viernes, 27 de diciembre de 2013

Cantiga de Meendinho

El latín molendinum, "molino", experimentó en gallego-portugués la caída de la -l- intervocálica, con la subsiguiente asimilación del grupo vocálico oe en oo > o / ee > e. Molendinum es el origen del topónimo Mondiño o Mondinho, y por apócope medieval, de Mondín o Mondim. Probablemente, también sea origen de los numerosos Mundín gallegos.

En la Grande Enciclopédia Portuguesa e Brasileira, pg. 745: "Mendinho, < lat. molendinu > *moendinho, moinho".

La cantiga de Meendinho, ese desconocido o supuesto trovador galaico-portugués del que se desconoce su nombre y cualquier aspecto biográfico, es con probabilidad una cantiga de molendinum o de molino, una muiñeira anónima con voz femenina.

"Sería meu na ermida de San Simión" con la nota "meendinho".
Ms. B 852, Cancionero Colocci-Brancuti o Cancionero de la Biblioteca Nacional (Lisboa).

jueves, 26 de diciembre de 2013

El santuario marcado por el rayo

(C) Xesús Búa, La Voz de Galicia.

Los gallegos tenemos todavía algo de chamanes, algo de meigos, por eso no es de extrañar que en la caída de un rayo en el santuario de la Virxe da Barca en Muxía hayamos visto un milagro o un presagio, un mensaje de los dioses. Los arúspices galaicos ya están dejando sus lecturas e interpretaciones de todo tipo en los comentarios al pie del artículo publicado en La Voz de Galicia.

Para empezar hay que alegrarse de que no haya habido pérdidas irreparables: nadie resultó dañado, y las tres piezas del primitivo santuario litolátrico prerromano siguen incólumes. Me refiero, por supuesto, a la barca de piedra en que llegó la Señora, formada por la piedra de abalar, la vela (pedra dos cadrís) y el timón.



Los romanos, entre otros, consideraban que la caída de un rayo en un lugar cualquiera lo convertía automáticamente en un espacio sagrado señalado por Júpiter, el dios del rayo. Estos lugares se denominaban bidentales, pues estaban marcados por el hacha bidente del dios, por la piedra del rayo bifacial que es el símbolo del relámpago.

En Muxía asistimos a un prodigio que supera aquel que nos contaba Suetonio: "poco después cayó un rayo en un lago de Cantabria y aparecieron doce hachas, lo que se interpretó como augurio...". En Finisterre el rayo ha herido un espacio que ya estaba dotado de carácter sacro, lo que lo convierte, en mi opinión de meiga galaica, en un espacio exponencialmente sagrado. S elevado a S, o a la máxima potencia.

Procede ahora la ceremonia del fulmen condere, dar sepelio al rayo y reconstruir el recinto inviolable del templo. Como decía una vecina de Muxía, "nós, máis que católicos, somos barquistas".

martes, 24 de diciembre de 2013

Santa Baia, la génesis del hagiotopónimo

Santa Eulalia de Bóveda, Lugo.

Antiguamente los templos se construían sobre otros anteriores porque los espacios sagrados tienden a permanecer. Es el caso de Santa Eulalia de Bóveda, bajo cuyo suelo se encontró esta maravillosa cripta cristiano-romana, o paleocristiana.

La frecuencia con la que el nombre de la mártir emeritense aparece como advocación de los templos peninsulares, así como la existencia de vestigios de templos anteriores en estos lugares, es una base suficiente para sospechar que el nombre común con que se designaba a estos primitivos templos sufrió una adaptación para acabar convirtiéndose en el nombre de la santa. Un candidato perfecto es el término aula o aularia, "palacio, iglesia, hall, nave, corte".

En el estudio que Berger e Irasseur dedican a la joven recogen ciertos topónimos franceses como Saint Aulaire y Sancta Aularia cuya etimología es probablemente el latín sanctam aulam o sanctam aulariam, "iglesia". El parecido fónico con el nombre de Santa Eulalia y la trascendencia de su historia para la expansión del cristianismo influyeron en la sustitución o interpretación de uno por otro. Ernest Négre recoge asimismo los topónimos Sent Aulari y Saynt Aulari, aunque él los considera variaciones de Eulalia.

En Galicia tenemos algún indicio filológico de que ha podido suceder así:
"ecclesiam sanctae Aulaliae Altae de Speranti"  (1160, Lugo) = Santalla de Esperante, construida sobre cimientos románicos, que es como decir, romanos.

Santalla de Esperante. (C) Free Cat, en Flickr.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Lobio

En francés el término allée, "camino, pasillo", designa tanto las galerías de árboles que bordean los ríos, como los corredores de cierto tipo de sepulturas, los paseos urbanos o alamedas, avenidas y promenades.

Con el gallego lobio, "galería, pasillo emparrado, sepultura", que tal vez debería escribirse con uve por lo que se verá a continuación, podría suceder algo muy parecido, es decir, que el término utilizado para designar a las galerías o pasillos fluviales haya ampliado su capacidad denotativa. En documentación medieval las menciones al camino que sigue el río, siempre marcado en Galicia por su galería arbórea, se encuentran por ejemplo como ipso fluvio / ipsum fluvium, que perfectamente puede originar Solovio.

En el Du Cange bajo la entrada que dedica a lobia, y tras sostener su origen germano (laubia, "galería") recoge una interesante cuestión sobre el origen del hidrónimo Lobach: "ibi sibi fieri jusserat obumbraculum ad temperandum solis æstum, quod Lobiam vocant. Inde putant locum dictum nomine permanente, rivulumque a loco, non locum a rivulo nomen traxisse, quod videtur magis verisimile esse" (= parece más verosímil que el río se llame Lobach por el umbráculo o lobia, y no que el umbráculo o lobia reciba su nombre por el río Lobach). Pero los expertos y aficionados a la materia hidronímica sabrán ya que es justamente al revés de lo que plantea este autor: los antiquísimos nombres de los ríos son los que se extienden a otros ámbitos.

Nuestros Lovios o Lobios (Loivos, en Portugal), el Solovio compostelano donde se encontró el sepulcro de Santiago, y el nombre común lobio podrían provenir, pues, del latín fluvium o bien de una base hidronímica paleoeuropea *LUP- / *LUB-, pero en cualquiera de los dos supuestos, me parece que la única forma de abordar el doble significado del gallego lobio (galería y sepultura) pasa necesariamente por las galerías arbóreas de los fluvios o *LUBIOS.

Para la toponimia asturiana de este tipo, Xosé Lluis García Arias propone que "Lloviu, pueblo a orillas del Seya, y La Vega Lloviu en la orilla occidental del Deva, donde brota una fuente abundante que abastece a la mayoría de los pueblos de Ribedeva, podrían ser algunos de los escasos continuadores del latín FLUVIUM ‘río’".

sábado, 14 de diciembre de 2013

El arte parietal del paleolítico a través del folklore

Lewis-Williams no tuvo ningún reparo en utilizar el folklore (mitología) de los indios norteamericanos y de los bosquimanos San para explicar el arte rupestre como plasmación de creencias transmitidas oralmente; uno y otro son dos caras de la misma moneda, un único producto de la mente humana modelada por la caverna, o mejor, de la caverna / roca modelada por la mente.

Los expertos en arte rupestre paleolítico destacan que para la creación de las figuras animales con frecuencia los artistas aprovecharon los relieves, texturas y colores de la roca integrándolos en el diseño. En mi opinión no es una conclusión correcta porque más bien los artistas paleolíticos lo que hicieron fue rescatar de la roca la figura oculta en ella, como hacía Miguel Ángel. Por este camino tiran Clottes y Lewis-Williams en Les chamanes de la préhistoire, aunque desde esta perspectiva parecería innecesaria la hipótesis del chamanismo que sostienen ambos autores, pues la raíz del arte rupestre paleolítico, y  del arte en general, se explicaría por el fenómeno mental denominado pareidolia, por el cual el ser humano es capaz de identificar o abstraer, por ejemplo, ovejas de ciertas formas de las nubes sin necesidad de pintar o esculpir nada, o flores, mariposas, murciélagos... de las manchas de tinta que se utilizan en el test de Roschard.

Johannes Scheffer, en su Laponia, nos explica que los seita o dioses lapídeos de los saami eran rocas naturales con formas. En particular había una con forma humana en una isla en medio de una catarata del lago Tornetrask.


En la mente imaginativa del creador, que Lewis-Williams y Clottes convierten en chamán, la forma preexiste a su plasmación, el arte al artificio, lo que podríamos resumir como el arte sin el arte. Veremos más abajo que es esta capacidad de ver y hacer visible a los demás lo que no puede ser visto lo que define al creador o, si se prefiere, al chamán, y veremos que en el pasado la imaginación, la capacidad de ver ovejas en las nubes, o bisontes en los abultamientos del techo de Altamira, no se conseguía con facilidad, y era probablemente provocada por el consumo o aplicación de drogas.

 Culto a los antepasados o a los dioses ante un hito con forma natural de rostro humano (Siberia, colección del Museo de Novosibirsk).

Forth, en Hominids, hairy hominoids and the science of humanity (2005), cree encontrar el recuerdo de especies extinctas hace 13.000 años en el folklore de la Isla de Flores; en estas leyendas los seres denominados Reba Ruek, que habitaban la cueva con estalactitas de Liang Bua, podrían ser la pervivencia legendaria de la especie Homo Floresiensis. Una profundidad temporal semejante o incluso mayor podría suponérsele al folklore europeo de las fées, anjanas y encantos.

Francesco Benozzo ha señalado recientemente en su interesante Credenza preistorica e leggenda agiografica: chi é preda e chi predatore? la posibilidad de que la leyenda hagiográfica de San Pellegrino dell'Alpe sea versión cristiana de un mito prehistórico que denomina il Signore degli animali, lo que supone otro acercamiento a la profundidad temporal del folklore.

Sentados estos precedentes, y puesto que conservamos el folklore y los necesarios informantes, nada impide proponer que el arte rupestre europeo sea plasmación de un mito, como ya había sugerido Leroi-Gourham para la famosa escena del pozo de Lascaux.

La potencia estratigráfica temporal del uniforme folklore europeo podría ser mucho mayor de lo que se cree. Partiendo de la base continuista de la Teoría de la Continuidad Paleoeuropea podemos presuponer que el folklore europeo, los cuentos de viejas, ya estaba consolidado hace por lo menos 30.000 años tal y como lo conocemos hoy, conformando un corpus prehistórico coherente, e idéntico al mito que ha llegado vivo hasta nosotros a través de la transmisión oral. Que el arte rupestre prehistórico puede ser la versión gráfica de estas leyendas se apoya en la constatación de dos hechos:
  • los temas y las narraciones del folklore de las grutas y los del arte de las cavernas son muy similares, si no idénticos. Nos cuentan fragmentos de una misma historia. Una historia ciertamente extraña e incomprensible, modelada por la acción de la mente sobre la caverna-roca.
  • las zonas geográficas que ocupan el arte rupestre paleolítico franco-cantábrico y el folklore de las grutas no se superponen, este último se dispersa por un área más amplia, por lo que la coincidencia temática entre leyendas y motivos artísticos no puede justificarse recurriendo a supuestas incursiones puntuales de lugareños en unas grutas pintadas que, recordémoslo, aún no estaban oficialmente descubiertas cuando se comenzaron a recopilar los mitos paleoeuropeos. El folklore o mito es muy anterior a su expresión artística, y aunque se retroalimenta con ella no surge de ella.

Oí encajar con un clic mental esta hipótesis cuando leía por encima a Leon Coutil: en su Inventario de los descubrimientos arqueológicos de Normandía (1896) nos cuenta que en Mantilly existía una leyenda según la cual en el abrigo rocoso de la Maison des Sarrazins se ocultaba al fondo un toro negro. Y es que en la topografía de las cuevas pintadas la ubicación final, según demuestran los trabajos de Leroi-Gourham, se reservaba para plasmar a los animales peligrosos. El folklore aparentemente reciente y el arte prehistórico mostraban así una primera coincidencia.

Toro negro de Lascaux. (C) Ministère de la Culture et de la Communication (France).

En una época en que el lobby académico todavía consideraba que el arte parietal paleolítico era un fraude de Sautuola, Sébillot, ajeno a todo esto recopilaba el folklore de las grutas y nos hablaba de las Margot-la-fée, "nom qu'elles portent dans la partie centrale des Côtes-du-Nord; possédaient des boeufs et des vaches qui sortaient le matin de leur résidence souterraine et n'y rentraient que le soir" (Sébillot: Le folklore de France).

Bóveda de las vacas rojas, Lascaux. (C) Ministère de la Culture et de la Communication (France).

En otra leyenda recogida en 1845 por Lochet se cuenta que en el fondo de la Grotte Margot habita la señora Margot, si se desea doblegarla para coger el tesoro que custodia se le ha de ofrecer una gallina negra: en cierta ocasión un trapero equipado con el ave se adentra en las profundidades de la cueva y dos días después se encuentra su cadáver en un sima. Una variante anterior de esta historia se plasmó en la representación mítica que Leroi-Gourham creía adivinar en el panel del pozo de Lascaux; un mito que posiblemente ya era un mito hace milenios.

 Escena del pozo de Lascaux.

Según el folklore recopilado, en las grutas, en "los cóncavos y soterraños", vivían unos espíritus femeninos denominados fées, anjanas, lamiñac, sorcières... que a veces aparecían en grupos de tres. "Le Bon Dieu les a créés avant les hommes" (La grande encyclopédie des lutins, Dubois y Sabatier). En ocasiones adoptaban la forma de animales (Sébillot: Traditions et superstitions de la Haute Bretagne, pg. 91). La mayor parte de las veces eran invisibles para los hombres, a no ser que se frotasen los ojos con un ungüento que proporcionaba la clarividencia, ya que de día era difícil verlas, aunque de noche todo el mundo las veía (Sébillot: ibid. pg. 88); práctica chamánica que podría ser un argumento para apoyar por lo menos parcialmente la tesis principal de Lewis-Williams y Clottes.

Tres fées en la Roc aux Sorcières, Angles-sur-Anglin. La de la derecha es una figura hibridada con un bisonte.

Las cuevas pintadas tienden a ser monotemáticas, o cuando menos los grandes paneles reiteran hasta la saciedad un tema animal. Las fées también tenían ganaderías monotemáticas, poseían casi todo tipo de animales, las de tal cueva, cabras, las de tal otra, caballos... principalmente eran dueñas de enormes rebaños de bueyes, que guardaban en sus establos subterráneos. Los bueyes de las hadas eran invisibles, excepto para la pastora que los guardaba (Sébillot: ibid., pg. 93 y 119). La invisibilidad, que aparece en más ocasiones en la recopilación de Sébillot, podría indicar la dificultad a la que se enfrentaba en el pasado la mente humana a la hora de abstraer las figuras de sus mitos, de imaginarlas a partir de la superficie rocosa.


Establo de las anjanas. (C) Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira - P. Saura.
"La xana tiene ganado, toros y vacas preferentemente", Constantino Cabal, Los dioses de la vida)

Abrigo de Petón da Campaíña en Corme, con relieves femeninos. Fotografía cortesía de Pablo Novoa.

Las hadas, si alguna vez existieron, han desaparecido, las cuevas que habitaban se han cerrado lentamente (Sébillot). Nos queda la correlación folklore-arte rupestre para intentar comprender el mitologema paleolítico. Nos quedan los nombres de gran número de cuevas pintadas, que coinciden con los nombres de sus posesoras en el folklore. No creo, como Forth para el folklore de Flores, que esta historia oral y gráfica sea el recuerdo legendario de  una especie extinta, creo que es una historia inventada por el ser humano a cerca de unos poderosos espíritus femeninos que poblaron las cuevas, más antiguos que el hombre, posesoras de enormes riquezas en forma de ganado, sabias, curanderas, madres, a las que se les rendía culto como diosas. También nos queda, siguiendo a Benozzo, la idea de que es mejor renovarse que morir, que los mitos depredan creencias posteriores para no desaparecer.

Oquedad en forma de mandorla en la gruta de Massabielle, donde Aquero (Ella, la Señora) se le apareció a Bernardette Subirous.
Fuente: base de datos de la Bibliotheque national de France.

La historia de la señora oculta en las entrañas de la roca, al completo, ha sido recogida por centenas de folkloristas; dos de ellos han sido mi principal fuente de inspiración, el francés Sébillot por su rigor escrupuloso y práctica presentación, y el asturiano Cristobo de Milio Carrín (La creación del mundo y otros mitos asturianos).

martes, 3 de diciembre de 2013

Esqueuomorfos

La primera vez que tuve contacto con esta palabreja que parece sacada de un relato de Lovecraft, y que aún no sé muy bien cómo escribir, fue leyendo un texto de Pena Graña, en el que sostenía que la decoración de las cámaras de los megalitos galaico-portugueses eran esqueuomorfos de tejidos o tapices: "as pinturas dos dolmens galegos como xa temos mencionado noutro lugar e tempo representarían, seguramente, esquevomorfos de motivos de tecidos e de colgaduras (Pena, ex Luis Monteagudo García 1995)".

El esqueuomorfismo es la pervivencia de una forma necesaria e intrínseca al objeto original como simple decoración "inútil" de otro posterior que lo sustituye. Serafín Moralejo define el esqueuomorfismo como"la presencia en un objeto de rasgos formales que carecen de motivación en relación con sus funciones o condiciones de su producción y que tan solo pueden explicarse como atavismos" (Formas elocuentes). Para Julio Caro Baroja el esqueuomorfo es "una adaptación de una forma impuesta a un objeto por el material con que está construído, a otro objeto análogo pero fabricado después con material diverso". El ejemplo más claro que me vino a la memoria fue el de las jarras y cuncas de ribeiro tejidas con mimbre y por ello con un diseño en forma de bandas verticales de ondas.

Jarra de mimbre de Arxeriz.

El sistema de fabricación de la jarra de mimbre, así como su función, es el que determina su aspecto. Después viene la transformación de la estructura en motivo decorativo, que surge cuando pasa a emplearse otro material que no soporta idéntico tratamiento, y a pesar de ello se quiere mantener el recuerdo del diseño original. Así nacieron, ciñéndonos a la jarra de ribeiro, aquellos engendros de jarras de plástico amarillo pálido con onditas en relieve (amarillas por el color del mimbre, con onditas porque pretendían imitar el tejido de cestería). Así nacieron también las maravillosas cuncas de Sargadelos decoradas con onditas esqueuomórficas.

 Tapiz bereber que recuerda la decoración de Dombate.

Bruno Barbatti (Berber carpets of Morocco: the symbols, origin, and meaning) encuentra semejanzas entre el arte Paleolítico y algunos de los motivos de los tapices bereberes. A mí me resulta atractiva la idea de que originariamente las frías cámaras de piedra de los dólmenes pudieran haberse decorado o abrigado con tapices para hacerle más agradable la estancia al difunto, a semejanza de su morada cuando estaba vivo; el ajuar funerario que se introducía en ellas cumplía una función similar. Quizá por necesidad de economizar las materias primas o por garantizar la perdurabilidad de estos tejidos se comenzó a representar su estructura pintada, prescindiendo de los objetos textiles originales. Aunque sospecho que considerar este caso un ejemplo de esqueuomorfismo podría acabar convirtiendo cualquier representación pictórica o escultórica en esqueuomórfica del objeto representado. Creo que para poder considerar un objeto esqueuomorfo de otro ha de haber continuidad entre ambos (así las jarras de ribeiro), no ser uno representación de otro. Es decir, en el caso textil, son esqueuomorfos del tartán los tejidos ilustrados con prints o estampados de cuadros escoceses, y no lo serían unas fotografías o dibujos del tartán.

Por lo que he podido averiguar fue Elizabeth Shee Twohig la que comenzó a introducir en 1981 los esqueuomorfos en el arte megalítico, con el "skin skeuomorph" que le parecía ver en algún ortostato de la Arquinha da Moura, y con los esqueuomorfos de tejidos de la cista de Göhlitzsch (arriba). Me parece que Shee utiliza erróneamente el término con el significado de silueta o dibujo esquemático. Por lo demás, W. Andrae en 1931 ya había sugerido que algunos relieves de los murales asirios estaban inspirados por los tejidos de los tapices, con patrones a base de rectángulos, como si fuesen tapices esculpidos en piedra.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Los hidrónimos Fontardión y Rebentón

En gallego la pérdida de la -n- intervocálica se produjo, aunque resulte paradójico, no solo en el interior de una palabra, también en posición inicial, por la fonética sintáctica de la frase en que va situada, que proporciona el contexto vocálico necesario para la caída de la nasal.

En contextos frasales adecuados los hidrónimos paleoeuropeos *NAR- y *NANT- pueden experimentar la pérdida de la nasal. Es el caso de Fontardión (Serra do Forgoselo) y de Rebentón / Reventón (varios en Galicia y oeste de la Península).

  • "et inde a Teixido, et inde super fonte Nardilonem, et inde ad illum montem desuper Camba de Ricadii" (925, Caaveiro) - actual Fontardión, también con caída de -l- intervocálica.
  • "Sancte Marie in ripa Nantone ubi dicunt Mosoncio" (966, Sobrado).
  • "et inde ad fontem de riuu de Nanton" (1153, Sobrado).

El hidrónimo paleoeuropeo *NAR- ya lo había tratado en otra ocasión (Raíz hidronímica *NAR-, Celtiberia.net, 2007), baste decir aquí que según el glosario de Simonet nar o ner era "nombre español del agua".

*NANT- se conserva en las lenguas célticas con el significado de "valle", y así ya se recogía en el Glosario de Endlicher donde se aclara que el galo trinanto = tres valles.

Reventón o Rebentón, que se encuentra escrito de estas dos formas probablemente por su doble etimología (rivu / ripa), significa "cuesta muy pronunciada" / "nacimiento de un río", por lo que encaja a la perfección con la etimología que estamos proponiendo a partir del testimonio del documento del Monasterio de Sobrado, pues "ripa Nantone" viene a ser la subida, cuesta, zona alta o encosta del valle, donde con frecuencia nacen los ríos.

De lo expuesto hasta aquí se desprende que reventón o rebentón, "cuesta pronunciada" / "nacimiento de un manantial", podría ser un préstamo del galaico-portugués al resto de la Península, ya que la desaparición de la nasal intervocálica no se ha experimentado fuera de nuestro ámbito: por ejemplo en contextos con derivados del latín fontem la hidronimia del tipo Juanantón (Llanes) pone de manifiesto la conservación de la nasal de *NANT-. También cabría explicar la desaparición del la n- inicial de *NANT- o de *NAR- por otro fenómeno de fonética sintáctica: la nasal de estos hidrónimos habría sido absorbida por el archifonema nasal /N/, marca del caso acusativo de la palabra a la que van determinando "fonteN (n)antone", para desaparecer finalmente con el derrumbe de la flexión nominal latina, pero esta posibilidad implicaría retardar la ruina de la declinación, que se supone muy anterior.

La infinidad de casos que se registran en nuestra geografía del aparente antropónimo Antón / Antonio en combinación con hidrónimos como Fonte, Veiga, Rego, incluso con el omnipresente y falso Santo procedente del latín saltum, obliga a suponer que muchos de estos casos no reflejan un nombre de posesor, sino que se trata de versiones populares construidas a partir de secuencias como FONTE / VEIGA / REGO + *(N)ANT-. Aparentes posesores y piísimas advocaciones, tras las que se esconden los nantones galaicos, célticos paleoeuropeos hasta la médula.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Forno, forca et fita

La tríada galaica forno, forca y fita recoge los nombres tradicionales de tres tipos de megalitos existentes en nuestra geografía, el dolmen bajo túmulo, el dolmen sin túmulo y el menhir. La tipología al completo aparece en un documento de delimitación que atestigua, como tantos, la funcionalidad de mojones de los megalitos (Monasterio de Celanova, año 1032): "dividet cum Sabuzeto et de alia parte per forno, forca et fita".

De los fornos y las fitas ya hemos tratado en el blog. Nos quedan las forcas y su posible relación con el nombre de orcas u horcas (tal vez con h- antietimológica, tal vez no) que reciben en Portugal, León y Extremadura los dólmenes exentos o con túmulo muy rebajado.

Normalmente se considera el portugués orca como variante del gallego arca, construcción utilizada como mojón; la mayor parte de las veces los mojones son monumentos megalíticos que por su visibilidad y situación limitánea servían como marcadores territoriales. Sin embargo, se observa que en la Romania los derivados del latín furca fueron habitualmente empleados para designar a estos monumentos, como ya pensaba Villa-Amil en su Antigüedades prehistóricas y célticas de Galicia, aunque en muchos de estos lugares ya se ha olvidado el verdadero referente y la opinión general es hoy la de que en ellos se ubicaba un patíbulo para los delincuentes.
  1. "de ipsa petra forcata ad arcam que dicitur de Sobereira" (Oia, 1135. Fuente: CODOLGA)
  2. En Extremadura: dolmen del Cerro de la Horca o del Garrote (Garrovillas de Alconétar), dolmen del Guadalperal junto al Cerro de los Horcos (Peraleda de la Mata).
  3. En Zamora: dolmen de San Adrián en el Pago de la Horca (Granucillo).
  4. En Portugal: dolmen del Cabeço da Forca (Rosmaninhal), dolmen da Orca dos Juncais.
  5. En Francia: dolmen de Puy de Fourche.
Les Fourches, según Lucien Gautier (Biblioteca Nacional de Francia).

Es curioso que en la versión aragonesa de la Historia adversus paganus las famosas Horcas Caudinas, Furcas Caudinas, se traduzcan como alindamientos caudinos. El editor comenta que "el traductor parece haber tenido dificultades para entender la expresión latina", y yo creo, en cambio, que la ha entendido perfectamente.

Es posible que coexistan dos nombres, uno derivado de furca > forca / horca / jorca, y otro derivado de archa --> orca. Sin embargo, dado que entiendo que la antigua denominación de archas aplicada a los dólmenes se basaba en su parecido con huchas o celeiros, "hórreos", me inclino a pensar que el portugués orca deriva de furca, con pérdida de f- inicial por influencia de las lenguas vecinas. Así, en documento leonés: "murocos lapídeos de Furca Vetula" (año 1243) = amontonamientos de piedras de la Horca Vieja. En la toponimia francesa: Fourchevieille. En Galicia la historia de la Orcavella u Orca Vella de Fisterra nos viene de la mano de un escritor español que bien podría haber castellanizado un original Forca Vella.

En el ámbito galaico-portugués podemos presumir una antigua utilización de furca con el sentido de "rueca". Aunque no está atestiguada en el léxico, nos viene dada por una evidencia del folklore. Es la historia de la vieja moura constructora de megalitos, que transportaba estas grandes piedras siempre "fiando na roca". Un tópico estudiado por Fernando Alonso Romero (Las mouras constructoras de megalitos) y que puede redondearse recordando que los megalitos franceses a menudo se imaginan como el fuseau, "huso", y la quenouille, "rueca", de una giganta. La antigua furca, "rueca", se sustituyó por el término de origen germano roca / rueca < RUKKA, pero permaneció en los nombres de los megalitos del tipo Forca / Horca / Orca y en el folklore, donde se relacionan estos monumentos o furcas con las ruecas de las mouras.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Nuestra Señora de los Ángeles de La Moheda

Este convento franciscano abandonado durante la desamortización, y en estado ruinoso, está situado entre los pueblos de Grimaldo y Mirabel, en las inmediaciones de un ramal de la calzada romana que discurría desde el vado de Alconétar, continuaba por Cañaveral hasta Casas de Millán (probablemente por donde discurre la vía del tren entre ambos pueblos), y de ahí por el viejo camino empedrado que iba de Las Casas a La Moheda.

Mi hermana y yo en el convento de San Francisco de la Moheda, o de Nuestra Señora de los Ángeles, fotografiado en 1975 por Domingo González.

Mapa de la Provincia de Estremadura, por Tomás López, 1766.

A pesar de la etimología árabe que explica el topónimo Moheda / Moeda como procedente de este idioma, tanto su significado como su aspecto fónico pueden explicarse a partir del galaico-portugués Moita (también Mouta), que significa elevación, prominencia del terreno cubierta de matorral espeso. Una temprana documentación del topónimo Moita viene asociada con la presencia de un túmulo: "pela moita da mamua" (año 1106, Oliveirinha). En el caso de los nombres de lugar extremeños del tipo Moeda se habría producido apertura del segundo formante del diptongo oi de Moita, así como lenición o suavización de la -t- intervocálica. Por ello serían homólogos los topónimos peninsulares Moita, Moheda y Mota, o Moutela, Mohedilla y Motilla.

sábado, 23 de noviembre de 2013

La boca del infierno de Santa María de Cambre

Boca del infierno, Santa María de Cambre. (C) Ángel Facio.

De la boca del infierno, representado en forma de bestia con el cabello llameante, intentan escapar los condenados, asomando sus diminutas extremidades. Se ha repetido hasta la saciedad que la iconografía de las iglesias es una Biblia en imágenes, y es tan cierto, que el códice de La Biblia en Imágenes (Pamplona, año 1197) contiene una ilustración similar del infierno.

Bible de Pampelune, Amiens. (C) Institut de recherche et d'histoire des textes - CNRS

Boca del infierno, iglesia de Dauntsey (Inglaterra). (C) Ángel Facio.

viernes, 22 de noviembre de 2013

¿Baño o ducha?

Alonso Romero, siempre tan al detalle, se pregunta si las abluciones que realizaban los antiguos al pie de los megalitos serían en forma de ducha o de baño. Y la pregunta tiene su aquel de curiosidad etnográfica, y megalítica.

Nos llega de las manos de Geoffrey de Monmouth y de Roger de Wendover esa historia de que en un megalito de Hibernia, cuyas enormes piedras habían sido transportadas por gigantes desde los confines de África, se habían hecho unos baños, que eran utilizados de la siguiente forma: tras lavar las piedras con varias confecciones de hierbas, se sumergían en el baño, y allí se curaban de sus enfermedades, pues no había piedra que careciese de propiedades medicinales.

Pues bien, ¿baño o ducha? Baño. Sin duda baño, de asiento. El interior de las cámaras megalíticas irlandesas estaba repleto de stone basins o pilas aptas para tomar estas aguas medicinales, que adquirían sus propiedades cuasi milagrosas tras su contacto con la piedra.

Una de las cámaras de Loughcrew dibujada como estaba antes, con su balneo, por Conwell en 1873 (Discovery of the tomb Ollamh Fodhla).

El baño en las lágrimas del ojo de la roca que llora (Pèlerinage de vie humaine, G. de Digulleville, s. XV). (C) Institut de recherche et d'histoire des textes - CNRS. 

Pila o baño de la cámara del dolmen de Dowth, Irlanda. (C) World Heritage Ireland

Círculos concéntricos en el stone basin del dolmen de Knowth, Irlanda. (C) World Heritage Ireland.

 
Espirales en la pila conocida como Hidria de Caná o de Jerusalén, Santa María de Cambre. (C) Wikipedia.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Las piedras que fingen

El folklore popular nos ha transmitido la creencia de que algunas piedras, principalmente los menhires, están habitadas por un espíritu. En consonancia con esto, la documentación medieval ya recogía, para prohibirla, la costumbre pagana de rendir culto a determinadas piedras, consideradas ídolos o simulacros ficticios de algo, puede que de antiguos dioses, puede que de nosotros mismos. En numerosos textos medievales se describe la pervivencia del culto pagano a falsos ídolos de piedra, siendo particularmente interesante el documento que relata la cristianización que realizó, en la Bretaña francesa, San Sansón, grabando una cruz sobre un idolum o simulacrum, que era, finalmente, un menhir: "signum crucis, quod sanctus Samson sua manu cum quodam ferro in lapide stante sculpsit" (véase para la equivalencia simulacrum = lapide stante / menhir: d'Arbois de Jubainville: Le culte des menhir dans le monde celtique, 1906).

Se sabe que el dios más importante de los galos, Mercurio, era venerado en forma de menhir o marco: "Deum maxime Mercurium colunt, hujus sunt plurima simulacra" (Cesar, De Bello Gallico). Así, el testimonio de Cesar nos acerca al carácter simulácrico de los menhires. Un subtipo de menhir era el denominado herma, de ahí la interpretatio romana de considerar Mercurios (Hermes) a los simulacros galos.


Pilar cuadrangular o herma galo-romano del museo de Quimper.

Creo que por todo ello resulta relevante y revelante desarrollar un pequeño detalle etimológico que encaja con esta cualidad idoliforme y simulácrica de los menhires: teóricamente, el latín fictum, el nombre con el que se conocía a los hitos o mojones, a las pedrafitas o menhires, tanto puede provenir de figere, "fijar", como de fingere, "fingir, simular, figurar, tallar, esculpir". En el segundo caso, fictum es sinónimo de ídolo, simulacro, imago, escultura, talla. Por otra parte, intuyo que ese fingimiento o capacidad de simbolizar y representar del ídolo o ficto, puede acabar deviniendo falsedad.

En el ámbito lingüístico itálico encuentro varios casos, aunque no son mayoría, en que la secuencia petram fictam se interpreta o es traducida como "piedra tallada" (de fingere): uno es el actual topónimo Pietratagliata, denominado antiguamente Petram Fictam; otro, la traducción que realiza un estudioso italiano de la frase Petram fictam = rupe scolpita; otro autor defiende que el nombre de lugar Pietrafitta "sta per petra ficta (per manu hominis), cio è un menhir", recalcando el hecho de que son piedras talladas por la mano del hombre. Aunque a veces no lo parezca, por su tosquedad, todos los menhires están tallados.

¿Qué fingen las piedras? Antiguamente se distinguía, si se quería ser preciso, entre simulacro e ídolo (ficto): simulacro era una imagen semejante, que imitaba algo existente en la naturaleza, e ídolo, un soporte en blanco que podía ser utilizado por la gente para albergar cualquier contenido que el observador o el grupo pudiese desear. Por eso, para la teoría semiótica de Ockham el ídolo (ficto) era una imagen mental, la cara significado del signo lingüístico Es la misma distinción lingüística que Peirce establece entre los tipos de signos denominados iconos y símbolos, los iconos se parecen a lo que representan, los símbolos no; en ellos hay una convención arbitraria, una especie de acuerdo previo que determina su significado. Los símbolos y los ídolos son, por lo tanto, convencionales, resultado de un pacto social que es necesario respetar para mantener su validez. Los símbolos / ídolos son la esencia del lenguaje humano; en este caso, con la particularidad añadida de que el código es de piedra.

 Marco do Salto, Irís, Cabanas. (C) Ángel Facio, 2013.

Es difícil tratar de dilucidar si la toponimia del tipo Pedrafita proviene del participio fictum, "ídolo, efigie, piedra tallada, símbolo", tal y como indican el folklore, las tradiciones conservadas hasta la actualidad, y el carácter de signo territorial de los marcos o si, como se cree, proviene del latín fixam --> fictam, "fija, clavada".
  1. "Et inde ad Petra Ficta et inde ad Montem Miserum" (año 572, Braga)
  2. "Et inde per Petras fixas que ab antiquo fuerunt constructe" (año 877, Mondoñedo) 
  3. "Per petras fictas qui ab antiquo pro termino fuerunt constitutas" (año 911, Braga)
  4. "Invenimus petra alviata ficta pro terminum" (año 950, Celanova)
  5. "Venimus per signas et patronos fictos" (año 950, Celanova) 
  6. "Et muliones fictiles per summo autario" (año 950, Celanova)
  7. "Per forno, forca et fita" (año 1032, Celanova)
  8. "Petras mobiles uel fictas" (año 1089, Lourenzá); "Petras mobiles uel fictiles" (año 1077, Lourenzá)

Ficto de Trobajo del Camino, Museo de León. Inscripción: PRIVATU.

Del examen de la selección anterior se desprende la preferencia por el término fictum (de fingere), el hecho de que estos fictos eran artificiales, construidos por la mano del hombre (de fingere), y que servían como símbolos de demarcación territorial (de fingere). Todo lo cual avala la propuesta que estamos defendiendo. A pesar de ello, no cabe negar que se produjo un cruce o influencia del participio fixum (de figere), que no acabó de cuajar, pues toda la toponimia románica tiende a reflejar la forma primitiva: Pedrafita, Piedrahita, Pierrefitte.

Chamorro

Tal y como había señalado el Padre Sarmiento ("de clamore?") y apunta Cabeza Quiles para el monte Chamor de Silleda, el Chamorro de Ferrol podría provenir del latín clamor, "rogativa, petición, impetración", más exactamente, como señala el diccionario de Figueirido: "Procissão, por votos antigos, quasi sempre de freguesia para freguesia".


Muy pocos ferrolanos saben que en la ermita de Nuestra Señora de Chamorro se oculta esta maravillosa piedra abaladoira cristianizada. Exactamente las piedras abaladoiras son piedras oraculares danzantes (cfr. el topónimo próximo A Bailadora), utilizadas en primitivos rituales de impetración. "Cando a abaladoira sona, ou chove ou trona" (refrán de Laxe).

La piedra de Chamorro fue considerada una manifestación de la divinidad, y lo sigue siendo, aunque transmutado su carácter pagano en cristiano: se dice que en su superficie la Virgen dejó impresas o en relieve las huellas de casi todas las partes de su cuerpo, sus ojos, su barbilla, sus rodillas, un hombro..., y sobre ella se han grabado varias cruces. En esta piedra que finge ser piedra se esconde la imagen de la primitiva deidad del santuario.

Sobre los antiquísimos rituales que tenían lugar junto a esta tipología de piedras móviles, Fernando Alonso Romero es del parecer de que "no es difícil ver en estos testimonios [del folklore] la posibilidad de que en el Promontorio Sagrado los navegantes propiciaran a los espíritus que se albergaban en las piedras de ese lugar para que se manifestaran de forma positiva y los elementos atmosféricos les fueran favorables" (Cultos y creencias en torno a los megalitos del área atlántica europea, pg. 217). De acuerdo con lo expuesto por el profesor, recordemos que la Patrona de la ermita de Chamorro es Nuestra Señora del Nordés de los Navegantes, la Madre del Viento. Favorable al viento náutico propicio para el retorno de las rutas celtoatlánticas.

En este sentido, dice Paul Sébillot en su impagable Le folklore de France (Le ciel et la terre, 1904, pg. 407), que "golpeando una de las siete cazoletas o coviñas grabadas en el dolmen de Roch enn-Aud (Quiberon) se puede obtener un viento favorable para el regreso al país natal de un marino embarcado en un navío".

sábado, 9 de noviembre de 2013

Rochel, Rochela, Arrochela

Rochel es el nombre de una calle de Ferrol que en la actualidad está completamente urbanizada. Hasta hace unos 20 años todavía se conservaba una antigua huerta, aunque creo que ya había desaparecido el lavadero que menciona este documento rescatado por Montero Aróstegui: "el propio año [de 1736 se construyó] otro lavadero á las inmediaciones de la Puerta Nueva y contiguo á la muralla de la huerta que llaman de Rochel". Este lavadero todavía estaba en uso hace 40 años, aunque, que yo recuerde, solo era utilizado por una señora muy mayor que se llamaba Juanita, que todavía prefería hacer la colada al modo antiguo, poniendo la ropa enjabonada a clarear al sol unas horas, antes de enjuagarla con agua.

La etimología del topónimo, así como la de la mayoría de Rochelas y Arrochelas esparcidas por la geografía gallega, me parece relacionada con el latín ruptella > rochela, en consonancia con la condición de ser terrenos dedicados al cultivo, tierras ruptas. En otros ámbitos del romance peninsular este étimo latino origina toponimia como Rodilla o Rodiella, y en el nuestro, siguiendo su evolución natural, Arrotea / Rotea.

"usque in aqua que discurrit per caput de ruptelas Argirizi" (año 906: Coimbra. Fuente: CODOLGA).

En el caso de los Arrochela galaico-portugueses, habrá que partir de arruptella, cuyo prefijo sentido como artículo femenino a, con frecuencia es segmentado en A Rochela (cfr. el famoso Agrela --> A Grela). Aunque no habría que descartar la propuesta del Elucidário del Padre Santa Rosa de Viterbo, donde se menciona un arcaico abrutella que nos lleva hacia el opuesto abruptella, "abrupta", que viene bien para el carácter de fortalezas inexpugnables de algunos lugares nombrados con este topónimo, como el de La Rochelle (Francia) y A Rocha Forte o A Ruchela (Santiago de Compostela), para los que habría que suponer una "[turrem / rupem / petram / arcem] abruptam" > arrocha, y luego A Rocha o La Rochelle por fenómenos de etimología popular o fonética sintáctica.

En el Du Cange, rocha = castro,castillo, fortaleza.

Respecto a la etimología de rocha a partir del latín abrupta, además de la adecuación fonética y semántica tenemos algún indicio en la continuidad entre el topónimo italiano Villa Rocca y su forma medieval "Curtis Rupte". La evolución del grupo latino -pt- hacia la africada palatal sorda "ch", impropia del gallego-portugués, puede orientar el origen de nuestro rocha como préstamo de una lengua vecina.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

A peeira dos lobos: la leyenda detrás del cuento de Caperucita Roja

Para mis sobrinos, Sabela y Jorge

Dicen que Caperucita podría ser de Lobeira, una aldea de Guimarães, en Portugal.

Esta es la leyenda que se contaba en Lobeira sobre una niña que fue capitana de lobos. Una historia como esta le sirvió a Perrault y a los hermanos Grimm para escribir Caperucita Roja, aunque ellos se inventaron algunas cosas, y otras las pusieron al revés.


En Lobeira vivía hace mucho tiempo la familia Mendes-Macedo, que tenía 7 hijas. Cuando sucedía que un matrimonio tenía 7 niñas, la más pequeña quedaba fadada, destinada a ser peeira dos lobos. Tendría que caminar junto a los lobos, vivir con ellos en su cubil, comer carne cruda, hablar con ellos en su lengua lobuna, y ser la jefa de la manada, durante 7 años.

La menor de los Mendes-Macedo no podría evitar ser capitana de lobos a no ser que su hermana mayor la amadrinase, pero su hermana no pudo, o no quiso. La leyenda no aclara este aspecto.

Cierto día, una desconocida que la niña se encontró en el camino le puso una cesta en el brazo. Pero no era una cestita como la del cuento de Perrault y los Grimm, no tenía requesón, ni pastel, ni una jarrita de miel para su abuelita enferma. En la leyenda de Lobeira no aparece ninguna abuelita.

La cesta que le entregó la desconocida era una cesta mágica. Justo en el preciso momento en que se desprendió de la cesta y se la colocó en el brazo a la niña, la misteriosa señora dejó de ser peeira y le tocó el turno a la pequeña Mendes-Macedo, que se dirigió al bosque con la cestita a encontrarse con los lobos.

En el monte cerrado de árboles la niña compartió su vida con los lobos y los gobernó. Allí fue bastante feliz. Se llevaba especialmente bien con uno de los lobos, que era su favorito y se llamaba Simón. De él se contaron muchas historias en el valle: en una de ellas la pequeña Mendes-Macedo le ordena a Simón que guíe y proteja a un viajero perdido en la sierra, y Simón cumple con su encargo, acompañando al hombre hasta un lugar conocido donde pudiese proseguir su camino sin volver a perderse. En el cuento de los hermanos Grimm sucede al revés: aparece un leñador que salva a la niña del lobo feroz, en cambio en la leyenda de Lobeira es la niña la que salva a un hombre con la ayuda del lobo, que no es tan feroz. Aquí los Grimm le dieron la vuelta a la verdadera historia.


El lobo Simón. (C) Dolores González de la Peña, 2014.

La moraleja que se puede extraer de la leyenda de Lobeira es que no siempre el bosque y los lobos, lo desconocido, es malo, y a veces lo conocido y lo familiar no es tan bueno como podría parecer. Justo lo contrario de la moraleja del cuento de Caperucita Roja.

A peeira dos lobos: F. Martins Sarmento, Revista de Guimarães, 1898

domingo, 27 de octubre de 2013

O Rossio, O Rocío, O Resío

O Rossio, antiguamente ressio, el microtopónimo conocido más que nada por dar nombre a la famosa plaza (rossio) lisboeta, es un tema bien estudiado. Existe un artículo disponible en la red en el que su autor, en una misión sobre el terreno encomedanda por el Instituto de Alta Cultura de Lisboa, narra su viaje por la geografía portuguesa a la búsqueda y levantamiento arqueotoponímico de los rossios lusitanos: Robert Ricard, Recherches sur la toponymie urbaine du Portugal et de l'Espagne, Bulletin Hispanique, 1954. La etimología que propone de forma provisional, en ausencia de otra mejor, y siguiendo a Leite de Vasconcelos, es el latín residuum, "(terreno) residuo, sobrante", sin descartar que haya habido una interferencia con roça, "acción de rozar o limpiar de vegetación un terreno". Lo más interesante de este artículo es que en él se establece sin fisuras argumentales la casi total identidad semántica entre rossio y ejido; ambos fueron espacios liminales, situados a las afueras, y comunales. Lo que hoy llamaríamos descampados.

De una búsqueda en la base de datos del CODOLGA extraigo los siguientes ejemplos que parecen apoyar la idea inicial de Leite de Vasconcelos. O Resío, transformado por etimología popular en O Rossio / O Rocío, podría haber sido, por lo que se deduce de los casos siguientes, un terreno residuo de una herencia o reparto de tierras:

  • exitum uel ressitum (870: Santillana del Mar)
  • de illas ambas lareas cum suos ressius (1071: Braga) 
  • libere pascantur in omnibus cautis, & residuis (1125: Tui. Cfr. con el siguiente)
  • peccudes libere pascantur, tam in cunctis cautis quam etiam in ressiis (1142: Tui) 
  • aliam hereditatem de Bouza de forno et totos resios de ipsa uilla, que pertinent ad quinionem predicte Maioris Menendi (1260: San Clodio)
No obstante, no perdamos de vista el hallazgo de Ricard, que emparenta semánticamente, no etimológicamente, a ejido y ressio. Teniendo en cuenta el primer ejemplo mencionado arriba (Santillana del Mar), documentado en coordinación con exitum, podríamos aventurar que sí hubo un vínculo etimológico entre ressio y exitum que pasa por la prefijación re- añadida a exitum. Este mecanismo de la prefijación aparece hasta la saciedad en la documentación medieval para formar el antónimo en este tipo de fórmulas, "accesum, vel reccesum" (816 Lugo), "gressum uel regressum" (871 Liébana), "cum gressibus et regressibus" (1083 Coimbra), y tal vez en el ejemplo de Santillana del Mar se trate del mismo fenómeno, "exitum uel ressitum".

Desde este punto de vista, en el ámbito galaico-portugués eixido y enxido (campo a la salida) tendrían como antónimos por prefijación a los ressio, recío, rossio y rocío (campo a la entrada).

"E os que trouxeren mercadorias [...] as levaram aa praça ou açougue do dito lugar, ou nos resyos e saydas delle" (Foral de Óvoa).

Tampoco es que haya una gran diferencia entre ambos conceptos, por eso una de estas palabras ha ido perdiendo terreno en el país vecino a favor de la otra, sobre todo a medida que se iba imponiendo la urbanización y conversión de los ressios en plazas de uso público.

La evolución desde *rexitum a ressio implica la no palatalización del grupo "xi", así como caída de la -d- intervocálica procedente de -t- latina, igual que se ha producido en el extremeño Lejío. Según Leite de Vasconcelos, también existió la forma rexio (con prepalatal fricativa sorda) en la zona del Miño: "neste rexio que serve de estrumeira", s. XVII.

En Galicia existen por lo menos 4 topónimos O Rocío (en Ames, Santiago, Brión y Tomiño), unos 20 topónimos O Resío, 3 Eixido (Cangas, Vilardevós y Parada de Sil) y unos 70 Enxido, según el incompleto inventario Toponimia de Galicia

domingo, 20 de octubre de 2013

"The Thing" de Dombate

Uno de los motivos más extraños de la decoración de los megalitos europeos es "the Thing", la Cosa, el objeto grabado en la cámara del dolmen de Dombate (Cabana de Bergantiños). "The Thing" fue el nombre que le dio Shee, y "the Thing" le quedó, a Cousa. La cosa esa que parece una cafetera italiana flotando en diversas posiciones sobre líneas ondulantes.

"The Thing", tomada de dolmensedemaisfamilia.blogspot.com

Mapa y guía por los ríos y territorios del más allá, pintado en negro y rojo, como las pinturas de Dombate o Antelas, en el interior de un sarcófago egipcio ("El libro de los dos caminos", British Museum). (C) Ángel Facio.

"Ela [a Moura] hache levar por debaixo da terra, onde se apartan dous camiños: segundo collas por un ou por outro así chegas á trabe de ouro ou á de alquitrán" (Risco, "A trabe de ouro e a trabe de alquitrán").

Para este viaje al Alén celtoatlántico no se necesitan alforjas, sino un peine, para ofrecerle a la Moura.

 Pectiniforme sobre ídolo (Anta pintada de Antelas, Portugal). (C) Ángel Facio.

Otra recomendación importante es que no hay que intentar coger la viga de oro, pues al hacerlo se activaría un mecanismo que haría explotar todo.

 Equilibrista pasando sobre la trabe de ouro, o tal vez, sobre la grade de ouro. Anta do Picoto do Vasco (Portugal). (C) Anxo Martínez.

sábado, 19 de octubre de 2013

Los hidrónimos Mendo y Miodelo

A Don Edelmiro Bascuas y al profesor Moralejo (Corgo), dos ilustres expertos en la hidronimia de Galicia

El río Mendo se documenta en el año 964 como Minuete. JJ Moralejo en su artículo Mandeo, Mendo y Miodelo, propuso esta inusual forma como base prelatina (*MINUET, "menor, pequeño") de la cual, mediante sufijación, procedería también Miodelo (*MINUETELLO). De este modo, tendríamos una clásica pareja de hidrónimos vinculados, en la que el afluente o un río próximo de menor categoría aparece en diminutivo (Sar-Sarela).

Los más antiguos testimonios del hidrónimo Miodelo (Bergondo) sugieren, sin embargo, otra procedencia: la forma más arcaica es Meedelo (1268), que enlaza con la evolución mejor documentada de los topónimos portugueses de origen hidronímico Mindelo (Vila do Conde) y Medelo (Braga). Estos están atestiguados como Amenitello, Aminitello, Minitello, Menidello, Amiidelo, Ameendelo, Amiadelo, Meedelo... mostrando sin duda que estamos ante la base *AMENO de Don Edelmiro (punto 148 de su Estudios de hidronimia paleoeuropea gallega). Yo aún diría más, estamos ante una variante de la base AMNE, "río", que aquí recibe una vocal epentética de apoyo y sufijación derivativa, -etum (amenetum), -ellum (amenetellum) y -arium (amenarium), y dibuja un intrincado paisaje fluvial transmutado aparentemente en alisos (amieiros, abeneiros, ameneiros), o en montículos (medas) por fonética sintáctica (cfr. los siguientes ejemplos).

"et pervenit in Galletia riba Ameneda rivulo subtus Monte Cervario" (año 787. Fuente: CODOLGA).
"discurrente ad aquam de Ameneda" (año 1160. Fuente: CODOLGA).

En el caso de Miodelo como Amenetello > Meedelo, y luego, por disimilación vocálica, Miodelo, tendríamos pérdida de la nasal intervocálica. En el caso del próximo Mendo, documentado la mayor parte de las veces como Menede / Menete (en caso genitivo), se ha desplazado la vacilante nasalización desde el estadio *Meẽde a la actual posición implosiva o final de sílaba, como en el portugués Ameendelo.

Como quería el profesor Moralejo, puede que el Miodelo < (A)menetellum y el Mendo, si es que proviene de (A)menetum, sean después de todo una clásica pareja de hidrónimos tipo Sar - Sarela, Miño - Miñotelo, Ave - Avicella (actual Vizela), etc.

Uno puede entretenerse ahora buscando toponimia de la familia de los ríos Mendo y Miodelo. Existe un Miudelo en Cangas, una Fonte dos Mendellos en Bande, una Lagoa de Amendo en Ribeira, pero el que se lleva la palma es O Remendo de Monfero; el re- prefijado (apócope de rei, "río") transforma al hidrónimo en una colcha de patchwork.

Respecto a las formas derivadas con sufijo -arius, y que aún conservan la a- inicial (ameneiro, abeneiro y amieiro), resulta interesante fijarse en la distribución de las mismas, que ya había presentado Bascuas en el apartado que dedica a los nombres del aliso en el noroeste, hecho que está ligado a la conservación / pérdida de la nasal:


 Toponimia AMENEIR* según la base de datos de Toponimia de Galicia.


Toponimia ABENEIR* según la base de datos de Toponimia de Galicia.

Toponimia AMIEIR* según la base de datos de Toponimia de Galicia.

Como decía Don Edelmiro, "la nasal de ameneiro se pierde fonéticamente en amieiro. Esto no es problema; el problema está precisamente en su conservación". Con los mapas a la vista, la conservación / pérdida de la nasal es un fenómeno con distribución complementaria; ocupa zonas netamente diferenciadas que no se solapan. La explicación que se me ocurre para el enigma que plantea el autor parte, como es lógico, de la pérdida de la -n- intervocálica en gallego-portugués, que genera la nasalización de la vocal siguiente (ameẽiro). En las zonas que ocupa la toponimia AMIEIR* la nasalización vocálica acaba por desaparecer sin dejar huella alguna, mientras que en la zona AMENEIR* la intensa nasalización vocálica de ameẽiro genera una nueva consonante nasal (ameneiro). Aunque pueda parecer extraña esta recuperación, sabemos que se trata de una nueva consonante nasal porque el hablante no sabe muy bien donde ubicarla, y a veces la coloca desplazada a la posición implosiva (Ameẽdo > Amenedo / Amendo). Podemos concluir sugiriendo que la provincia de A Coruña fue el último reducto de las vocales nasales del gallego.

El tema del Greenman y el dios Cervunnos

En Galicia hemos conocido la existencia del Greenman y su posible conexión con el dios Cernunnos y la figura cornuda del caldero de Gundestrup gracias al trabajo de Alfredro Erías, "El hombre que vomita ramas (green man u hombre verde, Santiago el Verde...) y algunas figuras de resucitados de la Galicia Medieval", Anuario Brigantino, 2009.

 Greenman de la girola del Monasterio de Monfero, descubierto recientemente por nosotros. (C) Ángel Facio.

Tras el empacho visual de Greenmen al que me sometí voluntariamente estas vacaciones, voy a hacer unas amargas observaciones que permitirán contextualizar adecuamente el tema de la regeneración o renacimiento asociado a la figura del Hombre Verde.

Greenman de Kilpeck.

Podemos empezar diciendo que no existe ninguna divinidad gala llamada Cernunnos. Repito con el tonillo de la grabación de R ("no existe ningún teléfono con ese número"), no existe ningún dios galo con ese nombre. Su nombre es Cervunnos (cervunus, variante arcaica de cervinus, "cervuno, como un ciervo": Simonet, Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes). La lectura errónea del único texto (se trata de un hápax) por el cual conocemos el nombre del dios cornudo se debe, en mi opinión, a la necesidad consciente de apartarse de lo latino o lo ibérico, o simplemente, de lo normal, buscando ante todo la idiosincrasia céltica de la Galia, y por supuesto, al manifiesto deterioro de los dígrafos VV grabados en el Pilar de los Navegantes, que pueden interpretarse como VU, NU, NN, UN...

Pasemos ahora a los torques o monilia que cuelgan de los cuernos de la divinidad cervuna, o a los torques del cervomorfo del caldero de Gundestrup. Según una de las metamorfosis de Ovidio, los adornos que portaba un ciervo consagrado a las Ninfas eran un torques, una bulla y unos pendientes: "ingens ceruus erat", "cornua fulgebant auro", "pendebant tereti gemmata monilia collo", "bulla super frontem", etc. (Metamorfosis, libro X). Este bello mito nos narra, por si fuera poco, la muerte de un ciervo sagrado y el renacimiento de su amigo a la vida vegetal en forma de árbol: "in viridem verti coeperunt membra colorem" = sus miembros comenzaron a volverse de color verde. Convendría no perder de vista el resto de metamorfosis de humanos en vegetales de la obra en cuestión. Sobre el tema de los ciervos portando torques al cuello pueden leerse las notas a Aristóteles, De mirabilius auscultationibus. No era infrecuente, por otra parte, que otros animales, como los caballos, se adornaran con torques como marca de preciada pertenencia.


Y llegados hasta aquí, creo que es independiente el mito del Greenman (el tema ovídico del ser humano transformado en vegetal por mediación divina) del tema cervuno. El ciervo es arbóreo por naturaleza, el ser humano no. Sobre la cornamenta de los cérvidos han escrito mucho los clásicos. Era equiparada con la copa de los árboles, denominándose ramosa cornua, cornibus arboreis... De modo milagroso podía crecer sobre ella hiedra verde, como se ve en las figuras de Gundestrup y en la extraordinaria ¿pila bautismal? de Hospital de Quiroga (Lugo). Un pasmoso hecho que recogen así: "hedera in multis creatur, et quod mirabilius, visa est in cornibus cervi etiam aliquando" = la hiedra se cría sobre muchos árboles, y, lo que resulta maravilloso, de vez en cuando se ve en los cuernos de los ciervos; "hederam suis enatam cornibus gerens viridem" (Aristóteles).

Ciervo verde vomitando ramas iluminando el libro primero de las Geórgicas de Virgilio
(Dijon, ms. 497, s. XIII; procedente de Oxford). 


viernes, 18 de octubre de 2013

Galicia en un mapa T O del siglo XII

(Clic sobre la imagen para ampliar)
Base Enluminures
Institut de recherche et d'histoire des textes - CNRS

En un códice del s. XII de la Biblioteca Nacional de Francia, que ilustra las Etimologías de San Isidoro, encontramos esta preciosa miniatura de un mapamundi del tipo conocido como T O (Tierra inscrita en un Orbe u Orbis Terrarum). En la porción inferior izquierda puede leerse la siguiente serie de topónimos en columna: Narbona, Burdigali, Terracona, Hyspania, Cartago, Lusitani, Gallicia.

sábado, 12 de octubre de 2013

Los topónimos Engenho e Ingenio

"quando sairom os Mouros de Sam Martinho, aiam sas herdades livres e engenhas"

Del latín ingenuas, "libres de cargas o tributos". Como topónimo ha dejado pocos restos en Galicia, tal vez el frecuente hagiotopónimo Eugenia (Santa Uxía de Ribeira) pueda remontarse a una heredad ingenua, o a una tierra ingenua. Otros casos posibles son Muiño do Enxeño (Tomiño) y Xeño (Cedeira).

En documentos medievales gallegos de la base de datos del CODOLGA encontramos por ejemplo: "comissos ingenuos" (año 927), "piscarias ingenuas" (año 961), "comitatus ingenuos" (1007), y una interesante confusión, "per petram fitam et per ingenium inter penedo et ranti" (año 1133). En documentación aragonesa: "ut habeatis illa aqua ingenua et in ipso arrigo si potueritis molinos facere ingenuos" (año 1102, de JJ Larrea).

Donde sí se ha consolidado como nombre de lugar es en América, principalmente en Brasil, y en Canarias, gracias a la colonización portuguesa mediante el establecimiento de haciendas denominadas engenhos o ingenios, en su versión castellana.

En los engenhos brasileiros se perpetuó una estructura feudal que hundía sus raíces en el sistema colonial romano basado en la servidumbre, siendo el "senhor do engenho", el engenheiro, el equivalente al dominus o señor feudal, o al colono / ingenuo.

"Dominiorum, vulgo nuncupatorum ingenhos" = dominios o colonias, llamados vulgarmente ingenhos (Colección de los tratados de paz...). No parece que esta ocurrencia tenga nada que ver con el ingenio, sino con una forma de tenencia feudal que clasificaba las tierras en mansos ingenuos (libres) y serviles.

El sentido primitivo de hacienda o terreno de uso agrícola, plantación, del portugués engenho conviene con la etimología a partir del latín ingenuus, "[fundus o dominio agrícola] libre"; uso, por otra parte, atestiguado hasta la saciedad en la documentación medieval. De la especialización del establecimiento agrícola como factoría, fábrica o industria (en este caso de azúcar) surge el significado actual de ingeniero (industrial, empresario), que al principio únicamente designaba al propietario (fazendeiro) del dominio denominado engenho. Engenheiro o Ingeniero es un título que todavía se utiliza con especial reverencia en Portugal y América del Sur porque con él se nombraba al terrateniente o hacendado, al empresario, dueño de la industria, del capital y la tierra. No se trata, como podría pensarse, de que los estudios universitarios de ingeniería se tengan en altísima estima.