jueves, 17 de agosto de 2017

Arqueotoponimia. 10º aniversario

I did not, however, commit suicide, because I wished to know more of mathematics

Me encanta mi trabajo, y me refiero a lo que hago para el blog cuando salgo de mi tediosa, embrutecedora e interminable jornada laboral: leer, viajar, asistir a conferencias, visitar exposiciones, meditar y escribir estas notas peregrinas sobre nimiedades trascendentes, intentando aproximarme a pequeños enigmas folklórico-toponímicos siempre desde un nuevo punto de vista, formulando en ocasiones propuestas arriesgadas o incontrastables. La creación es así o no es.

Para celebrar que en noviembre se cumplirán 10 años de la existencia de este blog, y que ahora mismo ya hemos superado las 250.000 visitas, he pensado en realizar una especie de avance de lo que nos deparará la próxima temporada, que será sin duda deudora de mi último viaje a Irlanda, al corazón del Ulster, con mis buenos amigos Susana y Anxo, a los que debo tantísimas oportunidades de visitar destinos de interés arqueológico que puedo decir sin exagerar que el blog no existiría si no fuera por ellos, o por lo menos sería muy muy diferente.


Bullaun de Santa Brígida. Brigid's Stones, Killinigah, Cavan. Se trata del único bullaun que conserva las piedras originales que servían para cursar maldiciones si se desplazaban en sentido antihorario (sunwise). Mostraremos que existe uno en el Cromeleque dos Almendres en Portugal, pero sin las piedras móviles.


Petroglifos de Reyfad, Belcoo. Incuestionable conexión cultural entre las Islas Británicas y Galicia por lo menos desde el Neolítico. Desde los petroglifos de Belcoo, situados en la ladera de una montaña demarcando los condados de Fermanagh y Cavan, se divisa la gran masa acuática del lago Macnean, donde el español Francisco Cuéllar, uno de los supervivientes del naufragio en la costa de Sligo de un barco perteneciente a la Armada Invencible, convivió con el clan celta de los MacClancy en su crannog de Inis Caoin (Inishkeen) hace más de 400 años.


Holywell de San Columbano en Gleann Cholm Cille; es la única fuente santa que ocupa la morrena de un glaciar confundida con un cairn. Intentaremos probar la conexión atlántica entre el hagiotopónimo irlandés Glemcolmcille y el de la isla de Santa Comba (Columba) en Ferrol.

Y tal vez aprovechemos alguna ocasión para extendernos en este "Pie Quemado", uno de los muchos casos de deturpación de la toponimia gaélica por los colonos ingleses.



Pero el hallazgo más significativo será el de la sepultura de Marino, descubierta por mi amiga Susana. Con ese nombre, y en el antiguo cementerio de un pueblecito del norte de Irlanda cercano a Kinnagoe Bay, sólo puede probar el folkore local, del cual fuimos testigos, que asegura que los Black Irish son los descendientes de los supervivientes del naugrafio de la Trinidad Valencera en 1588.


Rúa da Sinagoga



A Cidade Vella da Coruña garda vestixios dunha antiga xudería polo menos no nome dunha das súas rúas, é a Rúa da Sinagoga. Rosalía de Castro tíña situado o templo no número catro da rúa, onde ela mesma viu a cisterna de auga traballada na rocha viva que aínda se conservaba daquela.



Amais do microtopónimo, hai documentación abonda para non dubidar da presenza dos xudeus establecidos na Cidade, como o que fala dun tal “don David de Donas, judío de A Coruña” (año 1415). As tres laudas sepulcrais hebreas datadas na Idade Media que apareceron na zona da Palloza, e que se conservan no Museo Arqueolóxico Nacional, tamén evidencian o establecemento dunha importante comunidade xudea na Cidade.


Unha lenda recollida por Antonio Aradilla Agudo fornece un estreito vínculo entre a sinagoga e a bela igrexa románica de Santa María do Campo extramuros da mesma Cidade Vella: da cisterna da sinagoga partía un longo túnel polo que os xudeus chegaban ata a igrexa de Santa María para roubar as hostias consagradas e empregalas nos seus feitizos. É a explicación popular da escena representada no tímpano que adorna a portada norte da Colexiata, e que se cadra tenta figurar o martirio de Santa Catalina, ou quen sabe se a intención non foi escenificar o roubo das sagradas formas, isas rodas riscadas cunha cruz, polo xudeu que asoma por un oco no teito e tenta acadar unha delas cunha especie de pau.
 

martes, 25 de julio de 2017

La barca de piedra de San Andrés de Teixido

Dudo mucho que San Andrés en su recorrido atlántico haya embarrancado en las islas Gaveiras (Gaveira de Terra e Gaveira de Fora), principalmente porque su santuario no se sitúa frente a ellas; no cumplen la condición de contigüidad al santuario, ni guardan la debida proporción con la embarcación, por lo que me parece una invención reciente la identificación de una de ellas con la barca de piedra que, según la tradición, utilizó el santo para alcanzar nuestras costas.

Hace casi 100 años un autor tan minucioso en sus descripciones como Don Federico Maciñeira, que conocía muy bien la zona, no fue capaz de situar con precisión la embarcación pétrea que la devoción popular atribuía a San Andrés, limitándose a informarnos de que, según la conseja tradicional "determinado peñasco de esta bravía ribera, es la barca que milagrosamente condujo a San Andrés a la sublime costa del Ortegal" (San Andrés de Teixido. Historia, leyendas y tradiciones).

Taboada Chivite en 1965, en su discurso de entrada en la Real Academia Galega, tampoco menciona As Gaveiras, ni islote alguno, y se limita a decir que "San Andrés de Teixido chegou en barca de pedra que se amosa naquela ribeira".

Otro autor en 1978, en un artículo publicado en la revista Cuadernos para el diálogo, nos cuenta su viaje a Teixido, donde "más abajo [de la fuente de los tres caños] da el viajero con la llamada barca do santo, roca que bate en la mar", en lo que parece una clara referencia a la bajada hacia O Peirao y tal vez a una de las rocas denominadas A dos Putos.

Fraguas Fraguas, en una comunicación de 1997 al Simposio Internacional de Antropoloxía Mariñeira, habla de que en el mar de Teixido "hai preto unha pedra que os romeiros van ver e coñecen co nome de Barco de San Andrés".

Sólo encuentro en las relativamente recientes aportaciones de Hualde Pascual ("Algunas leyendas liticas y el culto a las piedras en La Coruña", 1992) y de Alonso Romero la identificación de la barca con "una roca en Punta Gaveira, conocida precisamente con el nombre de barca de San Andrés" ("La barca de piedra de San Juan de la Misarela", CEG, V. XXXIX, 1991).

Como se ve por la seleccion de textos anterior, la ubicación y la morfología de la barca de piedra de San Andrés no son claras, y me temo que la devoción popular ha acabado, por consenso, identificándola con la isla de Gaveira de Fora.

Y sin embargo, en la bajada mencionada hacia O Peirao, más abajo de la fuente de los tres caños, y pasado el campo donde cuelgan los pañuelos en alambradas, se encuentra una piedra modesta con aspecto de pequeña embarcación volcada con la quilla hacia arriba, su superficie completamente riscada por alguna actividad antrópica, y dos ondulaciones naturales que podrían figurársenos la decoración de una proa. ¿Habremos dado con la barca del santo?


Lamentablemente no, pero nos vamos acercando y confirmando la ubicación que ofrecía en el 78 el viajero de Cuadernos para el diálogo; según me informa amablemente Juan M. Tojeiro, su padre, nacido a 4 km de San Andrés, siempre le dijo que la barca de San Andrés era una piedra pequeña en la que se ven romper las olas, nada que ver con la idea reciente de identificarla con las Gaveiras. Ahora queda claro para qué usaba el Santo la escalera cuya figura de miga de pan se vende en las tiendas de Teixido, para subir desde O Peirao donde le dejó la barca hasta el santuario. 

Meizoso

Según apunta acertadamente el profesor Porto Dapena en su Diccionario toponímico do concello e ría de Cedeira, no es posible sostener la hipótesis del profesor Abelardo Moralejo para el topónimo Meizoso (Narón y Cedeira), que lo vincula con el topónimo Mainzoso (Valdoviño), derivado de maínzo, "maíz", pues este cereal importado de América no se conocía en Europa cuando el topónimo Meizoso estaba plenamente consolidado y aparecía en la documentación medieval del monasterio de Caaveiro entre los siglos VIII y X como Meizoso o Malicioso, indistintamente. El profesor Porto Dapena localiza también un regato Maizoso, afluente del Mandeo, en Paderne.

Para este investigador los nombres de lugar Meizoso y el del regato Maizoso provendrían del adjetivo latino malitiosus, -a, -um, aplicado a terrenos "con malas herbas ou arbustos salvaxes", siendo por lo tanto un derivado de malitia > maleza.

A pesar de ésta más que probable formulación del origen de Meizoso, el hecho de que el topónimo sea también hidrónimo, y que como tal aparezca en la documentación medieval de Xunqueira de Espadanedo ("rivulum de Barreiro, ac deinde quo modo intrat in Maliciosum et postea redit ad rivulum de Candaa", año 1174) nos lleva a plantear la posibilidad de que estemos ante uno de los resultados de la frase latina "Valle Uitiosu" (= valle frondoso), que origina el topónimo portugués Vale Viçoso, pues es relativamente frecuente la transformación del sustantivo apocopado val en mal: Valtravieso / Maltravieso (Extremadura), procedentes ambos de "Valle Traversu". La evolución de Valle Uitiosu a Meizoso partiría, pues, de una tempranísima forma apocopada Val --> Mal, que permitiría, una vez neutralizada por posición la geminada -ll-, su posterior evolución siguiendo la pauta de la -l- simple en gallego, que, como es sabido, acaba por desaparecer en posición intervocálica: Valle Uitiosu > *Ma(l)uicioso > *Ma(u)icioso > Maizoso / Meizoso. En este caso, la wau en posición intervocálica también caería, como en gaiola, "jaula" < caveola, pero sin embargo se conserva en la evolución de uitiosu a vizoso, "vigoroso".

domingo, 16 de julio de 2017

Muelle

Ni Xosé Luís García Arias ni Xulio Concepción aciertan con la etimología de los topónimos asturianos Piedramuelle y Penas Molles al atribuirles su origen en el latín mollis, "blando, suave", la cual, por otra parte, es la misma que defiende la tradición para el castellano muelle, "resorte helicoidal o espiral".

Lo más probable es que estos topónimos sean el resultado de la evolución de la frase latina "petras mobiles", de frecuente aparición en los textos medievales que trataban del establecimiento de los límites territoriales, siendo estas piedras móviles las pedras abaladoiras o caballeras, que funcionan como muelles o resortes, de ahí que también propongamos, de paso, la etimología del sustantivo muelle en su acepción de "resorte" a partir del latín mobilem. Resulta bastante obvio que los muelles son muelles porque son mecanismos que producen movimiento, no porque sean blandos.


miércoles, 12 de julio de 2017

Coto do Rei - King's Quoit

Dolmen del King's Quoit, Manorbier, Gales.

Mámoa del Coto do Rei, Fene, Galicia.

Básicamente los sustantivos coto y quoit son equivalentes, como habíamos visto en la entrada Petón y Cueto / Coto. La coexistencia en la toponimia de Galicia de las formas petón y coto refuerza la tesis de la preexistencia de un sustrato celta o céltico indígena (celta P-) sobre el que se superpuso tardiamente otra lengua céltica (celta KW-). En estas fotografías se observa que el topónimo quoit / coto, que designa una elevación, se ha usado para designar en ambos casos un túmulo megalítico asociado con un enterramiento real desde el que se divisa el mar.

La fortuna que han corrido ambos enclaves es desigual, observándose en el caso gallego la desaparición total de la cámara megalítica por expolio, así como una descuidada colocación de un cartel informativo explicativo de las vistas sobre el túmulo, que todavía conserva parte de la coraza de piedra. No obstante, el paralelismo no deja de resultar sugerente.

martes, 11 de julio de 2017

A Bailadora o Abaladoira

En la ría de Ferrol existen dos lugares denominados A Bailadora, uno en Montefaro (Mugardos), y otro en Chamorro (Ferrol). En ambos existieron pedras abaladoiras, siendo evidente que las formas abaladoira y bailadora tienen la misma etimología, el latín vulgar ballare, "bailar, oscilar", de origen incierto.


Se sabe que todas estas piedras eran piedras bamboleantes, y sobre ellas se ejecutaban danzas, como se muestra en la vidriera de Conde Corbal que se encuentra en la iglesia de Muxía, en la que se representa una danza tradicional sobre la Pedra de Abalar, la supuesta barca donde llegó la Virgen en su navegación atlántica.

"Cada oito de Setembre - que é o día da festa -, mozas e mozos trenzan os puntos da muiñeira riba da pedra, e di a lenda que cando se abanea a pedra ao bailar, é que os beilantes háchanse en graza; mais se a pedra non se move, é que os beiladores alcóntranse en pecado" (Moure Mariño).

Entre los tagalos de Luzón grandes lastras portátiles (anungtungan), son utilizadas en ceremoniales chamánicos como instrumentos de percusión y plataformas donde el chamán ejecuta su danza. El sonido se consigue golpeando la piedra con palos de bambú. No obstante, las piedras bailadoras, como la de Muxía, o la del Tamburo de Aggius en Cerdeña, emiten al ser bailadas un potente sonido rítmico característico. En Galicia el topónimo Tambor también vendría motivado por la existencia de una pedra de abalar: O Coio do Tambor (Riós), O Penedo do Tambor (A Gudiña), O Picoto do Tambor (A Mezquita), O Tambor (Lousame). Vicente Feijoo Ares, sin embargo, clasifica en grupos distintos las pedras de abalar y las que emiten sonidos en su estudio "Las motivaciones de los nombres de las piedras en Galicia. Cultos, ritos y leyendas".


La Voce del Tamburo from Vittoria Soddu on Vimeo.

Decía el rey Alfonso el Sabio que los que hacían equilibrios sobre cuerdas tirantes o en piedras móviles recibían propiamente el nombre de juglares ("en cordas tirans o en peiras sautans son joculatores").

Equilibrista sobre la piedra móvil de Tandil, Argentina.

Francesco Benozzo ("Sciamani europei e trovatori occitani") ha estudiado la pervivencia del chamanismo paleolítico en la figura del poeta-trovador, y Kirby (1) sostenía que las artes escénicas, la pantomima, también se originaron a partir de las representaciones o danzas chamánicas. El texto del Rey Sabio confirma de nuevo la estrecha relación entre juglaría y chamanismo, pues el dominio del equilibrio físico se considera un signo distintivo del chamán, prueba de que es capaz de mantener el equilibrio del ecosistema y mantenerse en la cuerda floja entre los dos mundos (Myerhoff, "Shamanic Equilibrium: Balance an Mediation in Know and Unknow Worlds").

(1) "Shamanistic Origins of Popular Entertainments", The Drama Review, 1974, vol. 18, nº 1, pg. 5-15

jueves, 6 de julio de 2017

Porta de Aires

Hay quien piensa que el microtopónimo Porta de Aires, que nombraba una de las antiguas puertas de la muralla que rodeaba la Cidade Vella de A Coruña, proviene de la familia de los Ares Pardo das Mariñas. Así pues, según esta posibilidad, el nombre habría sido *Porta de Ares, deturpado por la confusión entre el apellido gallego Ares, el sustantivo gallego ar, "viento", y su versión castellana aire.

 Placas identificativas de la calle y situación de la antigua Porta de Aires.

Sin embargo, Aires o Aire como microtopónimo se conserva también en Ourense ciudad como nombre de otra puerta de acceso a su recinto amurallado, Porta de Aire, que forma parte del recorrido literario de A Esmorga, y en Alcalá la Real existió otra Puerta del Aire en sus defensas. Asimismo, en Portugal existe el pueblo de Castro Daire, documentado antiguamente como "Dario" o "de Ario", que podría tener el mismo origen.

A la vista de la Porta de Aires coruñesa se levanta la Colegiata de Santa María del Campo, cuya denominación sustenta una de las hipótesis que propondré, su origen etimológico en el latín ager, agris, "campo", siendo por lo tanto ambos topónimos equivalentes entre sí, un caso más del fenómeno de redundancia que suele darse en toponimia por el desvanecimiento y olvido paulatino del significado de términos que van cayendo en desuso, mientras surgen a su lado otros que significan exactamente lo mismo.

Porta de Aires significaba literalmente en latín vulgar, "puerta del campo", con ese Aires procedente del genitivo singular latino agris, "del campo" y la intrusión, asimismo redundante, de la preposición "de", innecesaria en latín clásico pues la palabra en caso genitivo (agris) implicaba la idea de posesión, pertenencia o relación sin que fuese pertinente añadirle nada más (Porta Agris). Nada más lógico que extramuros de los cascos históricos de A Coruña y Ourense existiesen campos que motivaron el nombre de ambos accesos.

Otra posibilidad románica mucho más interesante en mi opinión sería el latín agger, "iter publicum, via militaris" (Du Cange), término cuyo significado se encuentra muy vinculado a las estructuras amuralladas de los asentamientos romanos, en particular a sus puertas, por las que se accedía a las principales vías de comunicación con el exterior; Porta Aggeris sería equivalente al moderno Porta do Camiño (Santigo de Compostela), siendo una frase que aparece con relativa frecuencia en la documentación medieval latina en referencia a las estructuras defensivas de las viejas ciudades: "Porta Aggeris" (año 1367, Termonde, Bélgica). Agger, aggeris tiene otra acepción, "terraplén defensivo que completa la proteccion de la ciudad", y con este sentido daba nombre a la Porta inter Aggeres de Roma.

Bajada a María Pita por la Avenida de Porta de Aires. (C) Dolores González de la Peña

sábado, 1 de julio de 2017

Los nombres de Europa, de Alberto Porlán

Ahora que parece ir in crescendo el interés por el estudio de las paleolenguas paleolíticas, recupero para mi blog una crítica sobre el libro Los nombres de Europa de Alberto Porlan (Alianza-Fundación Juanelo Turriano, 1998), que había publicado en la web Celtiberia.net con el pseudónimo druídico de Onnega en 2006, siendo en realidad parte de una conversación con su autor. Y la recupero porque considero que contiene alguna propuesta metodológica interesante en el campo de los estudios hidronímicos.

En la obra de Porlan se llama la atención sobre aspectos que ya han sido descritos y no resultan novedosos; hace tiempo que Krahe estudió los nombres de los ríos de Europa, notando la repetición de los mismos; y Pidal (1), siguiendo a d’Arbois de Jubainville y a otros autores, recurría al sustrato ligur / ambrón para explicar esa uniformidad de la toponimia europea (Ambrona en España, Ambruna en Italia, Lambronne en Francia). En este sentido Los nombres de Europa no resulta novedoso. Hoy se utiliza el término paleoeuroeo para referirse a esa unidad lingüística que ha dejado su huella en la toponimia de toda Europa. Por poner un ejemplo: el río Umea o Umeälven de los saami (lapones), el río Umia gallego y el Urumea (Ur-umea) vasco portan la misma denominación, y por algo será, eso es lo que se trata de investigar desde hace mucho tiempo. Ya comienza a ser pertinente hablar de colonización lingüística de Europa en consonancia con la colonización genética desde el sur al norte: desde los refugios glaciares meridionales hacia la Europa continental que había permanecido deshabitada durante la última glaciación (artículos del Grupo Continuitas). Estas poblaciones llevan consigo sus sistemas onomásticos que sobreviven en la toponimia. Y es altamente significativa, y explicable en términos de gradientes genéticos, la aparición de idéntica toponimia en las áreas extremas ibérica y lapona (Francisco Villar, conferencia “Toponimia prerromana na Península”, Pontevedra, 21 de octubre de 2006). Es evidente que estamos todavía ante una sociedad de cazadores-recolectores y el sistema que nombra el paisaje y lo articula tendrá forzosamente una base:


1) Descriptiva de la orografía

2) Funcional: campamentos de verano, de invierno, vados, itinerarios, cazaderos, secaderos, etc.

3) Y ligada a la unidad de referencia que es la cuenca fluvial.

Resulta de lo más interesante el capítulo 6 de Binford, En busca del pasado, “Cazadores en un territorio”, Crítica, Barcelona, 1998 (3ª ed.), pg. 117-53.


 Radio de acción de un grupo Nunamiut a lo largo del curso del río. © Binford


También la bibliografía y el repaso de Ballester (2) a los territorios de las bandas de cazadores podría orientarnos en este aspecto: “son, por antonomasia, territorios fluviales”, en sus viajes “todas las rutas y destinos habían de seguirse por lugares con agua”.

Cualquiera que trabaje en toponimia sabe que hay sistemas de ordenación subyacentes, así que no se comprende la aseveración de Porlan: “si partimos de la idea general e indiscutida hasta ahora de que el origen de los topónimos es absolutamente aleatorio e imprevisible…” (pg. 32), ignoro de dónde ha sacado esta idea, que además es falsa. La toponimia es uno de los sistemas más previsibles, pues responde a varias motivaciones conocidas, siendo normalmente reflejo de la orografía, se adecúa al paisaje actual o al paleopaisaje nombrándolo.

La segunda novedad de Porlan es que nota que hay topónimos atingentes o concordantes (utilizando su terminología). Lo esperable, lo normal, es que haya toponimia atingente. Por poner un ejemplo sencillo, serán con frecuencia atingentes, aparecerán simultáneamente y muy cerca unos de otros, los siguientes topónimos y sus variantes y derivados: Lombo, Costa, Espiña, Alpe (>Oubiña), todos relacionados con la oronimia.




Como trabajo pionero en la investigación de la toponimia y su adecuación al paleopaisaje (un paisaje que ya no existe pero existió) es sorprendente Ancient Lakes in the Former Finno-Ugrian Territories of Central Russian: An Experimental Palaeogeographical Study, de Arja Ahlqvist, Slavica Helsingiensia 27, Helsinki 2006. En este estudio no sólo no se renuncia a identificar el significado de raíces que integran compuestos (se identifican ciertas raíces que significan “lago”), mediante ellas se localizan posibles ubicaciones para lagos fósiles cuya existencia acaba demostrándose con el auxilio de disciplinas científicas adecuadas (geología, topología). Técnicas de laboratorio específicas (C14) acaban datando la edad de los vestigios orgánicos y en consecuencia la edad de la lengua que nombró el lugar. Yo había intentado algo similar con el topónimo Almufeira (Ferrol) haciendo ver que si su significado era “laguna” (raíz hidronímica *alm) tendría mucho más sentido su existencia en el correspondiente paleopaisaje de hace 5000 años.

Finalmente, no veo motivos para renunciar a encontrar el significado de las raíces de la toponimia, por algo expertos lingüistas llevan trabajando en este campo mucho tiempo habiendo conseguido logros que pueden ser muy útiles, sin ir más lejos el trabajo de identificación de paleolagos de Ahlqvist se basa en un estudio filológico previo. Tampoco veo razón para no intentar explicar esas “extrañas” e “inquietantes” atingencias, ni son extrañas ni me inquietan lo más mínimo, a algo se deberán, y habrá que explicarlo.

También será necesario ajustar la escala de los estudios y moverse en un tipo de territorio como el que describe Binford para las bandas de cazadores-recolectores. Por ejemplo, una de las relaciones de atingencia que indica Porlan, la pareja Serantes-Betanzos (A Coruña), que vuelve a aparecer según el autor en Serantes-Berango (Vizcaya), no puede ser relevante; no puede haber atingencia de ningún tipo entre dos puntos pertenecientes a dos cuencas fluviales distintas separadas por una tercera y a más de 50 km de distancia en el caso gallego.

(1) “Sobre el substrato mediterráneo occidental”, 1939. Reeditado en Toponimia prerrománica hispana, Gredos, Madrid, 1952

lunes, 19 de junio de 2017

Olduvai, un hidrónimo paleoeuropeo

En el artículo de Francisco Villar, "Los hidrónimos con *up- (*op-) "agua, río" en la toponimia prerromana hispana", Paleohispánica 2, 2002, se describe la base *up- / *op-, "agua", como indoeuropea, una forma viva todavía como apelativo en lituano, y ampliamente representada en la hidronimia antigua de Europa. El autor incide en que resulta más o menos excepcional su presencia en otros lugares; así, en África sólo recoge dos casos, Canopos e Hisopis. A todas luces faltaría el hidrónimo tanzano Oldupai, más conocido por su pronunciación errónea Olduvai.

Oldupai Gorge. (C) The Olduvai Gorge Project

El término Oldupai designa en primer lugar al río que discurre por la famosa garganta donde se localiza uno de los yacimientos paleoantropológicos más antiguos del mundo; en él se han encontrado fósiles de Homo Habilis, datados hace 1,9 millones de años, así como fósiles del Australopiteco denominado Parantropus Boisei (1,8 millones de años). A solo  45 km se encuentra el yacimiento de Laetoli, donde se conservan las huellas de unos homininos que probablemente ya practicaban el bipedismo hace 3,8 millones de años. Es la cuna de la humanidad.

En segundo lugar, oldupai como nombre común se usa para designar al sisal, la planta que crece en la ribera del río Oldupai, y que es utilizada por el ser humano por su gran capacidad de retención de agua en épocas de sequía. A cualquier experto en onomástica medianamente conocedor de los fundamentos de la hidronimia no le pasará desapercibido que el nombre de la planta se ha creado a partir del nombre del río por metonimia o contigüidad; de la misma forma que muchos árboles de ribera en Europa han tomado sus nombres de los nombres con los que se designaba a los ríos. Es el caso, por ejemplo, del indoeuropeo abnis, "agua, río" > lat. amnis, "río", y de su relación con los nombres gallegos del abeneiro / ameneiro ( > amieiro), "aliso", un árbol de ribera, fluvial.

La formación del apelativo oldupai, "sisal", por metonimia a partir del hidrónimo Oldupai, que contiene la base hidronímica paleoeuropea *up- / *op, "agua, río", y que designa al río donde se ubica el yacimiento paleoantropológico más antiguo del mundo con restos de Homo Habilis, encaja a la perfección con la nueva hipótesis que Francesco Benozzo y Marcel Otte formulan en su obra Speaking Australopithecus: A New Theory on the Origins of Human Language, Edizioni dell'Orso, 2016. En esta obrita pretenden apoyar con estudios actuales la hipótesis que formuló Phillip Tobias hace 20 años defendiendo que los Australopitecos podían hablar, pues los centros del lenguaje y del habla ya estaban presentes rudimentariamente en ellos antes de que se separasen del género Homo y del de los Australopitecos Robustos. Es decir, que los hemos heredado de ellos.

Para sustentar la opinión de Tobias los autores utilizan cuatro argumentos fundamentales:

1) La correlación lítico-lingüística del continuista Alinei, según la cual los tres grandes tipos de utillaje lítico, choppers, bifaces y puntas, se superponen sobre el mapa de los tres grandes tipos de lenguas, aislantes, flexivas y aglutinantes. Esto es así porque los diferentes procedimientos mentales que intervienen en cada tipología lítica también están implicados, son responsables, de las distintas tipologías lingüísticas.

2) La milenaria estabilidad de las lenguas, que más bien ahora podríamos pasar a denominar la billonaria estabilidad de las lenguas.

3) Nuevos descubrimientos sobre el lenguaje de los animales, como por ejemplo su capacidad para la combinación sintáctica en el caso del ave japonesa Parus Minor.

4) La formación de léxico a través de procesos metonímicos o asociativos en los primates.

Y es en este último argumento donde me quiero detener, pues es relevante para el caso del hidrónimo y fitónimo Oldupai. Benozzo y Otte comentan la repercusión de un estudio de Petito sobre la formación de léxico por parte de los chimpacés; en él se concluye que estos antropoides usan la etiqueta "manzana" para designar la fruta, la acción de comer manzanas, el lugar en donde se encuentran o almacenan, e incluso los objetos que se guardan junto a ellas (como podría ser el cuchillo para cortarlas), y según Chomsky y otros autores "this is radically different from humans". Pero no es tan radicalmente diferente, de hecho es justamente lo que hacen los seres humanos. De ello podrían dar buena cuenta millones de ejemplos lingüísticos; por ejemplo, en inglés iron designa el hierro, la plancha y la acción de planchar.

Si los Australopitecos podían hablar, tal y como defendía Tobias y apoyan con argumentos actuales Benozzo y Otte, probablemente *up / *op, "agua, río, elemento que contiene agua [-->sisal]", fue la primera palabra que pronunciaron. Un primitivo hidrónimo que muestra la querencia de los primates por los procesos metonímicos de formación de léxico, y que nombra la cuenca fluvial donde se encontraron los fósiles más antiguos de la especie Homo datados hace 1,9 millones de años no puede estar ahí por casualidad.

miércoles, 14 de junio de 2017

Campo Estola, Campo Brigancio de Libredon - Obispado de Braga



"E diz o libro que Leon Papa fez mudar a silla de Iria a Campo Estola e que ali se fez eireja primeiro de terra (1) e creceu moito a devocon do apostol e se chamaba Campo Brigancio de Libredon, e obispado de Braga, estavan os arabes nil, e Carlomagno veu a Galica..." (Libro antiguo de los linajes de Galicia, folio 19, BNE).

Además de la desasosegante identificación unívoca que se establece en el texto entre el topónimo Campo Estola, Brigancio y Libredón, se plantea una curiosa, arriesgada y desconocida etimología de Compostela, en la que se aventura su relación con el hidrónimo Estola > Esla, así como su ubicación en la Tierra de Campos junto al Esla, sujeta al dominio árabe en el pasado. En este territorio conocido antiguamente como Campos Gallaecia, por pertenecer a la provincia romana de la Gallaecia, se sitúan varias incursiones de Carlomagno contra los sarracenos según el cantar de gesta del Anseis de Cartago (s. XII).

(1) No logro identificar la siguiente palabra, que tal vez podría aclarar el tipo de esta primera construcción hecha con tierra, tal y como se sabía por el acta de consagración de la primera iglesia "ex petra et luto opere parvo". Probablemente se refiera a una primitiva iglesia de ladrillo (cfr. Las iglesias españolas de ladrillo, de José Luis Luna, donde detalla el estilo de las iglesias de Sahagún en Tierra de Campos).

miércoles, 7 de junio de 2017

Illas Estelas: un talasónimo greco-púnico en la ría de Vigo

Existe un mito fenicio sobre la fundación de Tiro, recogido por Nonnos de Panópolis en el siglo V (Dionisyaca, libro XL), según el cual Heracles-Melqart proporciona instrucciones precisas para construir un barco y navegar hasta el lugar donde flotan errantes sin detenerse dos islotes rocosos llamados Piedras Ambrosianas (ambrosiai petrai) a las que la Naturaleza ha dado el nombre de Rocas de los Inmortales, en relación con el alimento de los dioses denominado ambrosía. En el centro de una de las rocas crece un olivo que arde en llamas, pero sin ser consumido por el fuego. Sobre él, un águila, y alrededor de su tronco, una serpiente enroscada. Melqart informa a sus enviados de que tendrán que sacrificar al águila, pues con la libación de sangre las rocas errantes detendrán su curso, fijándose sobre cimientos inamovibles y uniéndose entre sí. Sobre ellas, resumiendo, se fundará la ciudad de Tiro (Manuel Álvarez Martí-Aguilar, "¿Mentira fenicia? El oráculo de Melqart en la fundación de Tiro y Gadir", VII Coloquio de Historia Antigua, Universidad de Zaragoza, 2013).

La representación de las Islas de la Ambrosía era corriente en las monedas tirias. Sobre los dos islotes en ocasiones se representaban sendos cipos conmemorativos que con el tiempo pasaron a suplantar la identidad de las islas, cobrando más protagonismo que ellas.


Una moneda de Tiro (COL. TVR. = Colonia de Tiro) que muestra dos cipos sobre la basa.
En realidad la basa son las dos Islas de la Ambrosía fusionadas.
El trabajo de Álvarez Martí-Aguilar está ilustrado con variada selección de este tipo de monedas, algunas de las cuales contienen la leyenda AMBROSIAI PETRAI  grabada sobre las estelas.


El mito fundacional, que parece una cosmogonía en la que la Tierra emerge del agua, se repite, según señalan varios autores, en el relato de la fundación de Cádiz recogido por Posidonio. Así, Fernando López Pardo comenta que en el mito de fundación de Gadir las, ahora denominadas por Posidonio, stelai [Herakleas Stelai] son propiamente las dos islas [Ambrosianas] unidas ("Una isla errante entre las Afortunadas de Plinio", Dialéctica histórica y compromiso social, V. II, Zaragoza, 2010).


Islas de la Ambrosia unidas por los cipos / columnas. Mapa de Hereford, año 1300. Probablemente una representación semejante influyó  en la idea de una isla sobre un pedestal del Immram de Mael Duin.

El mito fundacional púnico, en el que se emprende una navegación en busca de dos islotes rocosos para establecer en ellos o frente a ellos una colonia (Tiro, Gadir), ha experimentado con el tiempo, y a partir de la representación gráfica en monedas y mapas de los cipos o columnas conmemorativas sobre las islas, un ligero desplazamiento del motivo central insular, cobrando tanto o más relieve el tema de la estela o cipo colocado sobre cada una de las rocas. En el folklore atlántico relativo a los relatos de navegaciones tenemos, por ejemplo, que en el Immram de Mael Duin los navegantes pasan por el mar de nubes y encuentran a la pitón en el árbol, llegan a una altísima columna de plata, o a una isla sobre un pedestal (ed. Whithey Stokes, Revue Celtique 9 y 10, 1888 y 1889).

En todo caso, y sin profundizar ahora en la conexión púnica de las immrama (v. Almagro-Gorbea y Torres Ortiz, La escultura fenicia en Hispania, pg. 35 para el mitema de la manzana en las immrama), es necesario partir del concepto griego de Stelai utilizado para referirse a los dos islotes rocosos que señalaban el lugar escogido por Melqart para el establecimiento de una colonia o un emporio comercial.

Las Illas Estelas pertenecientes al concello de Nigrán se sitúan en la entrada de la ría de Vigo; son dos islotes rocosos, Estela de Terra y Estela de Mar, frente a ellas se localiza el archipiélago de las Cíes, o Insulae Deorum, y algo más al norte el de Ons, en el que Fernando Alonso Romero ha recogido folklore relacionado con el viaje marítimo de las almas de los difuntos al Más Allá (Santos e barcos de pedra, 1991).



Columnas de Hércules: cipos púnicos de Toralla en la exposición Emporium, mil años de comercio en Vigo.
(C) Atlántico Diario, 21.05.2017.

El nombre de estos dos islotes gemelos situados a la entrada de la ría de Vigo, en un contexto fuertemente influenciado por el contacto púnico en el pasado, del que son muestra los dos cipos de Toralla y diverso material aparecido en recientes excavaciones en la ciudad y su entorno, ha de estar posiblemente relacionado con el término greco-púnico de Stelai, en referencia al antiquísimo mito fundacional de una colonia o emporio comercial en o junto a dos rocas denominadas así. Asimismo, la ubicación frente a ellas de las Illas Cíes y las de Ons, cuyo folklore está todavía ligado al viaje marítimo de las almas de los difuntos, refuerza la posibilidad de la etimología greco-púnica del nombre Illas Estelas, pues era frente a ellas (las Herakleas Steleai) donde se situaban según los autores clásicos las Islas de los Bienaventurados; recordemos que la navegación de Trezenzonio en busca de una isla similar transcurre por estos mismos mares, que el avistamiento se realiza desde otra de las Columnas, el faro de la Torre de Hércules, y que además su isla estaba consagrada a Santa Tecla (cfr. castro de Santa Tegra).


Vista de las Illas Estelas junto a la península de Monteferro.

Para finalizar, el olivo del Paseo Alfonso, símbolo de la ciudad de Vigo e hijo de otro plantado en una época incierta en el atrio de la iglesia de Santa María, podría enlazar con la contextualización púnica que estamos ofreciendo al ser un árbol que se encontraba siempre en los templos consagrados a Melqart.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Petón y Cueto / Coto: celta P vs celta KW

Vengo de Pitões das Júnias, de las VI Jornadas Galaico-Portuguesas, en las cuales el Padre Fontes nos informó a los presentes de la existencia de más de veinte mámoas en la freguesía, proponiendo realizar una futura ruta de senderismo por ellas para ponerlas en valor. No me resultó extraño, ya que el propio topónimo Pitões hace referencia probablemente a ellas, o bien, según me indicó Lúcia Jorge, Presidenta de la Junta de Freguesía, a las numerosas elevaciones del abrupto terreno en el que se sitúa el pueblo; siendo, por tanto, un orónimo. En Galicia la forma Petón tambien tiene valor orográfico (v. Petón da Campaíña, Corme) y en ocasiones también se aplica a los túmulos funerarios; de la misma forma que el galés coetan da nombre a numerosos dólmenes, concretamente a la piedra cobertera.

Carreg Coetan Arthur (Gales). (C) Dolores González de la Peña, 2013.

Es precisamente la forma galesa coetan la que nos sirve para relacionar las formas galaico-lusitanas Petón / Pitões con las celtibéricas Cueto / Coto, "altura, elevación, túmulo funerario neolítico" (v. por ejemplo, aplicado en este último sentido, el dolmen de la Cotorrita (Burgos), en el que el topónimo viene motivado por la designación del propio dolmen).

Aparentemente todos ellas son formas inconexas que se hacen derivar respectivamente de las raíces prerromanas *PET- y *COTT-, "altura, elevación". Pero en virtud de la evolución del indoeuropeo KW- hacia P- en determinadas lenguas célticas, COËT- > PET-; mientras que el grupo KW- indoeuropeo se mantiene en el resto de lenguas célticas, COËT- > CUET- / COT-. Esta posibilidad requeriría replantear la adscripción de las lenguas célticas en los grupos KW y P, pues de ser cierta, no cuadra con la adscripción total del galés dentro del celta P y obligaría a considerar al lusitano como celta P.

San Martín de Panóias

Respecto al topónimo portugués Panóias, Erwin Koller dice que "não parece absolutamente absurdo incluir neste contexto [colonización sueva de Gallaecia] as várias povoações chamadas Panóias (uma das quais na diocese de Braga), nome de difícil interpretação mas seguramente baseado en Pannonias. Segundo Piel "seria tentador de ver nestes topónimos uma lembrança da pátria panónica dos suevos"" (Schwaben).

Se sabe con certeza que San Martín, el Dumiense, era de Pannoniae, donde existía un santuario al aire libre en un monte sacro que frecuentaban los adoradores de ídolos, costumbre pagana que más tarde procuraría corregir en su De Correctione Rusticorum. En su infancia el santo también acudía a ese monte suplicando gracia, suponemos que antes de su conversión. Debemos preguntarnos, pues, qué monte era ese ("ab idolorum cultoribus monti huic inditum fuisse. Etenim puerilem aetatem agebat S. Martinus, dum teste Chartuicio montem hunc precandi gratia frequentabat", Monasteriologiae Regni Hungariae, Damiani Fuxhoffer).

Martino seruata nouo, Gallicia, plaude:
      Sortis apostolicae uir tuus iste fuit.
[...]
Pannoniae, ut perhibent, ueniens e parte Quiritis
      Est magis effectus Gallisueba salus.
 (Venancio Fortunato, Carmina, libro 5,2)

Como sospechaba Koller, el topónimo Panóias portugués, y más concretamente el del lugar que ocupa el famoso santuario prerromano de Panóias en Vila Real, efectivamente figura como Pannonias en varios documentos medievales, de los que extraigo el siguiente ejemplo en el que se se refiere la existencia de una iglesia dedicada al propio San Martín en Panóias:

"de ecclesia vocabulo Sancti Martini hic in Pannonias inter Palacios et Anta" (año 1086, CODOLGA: Liber Fidei Sanctae Bracarensis Ecclesiae) - probablemente el lugar de São Martinho de Anta.

Podemos plantearnos razonablemente si la patria del Dumiense no sería la Panóias galaica en lugar de la Panonia húngara. Primeramente por la razón aducida por Koller de que los topónimos portugueses Panóias, limitados a la Gallaecia, seguramente sean de origen suevo, un recuerdo de la patria panónica de los colonos; y en segundo lugar, por la existencia en Panóias (Vila Real) de ese importantísimo santuario prerromano, pagano, que menciona la biografía de San Martín situándolo muy próximo al lugar de su nacimiento, y que probablemente funcionó como revulsivo espiritual para que el santo, tras su peregrinación por Oriente, regresase a su patria para efectuar la conversión de los suevos galaicos o galisuevos al cristianismo.



 Santuario de las Fragas de Panóias (Vila Real) con los tanques y las escaleras talladas en la roca.
(C) Dolores González de la Peña

martes, 2 de mayo de 2017

Moimenta / Muimenta y los castra aestiva romanos de Gallaecia

Normalmente el topónimo Moimenta o Muimenta se hace provenir del plural latino monumenta, "monumentos"; así Abelardo Moralejo, como el Padre Joaquim de Santa Rosa de Viterbo lo hiciera antes, incidiendo en su carácter de monumentos sepulcrales: "moimento = sepultura" (Elucidário). El Padre Sarmiento también había apuntado una conexión con la posible existencia de túmulos o mámoas: "el Monte Moimenta que está cerca tomó el nombre de monumenta sepulcralia".

 Distribución del topónimo Moimenta en Galicia, según la base de datos de Toponimia de Galicia.

Distribución del topónimo Muimenta en Galicia, según la base de datos de Toponimia de Galicia.


Si bien es posible la remisión al latín monumenta, "sepulcros", es mucho más probable, a la vista de la distribución lineal y estratégica de los topónimos dentro de la provincia de la Gallaecia romana, con alta concentración también en la Bracarense, que el étimo latino que los motivó haya sido munimenta, "fortificación", un derivado de munire, "fortificar, atrincherar". La variante munimen, está documentada en el norte de Hispania y es definida por el Du Cange como "defensio, muro firmissimo, fossatum, muragium".

Como decíamos, el topónimo Moimenta se restringe en Portugal al territorio que ocupó la provincia Bracarense. Según datos del INE existen Moimenta en Braga, Terras de Bouro, Vila do Conde, Cabeceiras de Basto, Castelo de Paiva, Cinfães, Lousada, Moimenta da Beira, Vinhais, Castro Daire, Mangualde, Viseu y Gouveia.

Eduardo Peralta Labrador estudia estas fortificaciones romanas denominadas munimenta en "Los campamentos romanos de campaña (castra aestiva): evidencias científicas y carencias académicas", Nivel Cero, 10, 2002, y los sitúa en un contexto exclusivamente bélico, de campañas militares de avance en el territorio. Por ello cabría interpretar esta distribución del topónimo Moimenta / Muimenta (y del Mormenta de Pobra de Trives) en Galicia como resultado de la existencia de fortificaciones romanas de conquista del territorio, abordado desde el sur y desde las rías de la provincia de Pontevedra, con penetración al interior por la zona de Santiago de Compostela; tal vez, incluso, de defensa de enclaves estratégicos como pueden ser las zonas mineras de Cospeito y Castro de Rei. Desde este punto de vista, no resulta llamativa la ausencia del topónimo en la provincia de A Coruña, pues la costa de los Ártabros no habría sufrido el asedio en la fase inicial de la romanización de Galicia.

Distribución exclusivamente limitada a la Gallaecia del topónimo Moimenta, que indicaría, según mi hipótesis, la ubicación de las fortificaciones romanas de campaña en su conquista del territorio galaico. El mapa ha sido elaborado por Francisco Santos (Toponímia da Gallaecia), que ha tenido la amabilidad de cederme su uso.

Bibliografía: Listaxe de toponimia, Benigno Riveiro Arjones, IES García Barros, 2008.

sábado, 15 de abril de 2017

Fonmiñá

Aunque el nacimiento del río Miño se estableció durante un tiempo en Fonmiñá (Lugo), hasta que definitivamente se situó un poco más lejos, en la morrena glaciar del Pedregal de Irimia, el hidrónimo Fonmiñá podría no estar etimológicamente relacionado con el nombre del río, es decir, podría no guardar relación con la frase Fonte Miniana (fuente o nacimiento del río Miño).

Pedregal de Irimia. (C) Fotolog de JM López

Fonmiñá se encuentra documentado en 1151 como Fluminana, por lo que habría que considerarlo, a partir de este testimonio, un derivado del latín flumine, "río": "et iacet ipsa uilla inter Vallelonga et Fluminana", entre los actuales Valonga y Fonmiñá.

A la normal evolución del grupo fl- hacia un sonido africado palatal, como en flamma, "llama" > chama, presuponemos esta otra solución que deshace el grupo eliminando la líquida, como en floresta > foresta, lo que explicaría otro topónimo del mismo tipo, Fumiñeo (Muxía) como proveniente de *Flumineo.

lunes, 10 de abril de 2017

Bajo el manzano florido



Son dos las versiones del siglo XIII que nos han llegado de esta cantiga de amigo galaico-portuguesa, la de Jõao Zorro y la de Airas Nunez (Base de datos de Cantigas Medievais Galego-Portuguesas del Projeto Littera).

Bailemos agora, por Deus, ai velidas,
sô aquestas avelaneiras frolidas,
e quen for velida como nós velidas,
se amigo amar,
sô aquestas avelaneiras frolidas,
verrá bailar.

Bailemos agora, por Deus, ai loadas,
sô aquestas avelaneiras granadas,
e quen for loada, como nós loadas,
se amigo amar,
sô aquestas avelaneiras granadas,
verrá bailar.
(Jõao Zorro)

La floración del avellano se produce en enero y febrero, meses nada corrientes en la ambientación de la poesía amorosa, que suele transcurrir en abril coincidiendo con la floración de los frutales (recurriendo al topos amoroso del Aprilis Tempore); y por otra parte, la flor del avellano no tiene aspecto de flor, pues es apétala, mostrando el árbol en su floración un aspecto un tanto desangelado y en absoluto granado, tanto que no invita a bailar bajo él. Por ello es lícito cuestionarse el carácter de estos avellanos; tal vez habría que buscar la acepción original del término avelaneira / avelaeira / aveleira de estas cantigas, que podrían estar inspiradas por otra anterior, así como el referente de algunos de los topónimos Abeleira / Abelaira, en el étimo indoeuropeo que significa "manzana", y que ha dado por ejemplo el inglés apple, el galés afall, el antiguo galés Aballo (nombre de una ciudad), el osco Abella (ciudad de Campania), etc. (Mallory y Adams, Encyclopedia of Indoeuropean Culture).

Se podrá pensar que estos argumentos lírico-botánicos a favor de una acepción arcaica del nombre común galaico aveleira como "manzano", y de avelá como "manzana" no apoyan suficientemente este antojo, sin embargo, en una época tan próxima como el siglo XIX Gaspar Frutuoso habla de las avellanas como manzanitas en su obra As Saudades da terra, Historia das Ilhas do Porto-Sancto, Madeira, desertas e selvagens: "engordavam os porcos con estes fructos, que são como avelaas e assì se chamabam maçãinhas".

Bailemos nós já todas três, ai irmanas,
sô aqueste ramo destas avelanas,
e quem for louçana, como nós, louçanas,
se amigo amar,
sô aqueste ramo destas avelanas
verrá bailar.
(Airas Nunez)


Por su parte, Elcok, en referencia bibliográfica que me indica ambablemente Giorgio di Francesco ("Toponimia del Valle de Tena", RFA, 1961-62), había llegado a conclusiones similares a la inversa en su análisis del sustantivo mazaranuála: "mi informador en Panticosa, al contestar a mi expresión de sorpresa por la presencia de manzanos en un territorio donde yo no había visto ninguno, replicó: 'no hay manzanos, hay mucha avellana'. Esto me indujo a preguntarme si mattian-ola no pudiera ser una anterior designación del avellano en el territorio de los Pirineos". El autor plantea como solución que el osco abella, "manzana", penetró en el área pirenaica, mientras que en el resto de los romances peninsulares fue pomum el término predominante; a continuación, en la zona pirenaica, el más moderno mattiana, "manzana", sustituiría al viejo abella, "manzana", y mattian-ola a su derivado abellana, "avellana".

Sin realizar una incursión sobre el terreno, de la toponimia gallega no se deduce más que una distribución geográfica de los topónimos Abeleira / Abelaira, ocupando de forma uniforme la franja oeste y este del territorio, respectivamente (unos 325 según la base de datos Toponimia de Galicia, frente a los 500 que alcanzan las formas Pumar / Pomar). Asimismo, algunos estudios modernos relativos al cultivo del avellano en Galicia mostraron su escasa implantación: "ya antes de ahora el malogrado gallego D. Antonio de Valenzuela Ozores había recomendado la introducción del cultivo del avellano en Galicia, sin que hubiesen sido atendidas por completo sus indicaciones" (Joaquín Costa, El arbolado y la patria).