sábado, 27 de junio de 2009

El significado de los petroglifos de herradura y las huellas de ciervos

Laxe das Ferraduras de Fentáns, con huellas de artiodáctilos (ungulados de pezuñas pares o bifurcas) asociadas a círculos concéntricos
(c) Manuel Gago 2007, Calzadas seculares y petroglifos en el sendero de San Xurxo de Sacos

"Terminus si ungulam equi sculptam habuerit, terminum cursorium significat, et usque in fontem mittit, et ipse fons trifinium facit" (Latinus Togatus).

Si una piedra de término tiene grabada una herradura, es una piedra de término con símbolos (1), e indica que hay una fuente que forma un trifinium.

Desconocemos desde cuándo el símbolo parecido a la huella de un caballo o signo en U se usaba para señalar fuentes que a su vez limitaban territorios. El testimonio nos llega de un agrimensor romano, pero el sistema de señales puede ser anterior.

Lo llamativo es que la piedra no es propiamente el límite, sino que en ella se inscriben símbolos o primitivos mensajes que remiten al verdadero término, que en este caso es una fuente próxima.

En la península los petroglifos de herradura han tenido esta función, tal y como queda reflejado en varias leyendas que han perdurado a lo largo del tiempo vinculando estas marcas con fuentes:

- En Carbajales de la Encomienda la marca de herradura que aparece sobre El Sierro junto a varias cazoletas se atribuye a Santiago, que de un prodigioso salto pasó de allí hasta Fuentegrande -de monte a fonte- para enfrentarse a los moros (2).

- En Sopeña los petroglifos se atribuyen a señales de las herraduras del caballo de Santiago, que afincado en la peña saltó sobre Astorga, cayendo al otro lado de la ciudad, en un prado donde, al posarse el caballo, manaron cuatro fuentes -una de cada herradura- que son las llamadas "Fuentes de Santiago" (3).

- Fuentecilla de la patá del Cid: es tradición que cuando pasó por allí don Rodrigo Díaz de Vivar, y estando a punto de perecer de sed, una patada de Babieca hizo brotar un manantial de la roca y, a la vez, el caballo dejó señaladas las huellas de sus herraduras (4).

La fotografía que ilustra este breve apunte pertenece a otro tipo de término: "si ungulam pecoris bifurcam habuerit, de sub saxum egredientem aquam significat" (también del Latinus Togatus). Un término marcado por huellas de artiodáctilos, significa que bajo la piedra mana agua. Y tomando la parte por el todo, lo mismo cabría afirmar de las representaciones completas de ciervos; esta relación ciervos-agua se ha venido barajando en diversas ocasiones (para los ciervos y los círculos concéntricos que a menudo aparecen asociados a ellos) y podría verificarse si se acepta que las huellas de ciervos son en realidad una forma abreviada de representación del animal.

Ciervos de Outeiro de Campelos, Porto do Son (A Coruña)


(1) En algunos lugares no hay piedras escritas, sino con figuras, son los términos cursorios. V. Boecio: "quoniam aliquibus locis non sunt lapides scripti, sed in effigiem terminorum positi: quos cursorios vocamus".
(2) Petroglifos con forma de herradura.
(3) Luis Alonso Luengo, referencia tomada del artículo La Peña de Santiago, del blog de mi colega Juan Carlos Campos, La Tierra de los Amacos.
(4) Peña Herradura o las huellas del caballo del Cid, Pilar Hualde.

jueves, 18 de junio de 2009

Oleiros

En Galicia aparece el topónimo Oleiros por lo menos once veces (Nomenclator), y también es frecuente en el resto de la península (Olleros), en Francia (Oulière, Ollière). Manteniendo la etimología relacionada con el latín ollam, Sarmiento había pensado que serían topónimos que señalarían zonas de enterramientos: "[...] allí estaban las mámoas o selpucros de los romanos, con urnas, ollas o asados cinerarios. Lo mismo acaso de los lugares Oleyros, de ollarios". Es una idea que continúa Valladares en su Semanario Erudito: "al punto me salto, á la imaginación que se llamaban Oleyros de la voz Ollarios porque en lo antiguo se colocaban en aquel sitio las ollas Cinerarias, al modo que se llaman osarios los sitios en que se depositan los huesos. Fortifícase mi conjetura con lo que vi pues en donde vi muchas Mamoas allí estaba un lugar llamado Oleyros. El lugar de Oleyros cerca de la Puebla del Dean, y otro Oleyros cerca de Salvatierra del Miño tiene muchas Mamoas".

Tanto si son lugares donde había alfareros que hacían ollas, o si son áreas de enterramiento de urnas u ollas cinerarias, la etimología propuesta hasta aquí es el latín ollam, que parece provenir del latín clásico aullam.

En los textos medievales aparece otro término aulam, equivalente de iglesia, palacio, tiene un derivado aularios que puede aplicarse a sus habitantes o a construcciones anejas. La evolución coincide con la de oleiros (alfareros), aunque sin pérdida de la ele intervocálica propia del gallego posiblemente por un simple proceso de etimología popular o confusión con el término oleiros procedente de ollam.

Si el topónimo aplicado a estos lugares no se debe a que sean zonas contiguas a las primitivas aulas (iglesias o palacios), podría explicarse, para seguir manteniendo el interés de la idea de Sarmiento, por ser lugares donde había mámoas con cámaras dolménicas, similares a templos.

Cientos de años después, vuelve a producirse la misma confusión entre las ollas y las aulas que ya había puesto de manifiesto Plauto en su comedia Aulularia, de la olla o palatina, según se mire.

Una tercera posibilidad, en relación con la existencia de mámoas que podrían ser o verse como carboneras o txondorras, pasa por el término francés houlieres, "carboneros, hulleros". Es revelador que junto al lugar de Olleros de Sabero (León) haya habido un importante centro extractor de hulla; Lucas Mallada hizo un mapa de las concesiones mineras, cuyo epicentro era Olleros, “donde se concentra la mayor cantidad de carbón" (Hulleras de Sabero, historia rota).

sábado, 6 de junio de 2009

El Lejío

Cuando era pequeña y pasaba los veranos en Extremadura mi primera inquietud toponímica vino de la mano de este lugar, El Lejío. Mi tía le preguntó a otra señora dónde estaba su marido, y ésta le contestó "en el lejío", y a mí me pareció un lugar enigmático emparentado de alguna forma inexplicable con la lejía.

El Lejío dejó de usarse como topónimo porque la era donde se realizaba la trilla desapareció para albergar unas piscinas públicas, un centro cultural ("La Cultural") y este parque infantil. Tiempo después los habitantes de Las Casas de Millán vuelven a recuperar el viejo topónimo con su pronunciación tradicional.

El Lejío, del latín exitum, "terreno comunal a las afueras del núcleo de población". La forma extremeña ha perdido la -d- intervocálica procedente de la sorda latina -t-: illum exitum > el ejido > el ejío. El microtopónimo de Las Casas de Millán presenta la particularidad del artículo amalgamado al sustantivo, El Lejío.

El lejío de Casas de Millán en 1975. (C) Domingo González García.