domingo, 29 de junio de 2014

"Falar os bois" y A Faladora

"Fasta, boi! Vorta!... Bamo, boi. Fasta, Marinheiro. Vorta, Brilhante! Diacho!"

Finalmente he tenido que rehacer esta entrada. Será la acepción poética del latín afflare, "alentar, animar, mover, excitar", la candidata elegida para explicar la expresión del gallego-portugués "(a)falar os bois" y del asturiano "(a)falar les vaques", pues en estas frases se conserva el viejo sentido de afflare: soplar, echar el aliento, insuflar, impulsar, apoyar. Incluso el sentido de "acariciar" del posible derivado de afalar, afalagar, estaba ya presente en el latín cuando nos decían los antiguos poetas que Céfiro acariciaba con su aliento las flores, impulsando así su crecimiento.
  • "El viento de Zéfiro afalagava las flores" (mismo uso que afflare).

La evolución de afflare hacia afalar y falar se explica fácilmente por el desarrollo natural de una vocal epentética, afalare, y aféresis condicionada (a)falar por la especialización semántica.

La voz humana como soplo, como aliento que acaricia, como expiración, porque a fin de cuentas la voz se genera afflando, expeliendo el aliento o el aire através de los órganos de la fonación. La misma relación entre aliento y voz existía también en griego clásico entre pneuma (aliento, viento) y phone (sonido), refiriéndose el phone a la acústica del pneuma.

Me lo han soplado, se oye todavía para dar a entender que nos han dicho algo. En latín se utilizaba sufflare (sufflare aliquid alicui), y en francés se conserva en expresiones como "qui vous a soufflé cela (aux oreilles)?".

Según se estudia en la actualidad fue Saussure el que describió el signo lingüístico como formado por dos caras, los sonidos y el significado asociado a ellos. Realmente la articulación del signo en estos componentes puede remontarse por lo menos a los nominalistas, que utilizaron el concepto de flatus vocis para referirse a lo que nosotros llamamos significante. La voz expelida. Abelardo decía que el lenguaje humano era un flatus vocis. Ya hasta va pareciendo que no es novedad relacionar (af)flare con falar.

Según Carré Alvarellos, Eladio Rodríguez y Franco Grande "(a)falar os bois" significa "guiarlos, conducirlos; dar voces a estos animales para que aceleren el paso o cambien de rumbo" (Diccionario de Diccionarios), es decir, animarlos, excitarlos (mismas acepciones que el afflare latino).

En castellano "falar os bois" tiene su equivalente en "halar los bueyes", no existe *"hablar con los bueyes":
  1. "Cuando uno viene del campo y sabe lo que es recolectar el café, y jalar las vacas y todas estas cosas..." (Una patria de propietarios y no de proletarios)
  2. "Gregorio se tiró al suelo y empezó a jalar los bueyes pa lao del paredón" (Cantos de elote tierno, María Mayela Padilla)
  3. "Cuando ya acabó de hacer la leña, que ya se iba a ir pa su casa, empezaron a jalar los bueyes y las guarniciones empezaron a dar de sí" (Cuentos españoles de Colorado y Nuevo Méjico)  
Aunque casi todos los ejemplos que he encontrado son del español de América, no parece posible sostener que nuestro falar y el equivalente castellano halar provengan de fabulare, y a estas alturas dudo de que provengan de la base germana *HALÔN, "tirar de algo, atraer" (v. halar en el Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, de Corominas). En el español de América también halar tiene una acepción erótica que se explica del sentido latino de afflare, "excitar"; acepción que Marcial Valladares recogía en su Diccionario gallego-castellano, "tener relaciones amorosas (Pensa moito e fala pouco, O moito falar é vicio)".

En resumidas cuentas estamos ante otra forma romance, llena de matices, de expresar la capacidad humana del habla: el castellano cuando habla, fabula (fabulare > hablar), en cambio los gallegos, portugueses y asturianos, cuando falan, acarician como Céfiro, impulsan con su aliento, hacen sonar sus instrumentos de viento - órganos de fonación (afflare > (a)falar).

A Faladora (Affladora) podría acomodarse al sentido de afflare, "soplar". El topónimo vendría motivado por ser un lugar ventoso. También se acomodarían a la base afflare, "hablar", otras dos propuestas existentes: la que relaciona su nombre con la capacidad de sus crestones de pizarra de devolver la voz en forma de eco (faladora), y la que relaciona el topónimo con el antiguo camino que discurría por su dorsal, por el cual los arrieros afalarían sus recuas.

Eólicos en A Faladora (As Pontes de García Rodríguez).

Otro orónimo próximo que podría hacer referencia a las condiciones climatológicas de esa parte del cordal es A Coriscada,  de corisco, "golpe de agua fria con viento" (Marcial Valladares).

Friso de aves y flores del antiguo tímpano de Santa María de Cambre


Detalle del friso de aves picoteando capullos de flores. Recorre la zona inferior del tímpano oculto de la iglesia de Santa María de Cambre.

"La iconografía de la vegetación picoteada por aves, perteneciente al repertorio ornamental de la Antigüedad y alusivo a la fertilidad, a partir de la época paleocristiana adquirió un simbolismo eucarístico, siendo en la mayor parte de los casos interpretada la "vegetación" como una vid o un racimo de uvas. Así aparece en los capiteles de San Pedro de la Nave, Zamora, ca. 680-687" (Barral Ribadulla, "La vid y el vino como símbolos de eternidad dentro de la tradición cristiana", Actas de la Cultura del Vino, 2002).


viernes, 27 de junio de 2014

Mugardos

Dice Cabeza Quiles, siguiendo a Rivas Quintas, que este topónimo único podría provenir de una raíz indoeuropea *mok- / *muk-, "altura, pico, prominencia". Lo cierto es que Mugardos, que se documenta muy pronto con esta forma, tiene bastantes posibilidades de ser producto de una alteración del más corriente Morgados, perteneciendo por ello a la misma familia que Morgade o Morgadáns.

Enrique Flórez hablaba en su España Sagrada del "territorio de Morgadanes, o Mogardos", testimoniando con su doblete el desplazamiento silábico de la r, así como la equivalencia de ambas formas.

En el caso de nuestro Mugardos se documentan algo más tardiamente las menciones como Mogardos, en el año 1257 se data la renuncia de Maior Rodríguez de unos terrenos situados en Mugardos a favor del monasterio de Monfero. Pero esta pequeña diferencia temporal no es impedimento para suponer que coexistieron desde un principio ambas formas, con pronunciación más o menos abierta de la primera vocal:

 
Documento de renuncia de Maior Rodríguez: "mogardos", al comienzo de la cuarta línea.

Un morgado o mogardo, según Eladio Rodríguez es un "mayorazgo, institución que perpetuaba en la familia la propiedad de ciertos bienes", y según Leandro Carré Alvarellos es el conjunto de "bienes o propiedades que no podían venderse y que, a la muerte del poseedor, pasaban a un solo heredero". Como topónimo designará el lugar donde se asienta una propiedad terrena indivisible, ligada a la figura de los vinculeiros.

El hecho de que la forma aparezca en plural podría deberse a la existencia en Mugardos de varias propiedades vinculadas. En un texto brasileño encontramos, por ejemplo, "No total d'esta Fazenda se instituiram dous Mogardos, que hoje estam unidos em hum".

La etimología tanto de mayorazgo como morgado parece ser la base latina maiorem, "[hijo] mayor", sufijada de diferentes formas. Para un desarrollo más amplio de esta cuestión: Etimología de Maragato.

miércoles, 25 de junio de 2014

A Capelada

En Portugal está bien estudiado el fenómeno de la conversión de dólmenes en capelas (Antas capelas e capelas junto a antas no território português, Jorge de Oliveira), aunque tal vez no se trate de una reutilización, sino de la pervivencia de las cámaras megalíticas como lugares de culto a los antepasados deificados. El caso portugués, aún siendo el más llamativo, no es el único: en toda la zona del megalitismo atlántico los dólmenes se consideraron como capillas, iglesias, eremitorios, monasterios o monumenta (monumentos funerarios), de aquí que la toponimia del tipo A Capela, Irixoa / Iglesuela (del latín ecclesiola), Moimenta, Mosteirón, Le Moustoir (Francia), Disert (Irlanda, del latín desertum, "lugar de retiro") siempre vaya ligada a la presencia de restos megalíticos.

A Capelada (Cedeira) podría no ser una excepción, sobre todo siendo un  conocido enclave megalítico. En este sentido, sería un topónimo derivado del gallego capela en su acepción megalítica o rupestre (latín capella), más el sufijo -ada, que añade el matiz "conjunto de elementos de un mismo tipo", en este caso, conjunto de mámoas, necrópolis. En Portugal también existe el topónimo Capelada, y Capeludos. Este último designa otro enclave megalítico importante por situarse en la feligresía de Vila Pouca de Aguiar, donde las dataciones de estas construcciones han arrojado las fechas más antiguas para el megalitismo peninsular: "Ils avaient retiré du plancher d'une chambre dolméniqne de Carrazedo, et des alentours d'un dolmen de Capeludos, quelques pièces lithiques présentant des gravures et des inscriptions alphabétiformes".

 Museo Arqueológico y Numismático de Vila Real. Objeto encontrado en un anta de Vila Pouca de Aguiar.

En Cataluña se encuentra el topónimo Capellades ya en el s. XI. Según la ficha del Nomenclàtor oficial de toponímia major de Catalunya es un "derivat de capelló, en relació amb les balmes locals". Las balmas son grutas naturales, así como los dólmenes son también grutas, aunque artificiales. De hecho es frecuente encontrarse con esta misma tipología de nombres aplicados también a las cuevas: La Chapelle aux Saints o Le Moustoir (ambas con fósiles de Homo Neanderthalensis). Y al revés, encontrarse con que a los dólmenes se les llama como a las cuevas, o se confunden con éstas (Cueva de Menga).

En algunas zonas de Francia los dólmenes reciben el nombre de chapelle du martyre ("Sur les monuments druidiques du pays de Chartrain", M. de Freminville, 1820), "ce nome me frappa", dice el autor. A mí también, porque aquí es frecuente el topónimo Los Mártires como indicador de la presencia de antiguas sepulturas.

Esto sería suficiente para ir concluyendo si no fuese porque otros autores afinan más, y proponen que capèladê es un "rocher couvert d'un chapeau" por "allusion à la présence d'un dolmen" (Hamlim y Cabrol, Les noms de lieux du departement d'Hérault). Según esta otra alternativa el étimo sería el latín capellum, aludiendo al sombrero o cubierta del anta. Con esta acepción es utilizado por Leite de Vasconcelos, "chapeu ou tampa da anta", así como por varios expertos portugueses dedicados a la cuestión megalítica; sería un término tomado del léxico popular.

No obstante, Eladio Rodríguez señalaba que "la primera acepción de este vocablo [capelo] es comunísima en toda Galicia, pues ya se sabe que cuando una cumbre está cubierta por la brétema espesa o por alguna nube es corriente decir que está encapelada o que tienen el capelo. Lo expresa además claramente el popular refrán: Cando o Pico Sagro pon capelo, meniñas da Ulla, poñede o mantelo". Cabría considerar, asimismo, que el frecuente topónimo Capelo fuese equivalente al topónimo Sombrero (Lanzarote: Punta El Sombrero), designando ambos, ya no nubes, sino cumbres y relieves en forma de boina, sombrero o cualquier otro tocado. En Francia los nombres de lugar Le Chapeau, Le Chapelet, Le Chaperon, reciben la misma explicación por parte de Dauzat, Deslandes y Rostaing: "métaphore appliquée à des hauteurs".

Ambas propuestas podrían ser en el fondo la misma, ya que se atisba un hilo conductor etimológico entre las capelas y los capelos, como cubiertas y refugios; una pareja que se opone por el género para marcar el diferente tamaño (bolsa / bolso).

sábado, 21 de junio de 2014

Dolmen da Barroca


Antiguo letrero de azulejos en donde se aprecia el retoque de la C del nombre original del Anta da Barrosa (Vila Praia de Âncora, Portugal). Barroca, en este caso, sería el nombre del anta por parecer un penedo irregular, o bien del túmulo que la cubría (del latín verrucam, "elevación").

Probablemente el error de Barrosa en lugar de Barroca se origina muy pronto en la bibliografía del megalitismo, y se propala involuntariamente en las referencias y citas, lo que lleva a la transformación trapalleira de la C del letrero en una S.

viernes, 20 de junio de 2014

El tímpano oculto en Santa María de Cambre

Hace unos días tuve la oportunidad de que mi amigo Pancho Gallego me acompañase a Cambre a ver el castro frente a la iglesia de Santa María, así como el Museo Arqueolóxico, que yo no conocía y me resultó muy interesante. En él se conservan los restos de una villa romana que se halló en las inmediaciones, fundamentalmente el balneum privado. Lástima que la bóveda que lo cubría aún no se haya reconstruido, pero sí se ha realizado una muy buena maqueta del conjunto a partir de los fragmentos conservados, que nos muestra un océano donde flotan varios tipos de peces y un precioso pulpo.

Como nos sobraban unos minutos, redondeamos la excursión revisitando la iglesia. La Hidria, la Boca del Infierno, el tímpano de la entrada con su Agnus Dei, el ara romana reutilizada para grabar un bajorrelieve de la Virgen con el Niño, y un montón de detalles más complejos que los amantes del románico saben apreciar.

El románico me atrae porque en él se manifiesta la pervivencia de cultos anteriores; gracias a que el cristianismo ha adaptado viejos rituales paganos para ganar adeptos, conservamos las trazas de viejos cultos en su arquitectura, y en los propios ritos cristianos.

Así el altar cristiano. Según Sastre de Diego, "se viene considerando el tipo de altar que bien reutiliza, bien imita un ara romana pagana, como una de las formas más antiguas de altar cristiano", esto se debería a un "intento por parte del cristianismo de ir asumiendo cada rincón de la religiosidad pagana, sin más remedio que asimilar y superponerse en muchas ocasiones a los vestigios de paganismo. Es aquí donde parece cobrar sentido la reutilización de las antiguas aras paganas y su conversión intencionada en altares cristianos" (El altar hispano en el siglo VII).

Por esta razón, siempre que voy a una iglesia antigua miro, si es posible, debajo del altar. Aunque la verdad no esperábamos encontrar esta maravillosa pieza oculta bajo él.


El relieve podría ser el viejo tímpano de la puerta que daba al claustro, según nos explicó el párroco. Se encontró durante unas excavaciones en 1916, de lo que se deduce que había sido amortizado, reutilizado como simple material de construcción en alguna de las reformas que sufrió la iglesia (breve nota del hallazgo en Castiñeiras González, "La reutilización de piezas romanas y medievales en Galicia", Brigantium, 1989-90, vol. VI).

Se trata de una pieza notabilísima por dos razones. Nos aclara el origen del tema iconográfico del Agnus Dei, que se creía judío: en ella se representa el sacrificio pagano de un cordero según el antiguo rito romano, ya que uno de los dos oficiantes sostiene el largo cuchillo propio de esta ceremonia. El animal no sujeta entre sus patas ninguna cruz, como viene siendo habitual en la iconografía posterior, únicamente lleva sobre su lomo la cinta (dorsuale) con que los romanos adornaban a los animales que eran conducidos al sacrificio. En el extremo superior izquierdo se ha esculpido el altar donde se inmolaría la víctima del sacrificio. Es el altar que nos describía Sastre de Diego, una mesa de piedra sostenida por dos aras romanas. Por lo que esta miniatura de altar resuelve definitivamente, si es que cabía alguna duda, el problema del origen del altar cristiano.


Puede concluirse que es un tímpano de transición entre lo pagano y lo cristiano, una transición incipiente en la que hay más de lo primero que de lo segundo. Es posible que por eso, tras su descubrimiento a principios del s. XX, se haya puesto bajo el altar con las figuras boca a bajo en un intento de dañar la memoria del antiguo culto pagano, circunstancia que también llamó la atención del actual párroco (damnatio memoriae, v. p. ej. Sastre pg. 324).

sábado, 14 de junio de 2014

Altagiturma

Uno de los dólmenes de Mayorga (Badajoz) estudiado por Hernández-Pacheco y Cabrera en "Pinturas prehistóricas y dólmenes de la región de Alburquerque" se llamaba Careo de Anta y Turma, o de Antas y Turmas. Estamos en una de las zonas con mayor concentración de megalitos de toda Europa, por lo que pretender ubicar con exactitud en ella el dolmen del Careo de Antas y Turmas a que se referían estos autores sería parecido a pretender encontrar una aguja en un pajar.

La web Megalitos de España lo sitúa "en la dehesa de Mayorga. Carretera de San Vicente a La Codosera. En el km 7,5 se encuentra un puente que existe en la Ribera del Fraile. Siguiendo el curso de la Ribera hacia el W, a los 500 m, junto a una charca, se encuentra el dolmen".

Pero la cartografía nacional a veces nos proporciona sorpresas como esta. Basta aplicar unos conocimientos filológicos mínimos sobre la fonética del extremeño para adivinar el nombre que subyace bajo el conmocionante Altagiturma de Mayorga: un Antas con aspiración de -s en posición final de palabra seguida de la vocal de la coordinación (ántahi), y un Turmas (con aspiración más suave de la -s, en posición final absoluta, casi imperceptible) = Antagiturma / Altagiturma. Para más señas, junto al regato de los Torrejones, nombre con el que a menudo se designan los túmulos en Extremadura.


Huma estampa de pedra preta debuxada

Ídolo placa de pizarra de la sepultura de San Tórpes (Sines, Portugal), según reproducción de Lis Velho, 1746 (en Antas capelas e capelas junto a antas no território português, Jorge Oliveira).

Leite de Vasconcelos, en Religiões da Lusitania, demuestra que las reliquias de San Tórpes fueron extraídas, como tantas, de un dolmen, y para ello se basa fundamentalmente en el testimonio de Lis Velho, que a mediados del siglo XVIII nos informaba de que el cuerpo del santo "estaba sepultado debaixo de grandes pedras". Para Leite esas piedras debían constituir "o chapeu ou tampa da anta". Todo quedaría en una suposición más que acertada, y hasta refrendada por la práctica general de la inventio de reliquias en túmulos megalíticos, si no fuese por el descubrimiento in situ, entre otras interesantes piezas, de "huma estampa de pedra preta debuxada", que además Lis Velho reproduce en su libro Exemplar da constancia dos martyres em a vida do glorioso S. Tórpes.

Esta imagen, "que tira todas as dúvidas á cêrca da antiguidade prehistorica do tumulo" donde aparecieron las reliquias del supuesto mártir cristiano, es la primera reproducción conocida de un ídolo placa lusitano.

sábado, 7 de junio de 2014

O pesadelo da Mão Furada

Nossa Senhora me disse
que me dêtasse e que dromisse
e que na' tevesse medo
nei da onda, nei da sombra
nei da unh' encutinhada
nei do pesadelo da ma' furada.

Como demostró Almeida Fernades en su Toponímia Portuguesa, los nombres de lugar Mão Poderosa y Alto da Mão Furada (Várzea da Serra) parten de las formas apocopadas Mampedrosa y Mamfurada (de "mamoa petrosa" y "mamoa furada"). Designan túmulos megalíticos, y se acompañan de unos calificativos que hacen referencia a la cubierta pétrea de algunos túmulos, o al frecuente cono de violación que se les practicaba para extraer supuestos tesoros ocultos. Pero el sentir popular ya no entiende, desde hace tiempo, que el referente que designan sea algún túmulo, sino que imagina una mano poderosa o una mano horadada. En Galicia aparece el topónimo As Maus en contexto megalítico (necrópolis de As Maus de Salas), y aunque Bascuas creía ver una base hidronímica paleoeuropea en él a partir de la forma medieval Asmanus (1024), también podría defenderse que el testimonio medieval es una latinización de As Maus, plural que partiría de la forma apocopada de mámoa > man / mao / mau.

Para el imaginario celtoatlántico, los túmulos megalíticos, sobre todo los furados, son puertas abiertas de un terrorífico inframundo por donde circulan seres atávicos y diabólicos, los muertos. Así, ateniéndonos al dato que nos ofrece Almeida Fernandes, resulta convincente sugerir que el nombre del infernal personaje del folklore portugués, conocido como fradinho da mão furada, proviene, no de tener el demonio una mano perforada, sino de habitar una Mamoa Furada o Mão Furada. De hecho en el folklore no aparecen personajes infernales con manos horadadas, y sí es la tónica general que estos habiten en los túmulos


O fradinho da mão furada. Novella diabólica (Archivo Pittoresco, 1862) relata las aventuras de un soldado llamado Peralta, que haciendo noche en unas extrañas casas abandonadas, para más señas cerca de la megalítica Évora, despierta a su habitante... Pero esta historia, como dijimos arriba, es anterior, pues arranca del antiquísimo y rico folklore lusitano que estudia Leite de Vasconcelos en Tradições populares de Portugal. Ahí encontramos que el fradinho tiene "arracadas nas orelhas".

Diablo cornudo del Pilar de los Nautas.

jueves, 5 de junio de 2014

Torre dos Mouros, castra necessaria

El imponente recinto fortificado de Torre dos Mouros enfrenta el mar de Lira con aspecto épico, como una Troya atlántica. Luce limpio de toxo, prospectado y puesto en valor gracias a la colaboración desinteresada de los vecinos de Carnota, arqueólogos, periodistas, artistas y aficionados.

Según nos informaba Manuel Gago en Conclusións de "urxencia" da Torre dos Mouros, "á luz das evidencias construtivas (muros de soga e tizón, xeitos de facetar a pedra, etc.), descártase que a fortificación fose edificada como tal na Idade do Bronce ou na Idade do Ferro, ou nun contexto moi romanizado. A primeira interpretación pasa por situar a cronoloxía da fortificación no período tardoantigo ou altomedieval" (Gago, Malde, Ayán y Toural: A Torre dos Mouros, unha experiencia de ciencia en comunidad y comunicación en directo).

Mientras las conclusiones definitivas llegan, fijémonos un momento en el significativo topónimo As Canabelas, inmediato al recinto de Torre dos Mouros por el norte. Ernest Nègre en Toponymie général de la France considera Canaveilles o Canavelles un diminutivo del latín cannabae, "cabañas, barracones, tinglados, cantinas, tabernas", término especializado del léxico militar con el que se designaba el establecimiento comercial anejo al castellum que albergaba a la legión romana.

¿Podría Torre dos Mouros ser un castellum romano? Podría. Concretamente del tipo llamado castra necessaria, de contorno irregular por venir determinada su forma por la propia orografía del terreno. Un ejemplo de este tipo de fortificación romana es el castellum del Cerro de las Fuentes de Archivel (Los castella tardorrepublicanos romanos de la cuenca alta de los ríos Argos y Quípar), estudiado por Brotóns y Murcia, con una ubicación topográfica semejante a la de Torre dos Mouros. En cuanto al problemático aparejo de soga y tizón, que también aparece en el de Archivel, hay que recordar que los romanos también utilizaron esta fábrica aunque con el nombre de emplecton, tomado del griego.

Otros autores como Cadiou creen ver una atribución indiscriminada o abusiva en el hecho de vincular casi cualquier recinto fortificado con un presidio romano (Hibera in terra miles). No será el caso.

Infografía que reconstruye el aspecto del triple recinto defensivo. Tomada del blog Que pasa na costa

Otro topónimo basado en el étimo cannaba (cannabaria) podría ser Cañaveral, disimulado hoy en aparente fitotopónimo, pero situado en plena calzada romana de la Ruta de la Plata, junto al Vado de Alconétar.