcaya, Francia, Andalucía, Cataluña y aún a Canarias, como se verificó en este mismo año. Su producto lo emplean en géneros del país en donde la venden, con los cuales pagan a los cargadores que son de la misma villa, sin compañía de extraños, a cuyo viaje llaman el Primero o Viaje de Invierno. Ajustadas que son la cuentas a los otros cargadores, salen nuevamente a emplear por cuenta de los armadores de las embarcaciones, y juntamente de la tripulación y otros algunos del pueblo; y así andan lo más del año traficando de unos reinos a otros. Ellos traen a su tierra y llevan a otras de Galicia aquellos mismos géneros que fueron el indio de que usaron los catalanes para establecerse en los puertos, cuya ventaja no consiguieron en esta villa, en que ya no insisten sin hallar embarazo en confesar que los muradanos son más catalanes que ellos: que sean más que ellos no se disputa, pero lo que es innegable es que comunmente son llamados los Catalanes de Galicia. El que es pobre y tiene que vender la sardina en junio, la vende a los naturales porque no hay otros catalanes, y así todo el producto queda en la villa, lo que no sucede en los más de los puertos del Reino, en donde la cosecha de sardinas sólo hace ricos a los tales catalanes, mientras que los naturales gimen bajo el peso de una notoria miseria, por lo que ya casi no hay navegación propia sino que sea en esta villa" (Tomás López: Diccionario geográfico de España: La Coruña y Lugo,  folio 450, Biblioteca Nacional de España).

viernes, 17 de noviembre de 2017

Mapa de As Pontes de García Rodríguez 1776


Mapa de As Pontes de García Rodríguez en 1776, remitido por D. Alejandro de Bouza y Maseda, párroco, al geógrafo Tomás López para su Diccionario Geográfico. (C) Biblioteca Nacional de España, ms. 7297, folio 252.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El lago Ness de Doniños

La laguna de Doniños en Ferrol es uno de los casos mejor conocidos y estudiados dentro del folklore atlántico sobre las ciudades asolagadas. En ella, según la leyenda, se ubicaba la ciudad de Valverde antes de su inundación (J.J. Burgoa, As cidades asolagadas de Galicia, Revista de Investigación "Etnografía", nº 2, 2010 y V. Alonso Troncoso, "A carón do Camiño: as lendas de cidades asolagadas", 1997).

Con el testimonio que presentamos a continuación se convierte también en el primer caso gallego de laguna abisal (sin fondo), poblada por especies monstruosas como en el caso del lago Ness, motivo que pertenece asimismo al folklore celtoatlántico y entra de lleno en el campo de la criptozoología.

En esta línea cabe aducir la lucha del hiberniense San Columbano contra el monstruo del lago Ness, Nessie, y algún otro combate del mismo santo y su discípulo San Gallo contra otro monstruo abisal en Brigantium (quién sabe si en el Brigantium suizo o en el galaico): Charles Forbes, The Monks of the West, 1872, pg. 579.

"[Trasancos] tiene tres lagos de bastante magnitud, el primero y mayor es el de Doniños, en el que se pesca muchísima [por]ción de peces de extraordinario tamaño, como son m[úgiles] de a cincuenta libras, y algunos de más, barbos de diez [...] y anguilas disformes, algunas de peso de treinta libras. Para comerlas es necesario desollarlas, siendo en las [...] u ordinarias de dos y tres libras lo más sabroso el pellejo. Al lago en su centro no se le encuentra fondo. El segundo [es] el que está en la feligresía de su nombre (1), también abunda [de pes]ca aunque no de tanta magnitud como la del anterior y la mayor porción son múgiles. El de Marnela, que está en la feligresía de Pantín es el tercero, que sólo produce junco". Descripción remitida por el párroco de San Esteban de Sedes a Tomás López a finales del s. XVIII (Diccionario geográfico de España: La Coruña y Lugo, BNE, ms. 7297, pg. 499 del visor de documentos).

Leo en la Wikipedia, para hacerme una idea del peso normal del mújol, que algunos ejemplares excepcionales miden 1 metro y pueden llegar a pesar 2 kilos, por lo que los de la laguna de Doniños, de hasta 25 kilos, serían ejemplares realmente espeluznantes; por su parte, el mayor ejemplar descrito de anguila, también según la Wikipedia, tenía 1,33 metros y pesaba 6,6 kilos, frente a las de Doniños, que alcanzaban los 15 kilos y son calificadas por el párroco de Sedes de "disformes", es decir, de proporciones monstruosas. El Barbus Duniensis, en cambio, no es para tanto, pues aunque el peso en libras no se lee completo porque el escaneado de la BNE ha cortado parte del texto, quedaría dentro de los pesos máximos que pueden alcanzar los ejemplares mayores, unos 10 kilos.

Por otra parte, el fragmento también nos informa del antiguo nombre del lago de Marnela en Pantín, con lo que se demuestra la conjetura del profesor Porto Dapena, que apostaba por la hipótesis de Piel sobre el origen de este hidrónimo a partir del celta MARNE, "terreo pantanoso e anagadizo". Indicaba el profesor que "o nome de Marnela non correspondería á zona habitada onde se atopa a ermida de San Martiño, senón á parte anegada, a que hoxe é coñecida en Pantín baixo a denominación de A Fraga ou, raras veces O Pantano" (Diccionario toponímico do concello e ría de Cedeira, 2014).

Lamentablemente, aunque en Marnela también hay ciudad asolagada según el folklore (Lucerna), su laguna sólo produce juncos; carece de monstruos. Por ello nos quedamos de momento únicamente con el caso de Doniños como ejemplo galaico que presenta el motivo de la laguna abisal poblada por especies monstruosas propio del folklore celtoatlántico.

(1) Actual laguna de A Frouxeira, feligresía de Lago.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Na procura dos Normandiños

Todavía apurando mis últimos días de vacaciones fuera de temporada me ha dado por curiosear en los cartapacios de Tomás López, aquellos que juntó reuniendo la información geográfica y a veces histórica remitida por sus corresponsales desde todos los puntos de España con el objetivo de editar un diccionario geográfico. Están disponibles en la BNE digital para todo aquel que quiera dejarse la vista examinándolos.

Hojeando la parte sobre Allariz voy leyendo lo siguiente: "la sexta parte de un Castillo que está al norte de la villa dominando sus habitaciones y en donde vivían sus gobernadores. Fue plaza fuerte llave de Galicia, y en tiempo de los Normandinos y Comuneros fue atacado este castillo varias veces, y jamás tomado". A continuación sigue un poco y comienza la transcripción del Fuero de Allariz.


Ms. 7304, pg. 81 del visor de documentos. (C) Biblioteca Nacional de España.

Primero pensé que el corresponsal, cuyo nombre no logro identificar entre las cartas que acompañan a los envíos, había confundido a los Irmandiños con los Normandos y en consecuencia le habría salido esta especie de híbrido, Normandiño. Pronto rechacé esta explicación, primero porque Irmandiño es un término reciente (1) que no se usaba a finales del XVIII, así pues, el autor no podía manejarlo. Quiso decir exactamente lo que dijo. Y es en esta lectio difficilior, tan difícil que se nos atraganta, donde vemos claramente que se identifica a los comuneros gallegos de las revueltas con los normandos. Y esto merecería una explicación, pero me la ahorro ya que he visto que nuestro benquerido Manuel Gago ha avanzado todo lo posible explicando esta estrecha relación de colaboración en Na procura dos Lordomani (II): a alianza entre galegos e vikingos. Tras su trepidante exposición sólo me cabe asentir, y colocar una guinda en el pastel rescatando del olvido el palabro Normandiño.

(1) Según Singul los historiadores galleguistas de principios del siglo XX son los inventores del término, pues ellos tradujeron el anterior "hermandinos" al gallego "irmandiños". Por lo que expondremos, creo que hermandinos proviene, por etimología popular, de normandinos, contribuyendo a esta confusión el hecho de estar organizados en fratrías. No descartaría tampoco una falsa lectura de Normandinos como Hermandinos, por el parecido que en la escritura pueden tener la N y la H.

Petroglifos de Proendos en el Museo Provincial de Lugo




Creo que no es un hecho suficientemente divulgado que una parte de los petroglifos de Proendos (Sober, Lugo) se encuentra expuesta en el claustro del Museo Arqueolóxico Provincial. Se trata de una tampa de sartego procedente de la necrópolis hallada en el castro de Proendos. Muestra varios petroglifos de coviñas rodeadas por círculos concéntricos y presentan la particularidad de estar realizados sobre pizarra. Su interesante aparición en contexto funerario tal vez sea intencionada, como sucede por ejemplo en Irlanda, donde las grafías propias de los petroglifos del grupo hiberno-galaico han inspirado la decoración de las sepulturas megalíticas, según demostró Susan Ann Johnston en su tesis doctoral Prehistoric Irish petroglyphs: Their analysis and interpretation in anthropological context, 1989.

El espejo en la Torre de Hércules (2)

Siguiendo con la posibilidad ya expuesta en El espejo en la Torre de Hércules de la existencia de un espejo metálico (perteneciente a un antiguo telescopio) en el faro romano de A Coruña, refrendada por diversas leyendas y tradiciones que refieren la capacidad de ver a través de él a grandes distancias, transcribimos a continuación un fragmento de la descripción de la ciudad de A Coruña del capellán de San Esteban de Abella D. Pedro Antonio de Mendoza y Ozores. La descripción completa de la ciudad se encuentra en el legajo que conforma el Diccionario Geográfico de Tomás López, cartapacio referido a las provincias de Ourense y Pontevedra (ms. 7304 de la Biblioteca Nacional de España). Estas notas fueron remitidas al geógrafo por el capellán Mendoza en el año de 1778, y en ellas se narra un completo viaje por varias ciudades de Galicia que presumiblemente el párroco llevó a cabo varios años antes. La descripción, por tanto, es anterior a la época en que se restauró la Torre de Hércules.

"... voy dando vuelta a la izquierda y tiro al Orzán, donde vi un brazo de mar. Y allí para con unas ondas furiosas en donde no entran embarcaciones por haber muchas peñas. A la punta de este mar bravo está una torre de cal y canto hecha, llamada Torre de Ércules, hecha por el mismo Ércules (según dicen). Arriba hay un farol que de noche guía las embarcaciones para por la otra banda de un brazo de mar se entren en la Coruña tirando a la Calle Real como abajo diré. De lo alto de esta torre hay un espejo que mirando a la mar se ven los navíos que pasan al Ferrol y a la Graña, y en este espejo advierto una: cuando la mar está sin nieblas se ve Inglaterra, hombres y mujeres que vienen a la playa. También alcanza ver Francia".

El nivel de detalle del resto de su recorrido y giros a derecha e izquierda por la ciudad es tal, que no dudo de que haya visto el espejo, e incluso mirado a través de él para ver los barcos entrando en la ría de Ferrol. Nos habla por ejemplo de su entrada a la Ciudad Vieja por la puerta "de Ayres", de la Colegiata de Santa María del Campo, de los molinos de viento que molían en una gran máquina la harina, de la plaza "da Fariña", y del lugar donde se situaba la horca.

sábado, 11 de noviembre de 2017

La pesca del salmón y el reo en el Eume en el siglo XVIII

He escuchado en varias ocasiones que el encoro de la hidroeléctrica del Eume ha acabado con el salmón en este río, pues los peces no pueden remontar la gigantesca represa para llegar a sus zonas de desove.

A esta explicación opondremos dos testimonios. En primer lugar el de mi abuelo, Eduardo de la Peña López de Neira, que fue un experto pescador de río, inspector de cotos de pesca y autor de un detallado estudio sobre los ríos salmoneros de España: "Indicaciones prácticas para la pesca deportiva en nuestros principales ríos salmoneros" (El salmón y su pesca en España, Madrid, 1945, Dirección General de Turismo). En su estudio se analizan pormenorizadamente los ríos salmoneros de España a un nivel de detalle microscópico, identificando por sus nombres los pozos salmoneros de cada río, tanto en el texto como en mapas desplegables hechos de su puño y letra en donde se recoge la exacta ubicación de los pozos de cada río, del Miño al Bidasoa.

Concretamente, en lo que al Eume se refiere dice que "la parte comprendida entre su desembocadura y la central eléctrica de la Ventureira, es la verdadera zona salmonera, habiendo en dicho tramo más de veinte pozos, de primera y segunda categoría, mereciendo destacarse como muy importantes los de Redondo, Ceboleira y la Ventureira, siendo el recorrido comprendido entre este último pozo y el de Benito, el trozo de río que guarda la casi totalidad de los salmones, o sea la zona más importante".


Demarcación de las zonas salmoneras y de pesca de reo en el Eume hacia 1945. Se identifican los pozos salmoneros por su número hasta llegar a la vieja central eléctrica de A Ventureira: 1. La Pedra, 2. La Hortiña, 3. Loureiro, 4. Escañotas, 5. O Caneiro, 6. Josende, 7. Calgrande, 8. Pozo das Vacas, 9. Ferrerías, 10. Don Domingo, 11. Benito, 12. Penedo do Corvo, 13. Fornelos, 14. Figueira, 15. Redondo, 16. Chao de Redondo, 17. Convento, 18. Santa Cristina, 19. Ceboleira, 20. As Forcadas, 21. El Parrote, 22. Ventureira (Eduardo de la Peña, "Indicaciones prácticas para la pesca deportiva...", 1945)

Por su testimonio sabemos que antes de la construcción del encoro en 1960, la zona salmonera del Eume estaba ya limitada, llegando sólo hasta la vieja central eléctrica de A Ventureira situada a escasos metros del encoro actual. Y esto era así por una razón natural que no tiene nada que ver, en el caso eumés, con represas e hidroeléctricas.

"El río Eume abunda de truchas y reos, que en el reinado del amabilísimo Carlos III principiaron a verse en la mesa real. También abunda de salmones, que en el mes de agosto aún son tan buenos como los del Miño en su mejor sazón, que es de enero a últimos de mayo. Harálo en el Eume la altura del Polo, y el modo de herir el sol según la posición del terreno. Tanto los reos como los salmones no corren todo el Eume pues no pasan de la Vitoreira, piedra situada en medio del Eume en la parroquia de S. Pedro de Eume, la cual les impide el subir; y de allí arriba sólo tiene truchas. El Prior de la Colegiata de Cabeiro como señor territorial tiene derecho exclusivo de pescar desde el puente de Puentedeume hasta la Vitureira; y sólo al Conde de Lemos se le tolera pescar promiscuamente con el Prior en pozo inmediato a Puentedeume" (pg. 167 del Diccionario Geográfico de España: La Coruña y Lugo, de Tomás López, ms. de la Biblioteca Nacional, siglo XVIII).


"Si haces una mosca perfecta, piensa que hay muchos maestros que montan mejor que tú", máxima del padre de mi abuelo acompañada de firma en forma de nudo de empate. Cuaderno de campo de Eduardo de la Peña Ibáñez.
(C) Dolores González de la Peña. Todos los derechos reservados.

viernes, 10 de noviembre de 2017

El Callejón de Estantigas y el teatro romano de Lugo

A los gallegos siempre nos han provocado temor las estantigas, término que relacionamos con estatuas; las imaginamos como si fuesen ánimas petrificadas, por lo que nos infunden, como es lógico, un miedo supersticioso. Evidentemente la identificación estantiga - estatua sucede y funciona a nivel popular, ya que la gente desconoce en general que el origen de la palabra, según se cree, proviene de la frase latina hostem antiquam, "hueste antigua, demonio". La frecuente identificación y conexión etimológica popular entre la estantiga y la estatua de un difunto ha sido estudiada por Carolina Michäelis y Constantino Cabal, y notada ya por el Padre Sarmiento. Resulta tan extendida la creencia de que la estatua y la estantiga son representaciones del difunto que aquí me atrevo a corregir la etimología de estantiga proponiendo statua antiqua, que por haplología o reducción de sílabas semejantes y contiguas evolucionaría a estantiga.


Por ello no debe extrañarnos que en una ciudad de origen romano como Lugo, en donde asoman restos de aquella época donde quiera que se mire, además de su famosa muralla, nos encontremos en pleno casco antiguo con el microtopónimo Callejón de Estantiguas (mejor Estantigas o Estántigas) en el mapa de Lugo de Francisco Coello 1864 (C) Fondos cartográficos del Instituto Geográfico Nacional de España. Es el actual Carril das Estantigas. Suponemos, sin arriesgar gran cosa, que el microtopónimo que nombraba el callejón semicircular vendría motivado por discurrir por la gradería del teatro romano, desde donde serían visibles los restos de la escena que todavía conservaría en pie algunas de las estatuas antiguas que la habían adornado, y que serían consideradas, según nuestra costumbre, como estantigas, es decir, apariciones de difuntos petrificados entre la niebla y el orballo. De igual forma interpreto el microtopónimo lucense Corredoira da Vella da Manta, de cuya existencia da cuenta el blog A vella da manta; considero que ha de referirse a una estatua togada de una mujer, vista la toga como una manta.

Existe otra propuesta: Carlos Vázquez García en su tesis doctoral Toponimia do Concello de Lugo, de 2014, trata el microtopónimo Estantigas a partir de la etimología hoste antiqua, "Santa Compaña", y llega a la conclusión de que "a motivación do nome da rúa tería que ver coa existencia dun lugar de cremación, posiblemente xa da época imperial romana, nas súas inmediacións a xulgar polo achádego de urnas cerámicas no seu contorno".

En Italia, por ejemplo, el microtopónimo Buche delle Fate (Subterráneo de las Hadas) era el nombre popular de los vestigios de la cavea del teatro romano de Fiesole antes de su descubrimiento; la Piazza dei Satiri albergaba en Roma los cimientos del teatro de Pompeyo, y Grotta Pinta nombraba probablemente un subterráneo del mismo. Por otra parte, el topónimo Areine en Francia suele anunciar o estar asociado a la existencia de circos romanos. En España es conocido el nombre popular que recibían los restos visibles de la cavea del teatro de  Mérida antes de su excavación, las Siete Sillas. Y hablando de asientos, habría que estudiar esos "Asientos" que figuran en el plano de Coello en el lateral de la Plaza Mayor, por si se confirma la hipótesis de Rodríguez Colmenero (1), y de Sánchez Montaña, que suponen la ubicación del teatro en dicho lugar, en cuyo caso, tendría que reformular la mía adaptándola a los vestigios arqueológicos y al antiguo trazado urbano (que conserva indicios de un edificio de espectáculos). Los asientos bien podrían haber sido las "gradas hechas de cemento y pizarra" de las que nos habla Balsa de la Vega (Catálogo Monumental de la Provincia de Lugo, 1911, pg. 42).

Aspecto que pudo haber tenido el Callejón de las Estantigas en la época en que se le dio el nombre, visibles todavía las ruinas de las gradas y la escena del teatro. (C) Dolores González de la Peña.

Máscara teatral romana encontrada en Lugo. Museo de Porta Miñá. (C) Dolores González de la Peña.

Y no, no se agota aquí la relación de la toponomástica urbana lucense con la existencia de relieves y estatuas romanas por su calles; es muy probable que el nombre de la Rúa do Falcón, que parte de la zona de la muralla donde está la Porta de Santiago, estuviese inspirado por la existencia de una escultura con un águila como la que se muestra en el Museo Arqueolóxico Provincial, localizada en la muralla de la ciudad.


El plano de Coello depara alguna sorpresa más: indica por ejemplo el trazado del acueducto que recogía el agua del Castiñeiro. El hidrónimo Castaño, a veces confundido con el sustantivo gallego castiñeiro (árbol), ya fue analizado en otra ocasión en este blog, explicándolo como proveniente del latín caput stagnum, tecnicismo latino que designaba el estanque de alimentación de los aqueductos romanos (El engañoso topónimo Castaño).

Patio porticado de una ínsula romana en la zona de la muralla próxima a la Puerta Miñá.
(C) Dolores González de la Peña.

Respecto al microtopónimo lucense Porta Miñá, además de la evidente orientación de la misma hacia el río Miño, cuyo nombre podría haber motivado el de la puerta, podemos aventurar otra posibilidad, a propósito de la reciente excavación de una fuente romana junto a dicha puerta: el étimo latino fluminiana, un derivado de flumen, "río". En otros casos constatados fluminiana ha dado origen a topónimos del tipo Fonmiñá, que se interpretan como derivados de fon < fonte (Fonte Miñá). Entendido como nombre propio de la fuente, Miñá habría acabado nombrando también la puerta aneja. También es cierto que el nombre de Flaminiana, una de las puertas de la muralla de Roma, pudo haberse trasladado a Lucus Augusti y haber experimentado la misma evolución que acabamos de exponer para fluminiana a partir de una temprana modificación: Flaminiana --> Fluminiana --> Fonmiñá, por etimología popular.

Otro interesante microtopónimo lucense del plano de Coello es el del Carril da Ramella. Podemos enlazarlo con el latín ramalia, "follaje, boscaje", un derivado de rama, y justificarlo por haber discurrido a través de una zona ajardinada de uso público, o que albergaba restos murales con pinturas de flores y ramaje pertenecientes, tal vez, a algún edificio público.

Mosaico de Neptuno, Batitales, Museo Provincial de Lugo. (C) Dolores González de la Peña.

El nombre de la calle de Batitales, que también existe en Mondoñedo, y del que creo que por ahora no se ha ofrecido etimología alguna, en mi opinión haría referencia al suelo batido de los mosaicos que allí aparecieron formando el patio de una domus, y sería un término de origen itálico: "battuto = pavimentum, seu solum loci operti, terracio, luogo mattonato, scoperto" (Du Cange, sub battuere5). En cualquier caso, Batitales deriva del participio del verbo latino battuere o del verbo battere en cualquiera de sus acepciones (batir, tundir, golpear, aplaudir, etc.) más el sufijo abundancial -al en su forma plural. Un estudio detenido del contexto acabará demostrando si el microtopónimo Batitales guarda recuerdo de los suelos batidos de mosaicos, o quien sabe si de los golpes de los combates de los gladiadores (cfr. el sinónimo battuatores = gladiadores, battuatus = militar, de donde puede inferirse un *battital, "campo de combates") o de los ruidosos aplausos del público, o de algo más prosaico como una concentración urbana de ruidosas fábricas (herrerías, etc.).

Finalmente, concluyo este repaso a la toponomástica romana de la ciudad de Lugo con un pequeño comentario sobre el nombre que recibía su muralla en la Edad Media en un documento del siglo XII. En él se trata de la venta de una casa situada en la muralla y junto a la calle que iba de la Porta Miñá a la Toldá atravesando el Campo y el Foro de la ciudad: "domum [...] in Palex iusta viam qua itur a porta Mineana ad Toletanam in medio Campi et Fori civitatis". Para Rodríguez Colmenero palex haría referencia a una empalizada situada en medio de la ciudad y que, tal vez, cerraba el Foro; junto a ella se situaría la casa en cuestión. Sin embargo, a partir de mi traducción se comprueba que la casa no estaba en medio de la ciudad, sino pegada a la muralla (palex), tal y como estaban tantas viviendas de Lugo hasta hace bien poco que se empezó a despejar el área. Lo que discurría por el medio de la ciudad era la calle que comunicaba ambas puertas y, a su vez, separaba el Campo del Foro. Resulta muy interesante la designación de la muralla como palex, "empalizada de madera"; probaría que el origen de Lugo fue un campamento romano cercado de vallum con empalizada de madera sustituida posteriormente, en el siglo III, por la muralla de piedra. La pervivencia de la denominación, a pesar del cambio de los materiales constructivos, sería una muestra más de la fuerte permanencia de los topónimos.

De sus defensas quedan más vestigios en la microtoponimia de la ciudad: el nombre correcto de otra de las puertas de Lugo, la Porta Toldá, no tiene nada que ver con la ciudad de Toledo, sino con el topónimo Tolda que habíamos comentado ya en el blog como proveniente del latín tutulus, "arx, fortificación, defensa". Es muy significativo que en sus inmediaciones haya aparecido un ara a la diosa Tutela. El derivado Tutelana, "de la fortificación" > Toldá, que por falsa etimología se latiniza como Toletana. Dice Colmenero que "Tutela viene a significar protección, defensa, custodia, conceptos todos relacionados con las funciones que un circuito defensivo puede poseer" (2).

Bibliografía citada:

(1) Rodríguez Colmenero, 2010: Lucus Augusti y los orígenes del urbanismo romano en el noroeste hispánico.
(2) Rodríguez Colmenero, 2011: Lucus Augusti: la ciudad romano-germánica del finisterre ibérico.

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domingo, 29 de octubre de 2017

Una Black Irish en Moville, Inishowen

En nuestras últimas correrías de este verano por el Ulster seguimos la estela de naufragios de la Armada Invencible por el libro de David Revelles, En los confines de Hibernia: Tras la leyenda de la Armada Invencible en Irlanda.

Una de estas excursiones partió de la playa de Kinnagoe Bay, donde comimos un sandwich de mature cheddar contemplando las heladas aguas del Mar del Norte un tanto pensativos, tal vez por las ominosas presencias de los náufragos de la Trinidad Valencera, muchos de los cuales perecieron en aquella misma costa, ahogados o congelados, pues los irlandeses despojaron de sus ropas a los supervivientes como parte del botín del naufragio.

Playa de Kinnagoe Bay, donde naufragó la Trinidad Valencera.
(C) Dolores González de la Peña

Algo más animados, y ya caminando por Moville hacia el cementerio de Cooley sin un objetivo claramente relacionado con el histórico desastre naval, nos encontramos con una paisana que llevaba una bolsa de apetitosos scones de pasas, a los que no nos invitó. Todavía lo recuerdo con pesar, motivado por el escueto sandwich. Entablamos conversación con ella a propósito de la distancia del cementerio, y pronto averiguó que éramos españoles, momento a partir del cual su mirada comenzó a detenerse en mí con un no sé qué de misterio, pero sin recelar de mis intenciones hacia sus scones. Al cabo de un rato nos confesó su secreto: en su familia había gente de pelo y ojos oscuros (me miró de nuevo como señalándome), y según creían eran descendientes de los náufragos españoles de la Spanish Armada que se había hundido en sus costas. Tal vez la explicación sea reelaboración que actualiza, a través de un suceso moderno, la antigua tradición de la llegada de los Míl Espaíne, los ancestros de los irlandeses llegados de Galicia.

Esto explicaba las miradas previas hacia mi persona, pues debía de encarnar en el imaginario irlandés el prototipo de gipsy española a punto de sacar la bola de cristal de la mochila para improvisar una lectura del futuro. De pronto me sentí como Cuéllar en el crannog de los MacClancy 400 años antes, también identificado con un gitano español y perseguido por ello por los nativos que querían que les dijese la buenaventura leyéndoles la palma de la mano.

Cruz en el cementerio de Cooley, Moville. (C) Dolores González de la Peña.

Muy emocionados por este encuentro con una auténtica descendiente de los Black Irish, o tal vez de los Hijos de Míl, llegamos al cementerio de Cooley, donde mi amiga Susana descubrió en una lápida colectiva del primer sector entrando a la derecha el nombre de Marino, ¿o tal vez Mariño? Lamentablemente, con la emoción nadie se acordó de fotografiarla. A todos nos pareció muy posible que el nombre del difunto, Marino o Mariño, fallecido unas cinco generaciones después del naufragio de la Trinidad Valencera, fuese un nombre familiar originado por el hecho de ser su ancestro el primer Black Irish: un marino náufrago de la Spanish Armada.

Sitio del hundimiento de los barcos españoles donde viajaba Francisco de Cuéllar. Es otro punto de la costa irlandesa, al norte de Sligo. Concretamente se señala la isla de Inishmurray (Ennis Murrg), así como el crannog de los MacClancy, una islita en medio de un lago, posiblemente el lago Melvin (mapa de Irlanda c. 1589 tomado del estudio de J.J. McDermott: Rosclogher Castle: a Gaelic lordship center on Lough Melvin, County Leitrim).

También seguimos de cerca la pista del capitán Cuéllar, otro supuesto ancestro de los Black Irish. El relato autobiográfico de sus aventuras en Irlanda resulta extraordinario y de un alto valor etnográfico. En particular sobresale por lo épico la defensa del crannog de los MacClancy que sostuvo con ocho supervivientes más del naufragio haciendo frente a una guarnición inglesa, a la que derrotaron solos mientras los habitantes de la islita se refugiaban en los montes. A pesar de la hipótesis de J.J. McDermott, que sitúa la acción en Rosclogher, nosotros pensamos que fue en el crannog de Inis Caoin (Inishkeen), antigua residencia del clan. En el extremo Este del lago se localiza el lugar de Garrison, evidentemente el puesto de donde salió o donde acampó la guarnición inglesa que sitió a los españoles.


O Sarridal, Cedeira

Con motivo de la presentación, el pasado viernes, del documental que muestra los resultados de las catas arqueológicas en el castro de la Punta do Sarridal, promovidas por el Concello de Cedeira y dirigidas por el arqueólogo Emilio Ramil, tuve la oportunidad de acercarme hasta el yacimiento costero con mi buen amigo Pancho Gallego. Allí se puede contemplar una de las más impresionantes vistas de los acantilados de la costa gallega.


(C) Alberto García Roldán, Galicia pueblo a pueblo.

Los elementos defensivos del castro, como el primer foso y sus parapetos, se perciben a simple vista y todavía algunos vecinos recuerdan de primera mano haber visto restos de la muralla y del concheiro en el exterior del recinto, o incluso refugiarse en alguna de las viviendas semiderruidas del interior. Pancho me informó de una peculiaridad del sitio, me dijo que parte del recinto fue aprovechada por los vecinos para plantar huertas; concretamente en el foso y a la entrada todavía quedan varios frutales como testigos de esta actividad.


Respecto al topónimo Sarridal, se me ocurrió in situ relacionarlo etimológicamente con el sustantivo sarro, posibilidad que luego contrasté en el Diccionario toponímico do Concello e Ría de Cedeira, del profesor Porto Dapena. Efectivamente nuestro admirado profesor explica que el topónimo Sarridal podría entenderse como un abundancial de sarrio (sarro), término tal vez emparentado, según Corominas, con el vasco sarra, "escoria", siendo así un sinónimo de escouredo o escoural, "terreo ermo e improdutivo pola abundancia de pedras e outros materiais de escoura". No obstante, el profesor Porto Dapena rechaza finalmente esta hipótesis porque implica una visión agrícola del terreno, y el uso agrícola no se produce en puntos costeros como el que nos ocupa. El étimo que más se ajustaría en su opinión sería serra, por el perfil recortado de los acantilados.

A pesar de ello, de los datos aportados por Pancho Gallego en nuestra visita y por los vecinos de Cedeira durante la presentación del documental se desprende que en el yacimiento castreño de Punta do Sarridal eran abundantísimas y visibles las moreas de piedras (restos de los muros de las viviendas y la muralla), lo que cuadra con una interpretación del sitio como sarridal en el sentido de escoural que defendía el profesor Porto Dapena. Sobre todo, si tenemos en cuenta que fue hasta hace poco un terreno sujeto a aprovechamiento agrícola, como indica Pancho, se completa la hipótesis inicial del profesor Porto Dapena y podemos concluir que el topónimo hacía referencia a la abundancia de piedras y cascallo que dificultaba el cultivo.

Pero en relación con las actividades antrópicas ejecutadas en el sitio del Sarridal (construcción del castro, excavaciones para cimentaciones y fosos, posterior cultivo) se me ocurre otro étimo válido, el participio latino sarritum / sartum, del verbo sarrio, "roturar, cavar, labrar, cultivar", más el sufijo abundancial -al. En este sentido el topónimo Sarridal haría referencia a los abundantes restos de construcciones semisubterráneas o excavaciones, o bien, en un momento posterior, a las mútiples parcelas roturadas para cultivarlas. Así, Sarridal podría estar emparentado con los nombres de lugar Enxerto, Enxertada, Enxertal, Enxertiño (Galicia), Isserteaux, Essarts (Francia), provenientes del latín exsartum = ex + sarritum, "desbrozado".

sábado, 21 de octubre de 2017

El baño de las ánimas y el sitio del Purgatorio

Santa Mariña de Aguas Santas padeció martirio en la sauna castreña de Armeá y de ahí pasó directamente al Cielo, mientras que Santa Catalina de Siena solía tomar las aguas caldas de Bagno Vignoni aproximándose mucho al chorro para escaldarse y experimentar así los tormentos del Infierno. Y cuando Germano, obispo de Capua, fue a la casa de baños llamada Sudatoria, en Pozzuoli (Stufe di San Germano, Agnano) se encontró con el fantasma de San Pascasio purgando sus pecados entre los vapores.


Cualquiera diría que esta ilustración representa el Purgatorio, con el baño de las almas en agua hirviendo y dos oscuros demonios avivando el fuego infernal manejando sendos fuelles. En realidad la miniatura ilustra un baño termal sulfuroso de Pozzuoli en la obra De balneis Puteolanis de Petri de Ebulo (s. XI), copia del siglo XIV en la Biblioteca Nacional de Francia: Carmen Elegiacum de Balneis Puteolanis.

La miniatura precedente es asombrosamente parecida a la representación del Purgatorio en las pinturas del templo de Labrada (Guitiriz).


Purgatorio de Labrada. (C) Dolores González de la Peña

El tema clásico y pagano que conecta el nacimiento de los manantiales termales salutíferos y lustrales con el inframundo o la entrada del Hades, el Averno, ha sido transferido al cristianismo como Purgatorio, la antesala del Infierno. Pero en la transferencia se conservan todos los elementos originales: la topografía del territorio mítico, los procedimientos (el baño en aguas caldas, en aguas frigidísimas, en sulfurosas, etc.) y el objetivo de adquirir la salus, la curación o salvación.

Dice el proemio de la obrita de De Ebulo dedicada a las aguas termales, que de estas aguas hirvientes del río infernal Flegetonte, en las que son castigados los difuntos, de estos tormentos, proviene la salus, salvación o curación. Es un fragmento importantísimo que convendría analizar en detalle pues arroja luz sobre la ubicación en los nacientes termales del sitio del Purgatorio. De él se desprende el origen del Purgatorio cristiano a partir de un tema pagano muy anterior, presente no sólo en el mundo clásico (Eneida, topografía fluvial del Infierno en I. VI) sino también, probablemente, en otras culturas que practicaron el baño lustral y purificador. De aquí saltamos, entonces, al mundo celto-atlántico en donde retomamos el martirio de Santa Mariña en la sauna castreña de Armeá; también para Eileen Gardiner el lugar del Purgatorio de San Patricio en Irlanda, una cueva que conectaba con el Infierno, no sería otro que una de las numerosas saunas o sweat houses que existen en el condado de Donegal ("Hell, Purgatory and Heaven").


Sauna o sweat house en Cavan Burren Park. (C) Dolores González de la Peña.


El primer testimonio gallego de la utilización de las caldas como Purgatorio data del año 996: en el leemos que un matrimonio de Lugo fue condenado a purgar el hurto que cometieron en casa de un presbítero, en el río Miño "ad illas Caldas" (mss/18387 de la BNE, f. 239 v.), es decir, en los baños romanos de Lugo. Se trata, por lo que parece, de una variante de la pena caldaria (1).

(1) Mito, rito e memoria do balneario de Lugo, de A. Reigosa.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Sepulcro del Conde Santo, Lourenzá

El sepulcro del Conde Santo, Osorio Gutiérrez (siglo X), que se conserva en el Museo de Arte Sacro de Vilanova de Lourenzá, es un excepcional sarcófago tardorromano del siglo V decorado con motivos en SSS. Estamos ante la reutilización de una pieza de factura local, o tal vez importada del sur de Francia, donde era más abundante este tipo de motivos funerarios denominados desde la antigüedad strigiles, según se cree, por su parecido con el útil de higiene personal que, a modo de rascador, se empleaba tras el  baño para restregar la piel, arrastrar la suciedad y el sudor, y eliminar el vello corporal.

De esta forma, podría parecer que el nombre que recibe el tipo de sarcófago con strigiles se debe únicamente a la similitud formal entre las SSS y el implemento higiénico, sin que haya habido intención de representar realmente una decoración a base de rascadores cutáneos. Pero ya adelantamos aquí que sí la hubo, y que lo que se representa son strigiles auténticos, por lo que huelgan otras interpretaciones de estas ondas sinuosas como meramente decorativas, o como representaciones del agua (Elizabeth L. Fischer: "Streams of Living Water. The Strigil Motif on Late Antique Sarcophagi Reused in Medieval Southern France").

Sarcófago con strigiles del Conde Santo, Vilanova de Lourenzá (Lugo).
(C) Real Academia Gallega de Bellas Artes

Plinio en su Historia Natural apuntó que en las piedras de los sarcófagos se representaba el calzado, la vestimenta, el espejo y el estrígil del difunto (1), y esta costumbre está reflejada en la antigüedad prerromana en las estelas del suroeste peninsular, en las que se grababa el ajuar funerario del difunto con su espejo, y se depositaban objetos de pizarra similares a los estrígiles en el interior de los dólmenes (conocidos como "báculos"). Asimismo, el ortostato de cabecera del dolmen de la Table des Marchands podría ser un precedente de la decoración funeraria romana a base de strigiles.

Como veremos más adelante (El baño de las ánimas y el sitio del Purgatorio), para preparar el viaje al Otro Mundo había que lavarse bien, en cuerpo y alma; y nada mejor que el rascador cutáneo para simbolizar la limpieza del difunto, su estado de santidad.

Ortostato de cabecera de la Table des Marchands en Locqmariaquer, Bretaña.
(C) Andregoto Galíndez, 2008.

(1) Mucianus specula quoque et strigiles et vestes et calciamenta inlata mortuis lapidea fieri auctor est.

martes, 26 de septiembre de 2017

Mujeres libidinosas y serpientes

En el arte románico es muy conocida la figuración del pecado de la lujuria en su vertiente femenina; consiste en la representación de una mujer con los senos desnudos que son aparentemente atacados o mordidos por serpientes o algún otro tipo de reptil o batracio, como por ejemplo sapos. Todos los estudios, tanto extranjeros como españoles (la reciente tesis doctoral de F. Vila-Belda Martí, el estudio iconográfico de M. Poza Yagüe, o el de Nodar, etc.), coinciden en señalar lo que parece evidente, que este tropos muestra el castigo infernal que se le depara a la mujer lúbrica, infrigido mediante la mordedura de los reptiles en su cuerpo, concretamente en la zona más erógena del cuerpo femenino en la antigüedad, el pecho.

Los investigadores, asimismo, parecen estar de acuerdo en que el origen del tema de las serpientes mordiendo los senos de las pecadoras lujuriosas se remonta al tema clásico de la Tellus romana, la diosa Tierra que amamanta a sus criaturas. El icono clásico se habría contaminado con la ideología profundamente misógina del cristianismo medieval produciéndose un error interpretativo del amamantamiento / succión como mordedura / castigo, a partir de la consideración de la serpiente como símbolo del mal, y de la concupiscencia femenina como inmunda o repugnante, por tanto merecedora de semejante suplicio infernal.

Estas conclusiones son discutibles, principalmente porque el tema, tanto en su aspecto formal como significativo, no estaría completo sin una importante contribución de la mitología gallega conservada en su folklore y estudiada por Criado Boado en "Serpientes gallegas: madres contra rameras". Es el motivo de la serpiente que mama, que en el folklore gallego es, como demuestra el autor, "una metáfora del orgasmo femenino producido por la manipulación de los pechos de la mujer". Resumiendo la leyenda de nuestro folklore: la serpe que mama succiona la ubre de la vaca o la teta de la mujer con tanta suavidad, y le produce tal goce, que la hembra diferencia muy bien cuándo lo hace su cría y cuándo el reptil, por eso una vez probado el goce sensual no querrá volver a amamantar a su cría, pudiendo llegar a enloquecer si la serpiente no le dispensa más placer sexual.


La Lujuria femenina en un capitel de la girola de la Catedral de Santiago. (C) Josercid

Según vemos en esta leyenda muy difundida por toda Galicia, esa serpiente que mama, que es la misma que encontramos en las representaciones del románico (1), no muerde ni ataca el pecho femenino, no supone un castigo para la pecadora libidinosa, sino que simboliza en su actividad succionadora el mecanismo que desencadena el placer sexual de la mujer, el orgasmo. Tenemos quizá la utilización del reptil como representación de un instinto primario, de una sensación animal. Y es probable, por lo tanto, que la mujer en general desmelenada y desnuda, con gestos interpretados por los expertos en iconografía como de agonía y dolor por las mordeduras, que aparece en los relieves románicos, sea más bien una mujer en pleno éxtasis sexual plasmado de forma grotesca para mover a la repugnancia. El objetivo era igualmente inhibir la sexualidad femenina, y para ello se la contraponía a la función maternal, formulando falazmente una elección con dos elementos que realmente no se oponían pero se presentaban como incompatibles.


La Lujuria masculina en un capitel de la ermita de Nosa Señora da Mercede, Chanteiro.
(C) Dolores González de la Peña


(1) Tal y como había notado ya M. Tenreiro Bermúdez en A lenda melusínica no folklore galego: Apuntamentos sobre o culto e o popular, pg. 273, n. 38 (De culturas, lenguas y tradiciones, II Simposio de Estudios Humanísticos, Ferrol, 2006).

domingo, 24 de septiembre de 2017

Altar rupestre en la ermita de Nosa Señora da Mercede de Chanteiro

Ayer nos acercamos a la ermita de A Mercede de Chanteiro aprovechando que estaría abierta para los preparativos de las fiestas, que se celebraban hoy. El objetivo era descubrir cualquier indicio de fundación del templo románico sobre un lugar de culto precristiano, y esta intuición venía motivada principalmente por la ubicación del templo en la costa de uno de los promontorios que flanquea la entrada del antiguo Puerto de los Ártabros.


En el interior de la ermita, tras el altar, y en la esquina del fondo a la derecha, asoma la roca madre integrada en la construcción, con sus formas sinuosas. En la roca granítica destacan dos focus de ofrendas, uno cuadrangular y otro cilíndrico; evidente manifestación del culto pagano a las piedras del que hablaba el Dumiense en su obra De Correctione Rusticorum.


viernes, 22 de septiembre de 2017

Cristimil y Estremil

El primero de estos topónimos, el actual Cristimil de Rodeiro (Pontevedra) se documenta como Uestrimiri (año 1153). Considerado un nomen posesoris, encaja sin embargo con la estructura de algunos topónimos germanos que nombran los límites territoriales, basados en el sustantivo mere, "boundary", a partir de los puntos cardinales (English Place-Name Elements Related to Boundaries, Boel Jepson, 2011). Uestrimir > Cristimil sería el equivalente suevo del topónimo Westmere que encontramos en Inglaterra y que denota el límite oeste de un territorio. Según Jepson los elementos previos que se usaron para establecer los límites fueron, por ejemplo, las calzadas romanas, alineamientos de menhires, o túmulos funerarios, así como elementos naturales.

Siguiendo esta propuesta, Estremil o Estramil indicaría el límite oriental (cfr. Eastmer en el trabajo citado de Jepson, pg 45, n. 45), y así sucesivamente hasta sus últimas consecuencias si procediésemos a una revisión completa de la toponimia germana aparentemente basada en los nomina possessoris. Cabe destacar que el Porto de Estremil (documentado como Ystrimir en 1177) era límite entre Aranga y Labrada, y entre las provincias de A Coruña y Lugo desde la Edad Media.

domingo, 17 de septiembre de 2017

San Columbano en Brigantium

Cuenta Jonas de Bobbio en su Vita Columbani (643), escrita usando fuentes indirectas tras la muerte de San Columbano en Bobbio en el año 615, la llegada del santo hiberniense a Brigantium en el año 612, donde vivió tres años. Los santos Columbano y Gallo navegaron hasta la costa de Brigantium donde encontraron una antigua fortaleza en estado ruinoso, en su vecindad había asentadas naciones de suevos que rendían culto a Odín y se preparaban a sacrificarle una enorme cuba que contenía 26 modios de cerveza. Por supuesto los suevos hablaban Antiguo Alemán y Columbano tuvo que recurrir a su intérprete Gallo para comunicarse durante su estancia. El milagro de la cuba de cerveza consistió en que el santo sopló sobre ella y se deshizo en pedazos, vertiéndose el contenido.

La narración de esta interesante historia y otras aventuras brigantinas se conserva en el manuscrito de la Vita Columbani (códice Sangallense 553) pero no transcurre en la Galicia sueva a pesar de las evidentísimas coincidencias (topónimo Suevos junto a A Coruña - Brigantium), sino en el lago Constanza suizo, concretamente en Bregenz (Brigantium). Para ello, y de forma a mi juicio bastante inverosímil e incómoda, la navegación de los santos irlandeses se lleva por el Rin hasta Suiza en lo que podría ser un intento de resituar el Brigantium galaico, desconocido por los hagiógrafos de Bobbio, en el ámbito alpino con el que estaban más familiarizados. Una pista de que el periplo de los dos irlandeses pudo haber sido otro más de los contactos entre Hibernia y Gallaecia, una visita al Brigantium galaico en época sueva, nos la proporciona una glosa a una obra de Ekkehard IV de Saint-Gall que transcribe los textos que ilustraban el claustro del Monasterio Sangallense en el siglo X: "tria maria sunt inter Hiberniam et Galletiae continentiam" = hay tres mares entre Hibernia y la tierra firme de Gallaecia (Ad picturas claustri Sancti Galli). Suponemos que, de haber pintura, ésta mostraría el periplo marino de San Gallo y Columbano hasta Gallaecia. 

La historia, aún dejándola en su sitio, en Suiza, no deja de tener su interés para la Historia de Galicia pues podrían extrapolarse a nuestro territorio el modo de vida y costumbres de los suevos en el año 612. Así, la lengua germana de las naciones de los suevos, su religión pagana e idólatra (el culto a Wotan) y la costumbre de elaborar y beber cerveza. Tal vez por eso las pinturas del monasterio de San Vicente de Pombeiro, de fundación sueva, muestran a unos monjes bebiendo cerveza de unas jarras alemanas ("A última cea de Pombeiro", Manuel Gago). La introducción de la cerveza en Galicia, ya que la caelia celta no era sino un destilado similar al whisky, podría deberse a los germanos. Pero no olvidemos el propio nombre de Pombeiro, que en la Edad Media era Columbario.

De Brigantium a Glean Cholm Cille (Valle de Columba), Donegal.