sábado, 15 de abril de 2017

Fonmiñá

Aunque el nacimiento del río Miño se estableció durante un tiempo en Fonmiñá (Lugo), hasta que definitivamente se situó un poco más lejos, en la morrena glaciar del Pedregal de Irimia, el hidrónimo Fonmiñá podría no estar etimológicamente relacionado con el nombre del río, es decir, podría no guardar relación con la frase Fonte Miniana (fuente o nacimiento del río Miño).

Pedregal de Irimia. (C) Fotolog de JM López

Fonmiñá se encuentra documentado en 1151 como Fluminana, por lo que habría que cosiderarlo, a partir de este testimonio, un derivado del latín flumine, "río": "et iacet ipsa uilla inter Vallelonga et Fluminana", entre los actuales Valonga y Fonmiñá.

A la normal evolución del grupo fl- hacia un sonido africado palatal, como en flamma, "llama" > chama, presuponemos esta otra solución que deshace el grupo eliminando la líquida, como en floresta > foresta, lo que explicaría otro topónimo del mismo tipo, Fumiñeo (Muxía) como proveniente de *Flumineo.

lunes, 10 de abril de 2017

Bajo el manzano florido



Son dos las versiones del siglo XIII que nos han llegado de esta cantiga de amigo galaico-portuguesa, la de Jõao Zorro y la de Airas Nunez (Base de datos de Cantigas Medievais Galego-Portuguesas del Projeto Littera).

Bailemos agora, por Deus, ai velidas,
sô aquestas avelaneiras frolidas,
e quen for velida como nós velidas,
se amigo amar,
sô aquestas avelaneiras frolidas,
verrá bailar.

Bailemos agora, por Deus, ai loadas,
sô aquestas avelaneiras granadas,
e quen for loada, como nós loadas,
se amigo amar,
sô aquestas avelaneiras granadas,
verrá bailar.
(Jõao Zorro)

La floración del avellano se produce en enero y febrero, meses nada corrientes en la ambientación de la poesía amorosa, que suele transcurrir en abril coincidiendo con la floración de los frutales (recurriendo al topos amoroso del Aprilis Tempore); y por otra parte, la flor del avellano no tiene aspecto de flor, pues es apétala, mostrando el árbol en su floración un aspecto un tanto desangelado y en absoluto granado, tanto que no invita a bailar bajo él. Por ello es lícito cuestionarse el carácter de estos avellanos; tal vez habría que buscar la acepción original del término avelaneira / avelaeira / aveleira de estas cantigas, que podrían estar inspiradas por otra anterior, así como el referente de algunos de los topónimos Abeleira / Abelaira, en el étimo indoeuropeo que significa "manzana", y que ha dado por ejemplo el inglés apple, el galés afall, el antiguo galés Aballo (nombre de una ciudad), el osco Abella (ciudad de Campania), etc. (Mallory y Adams, Encyclopedia of Indoeuropean Culture).

Se podrá pensar que estos argumentos lírico-botánicos a favor de una acepción arcaica del nombre común galaico aveleira como "manzano", y de avelá como "manzana" no apoyan suficientemente este antojo, sin embargo, en una época tan próxima como el siglo XIX Gaspar Frutuoso habla de las avellanas como manzanitas en su obra As Saudades da terra, Historia das Ilhas do Porto-Sancto, Madeira, desertas e selvagens: "engordavam os porcos con estes fructos, que são como avelaas e assì se chamabam maçãinhas".

Bailemos nós já todas três, ai irmanas,
sô aqueste ramo destas avelanas,
e quem for louçana, como nós, louçanas,
se amigo amar,
sô aqueste ramo destas avelanas
verrá bailar.
(Airas Nunez)


Por su parte, Elcok, en referencia bibliográfica que me indica ambablemente Giorgio di Francesco ("Toponimia del Valle de Tena", RFA, 1961-62), había llegado a conclusiones similares a la inversa en su análisis del sustantivo mazaranuála: "mi informador en Panticosa, al contestar a mi expresión de sorpresa por la presencia de manzanos en un territorio donde yo no había visto ninguno, replicó: 'no hay manzanos, hay mucha avellana'. Esto me indujo a preguntarme si mattian-ola no pudiera ser una anterior designación del avellano en el territorio de los Pirineos". El autor plantea como solución que el osco abella, "manzana", penetró en el área pirenaica, mientras que en el resto de los romances peninsulares fue pomum el término predominante; a continuación, en la zona pirenaica, el más moderno mattiana, "manzana", sustituiría al viejo abella, "manzana", y mattian-ola a su derivado abellana, "avellana".

Sin realizar una incursión sobre el terreno, de la toponimia gallega no se deduce más que una distribución geográfica de los topónimos Abeleira / Abelaira, ocupando de forma uniforme la franja oeste y este del territorio, respectivamente (unos 325 según la base de datos Toponimia de Galicia, frente a los 500 que alcanzan las formas Pumar / Pomar). Asimismo, algunos estudios modernos relativos al cultivo del avellano en Galicia mostraron su escasa implantación: "ya antes de ahora el malogrado gallego D. Antonio de Valenzuela Ozores había recomendado la introducción del cultivo del avellano en Galicia, sin que hubiesen sido atendidas por completo sus indicaciones" (Joaquín Costa, El arbolado y la patria).

domingo, 9 de abril de 2017

Cesuras y Crecente

En el Glosario de Du Cange se define Crescentia como "silva caedua", es decir, un bosque o monte que periódicamente se tala para aprovechamiento forestal. No obstante, es posible también que ese caedua sea la base que se encuentra en el calificativo caducifolio, en cuyo caso la silva caedua sería un bosque caducifolio, la clásica fraga gallega, opuesto por lo tanto a la laurisilva. Como sinónimo de crescentia, en la misma entrada de Du Cange, figura scisura: "crescentias seu scisuras".

Una crescentia en Fonsagrada

Aunque según la mayoría de los investigadores, entre ellos Cabeza Quiles, el relativamente frecuente topónimo gallego Crecente derivaría del nombre de un posesor, sobreentendiéndose el lugar poseído (Villa) Crescentii, y el topónimo Cesuras o Cesures haría referencia a una cortadura orográfica del terreno; así también lo razona Almeida Fernandes para el caso del Cesures de Vila Nova de Famalicão (Toponímia Portuguesa, sub Cesuros): "uma cesura (< lat. cesura), um corte como uma ferida".

viernes, 24 de marzo de 2017

Avesadas, Aveseu, Viseu, Viso

Recientemente Manolo Gago en su entrada O couto que marcan as sombras nos explicó la antigua forma en que se demarcó el couto del Monasterio da Miserela en el cañón del Río Pedras (A Pobra do Caramiñal) según le relató su vecino el señor Domínguez. La forma del couto se veía en una fecha concreta desde una piedra determinada, y se originaba a partir de las sombras que proyectaban las montañas al ocultarse el sol tras ellas: “puiden ver como, ao longo de todo o canón, alongábanse as sombras dunhas penedas concretas, estirándose e estirándose, e ao facelo, facían como un círculo ou un couto”. Este raro e importante testimonio etnográfico de la funcionalidad de un fenómeno astronómico guardará relación, cómo no, con la toponimia que denota la orientación del terreno con respecto al sol.

El topónimo asturiano Aveseo / Aveseu y sus variantes (Avisío, Avisiego, Vesíu, Visíu), que podemos encontrar escritas también con be, indica orientación norte y se aplica a terrenos sombríos, al contrario que el nombre común soalleiro / sualleiro, "soleado". La importancia de la orientación solar del terreno es evidente para la construcción de viviendas, la agricultura, y de ella dependen otras tareas, por ejemplo, la elección del roble con el que se hará el árbol de levas del mazo de las herrerías; ha de ser un árbol que haya crecido al sualleiro, no al aveseu, arrancado de raíz en luna menguante de enero con el fin de que conserve toda la savia para mantenerse vivo (Pablo Quintana, La labranza y transformación artesanal del hierro en Taramundi y los Oscos).

Una vez resaltado esto, cabría reconsiderar la acepción de los topónimos gallegos del tipo Avesadas / As Vesadas, adscribiéndolos a este tipo de nombres de lugar que indican la orientación solar adversa o contraria al terreno soleado (< latín adversus), en lugar de entender que estos nombres denotan tierras labradas (volteadas por el arado), como habíamos formulado en otra ocasión. Parece reforzar esta posibilidad el lugar de As Avesadas de A Teixeira, situado próximo al emplazamiento de A Pedra do Sol, la cual tal vez haya tenido la misma función de punto de observación que la descrita por Manuel Gago.

As Avesadas en A Teixeira, y junto a ellas A Pedra do Sol.

Galmés de Fuentes había realizado una propuesta idéntica para los abundantes orónimos del tipo Viso, o Viseo (Los topónimos, sus blasones y trofeos). Según el autor, nombrarían lugares adversos, "opuestos a la solana". Es también posible que el orónimo Monviso de los Alpes (documentado en la antigüedad con el diminutivo Vesulus) haya tenido este mismo origen a partir del latín a(d)versus, "avieso", habida cuenta de que muy pronto en el latín vulgar se produjo la asimilación regresiva rs > ss, así como la caída de las vocales pretónicas. El sentido del orónimo alpino se puede precisar mejor si nos fijamos en que el topónimo Mont d'Avers de Francia nombra al contrafuerte norte del Mont de France (Dictionnaire etymologyque des noms de rivières et de montagnes en France, Dauzat y Deslandes).

Paulo Lema me ha indicado amablemente que en el caso particular del Viseu portugués la aparición de un ara con el nombre de la divinidad indígena epónima Vissaieigo apuntaría, según los autores que la estudian, a un étimo prerromano. Sin embargo, la cronología del ara no impide desde mi punto de vista considerar el teónimo como la misma forma latino vulgar que se conserva en el leonés visiegu (léxico de Trubia) o avisiegu, ambos derivados del latín adversus ("Divindades indígenas numa ara antigua de Viseu", da Silva Fernandes et al., Acta Paleohispánica 9, 2009, pg. 143-155).

domingo, 5 de marzo de 2017

A Vella do Monte

Tras completar las lecturas que me recomendó mi amiga María Alonso Echanove sobre la antigua divinidad que se esconde en los cuentos infantiles y en el folklore que habla de viejas que viven en la montaña, en cuevas o en árboles huecos, entre ellos el completo estudio de Miguel Ángel González, "¿Quién es la vieja?", publicado recientemente en su blog Asturiensis Provincia Indígena, he recordado estos versos de la parodia del P. Butrón dedicada a Galicia, ¿se basaría en una leyenda local sobre nuestra Vieja del Monte? Cabe destacar que el P. Butrón vivió una temporada en Ourense, donde además de quedar traumatizado por no encontrar sal fina y caminos donde cupiesen dos personas al mismo tiempo, pudo haber escuchado esta original historia que parece referirse a esa antigua divinidad que habitaba un tronco hueco, vieja y joven simultáneamente, pues reproduce el ciclo vida-muerte-vida, como señala mi amiga María.


Vella do Monte modelada en plastilina. (C) Dolores González de la Peña, por el modelado, puesta en escena y fotografía; guión del P. Butrón, de la Compañía de Jesús.

Los castaños de púas erizados
se ven aquí muy bien avecindados:
algunos hay de antigüedad extraña
que acuerdan tiempos de Mari Castaña.
Un árbol de estos vi, que hueco estaba
y en su centro una vieja se hospedaba
con cama y trastos, y en un rinconcito
cuarto le daba a parte a un cochinito.
Dijo esta anciana planta así entrañada
aún soy mocita pues estoy preñada,
y así no es mucho que la vieja os diga
tan niña soy que estoy en la barriga.

(ed. propia del ms. 3705 de la BNE: Descripción del Reino de Galicia por el P. Butrón de la Compañía de Jesús)

No es el único rastro de la Vella do Monte en el folklore gallego, una pequeña investigación sobre ella nos lleva a descubrirla junto con su hijo Xaniño Pelica de Ovella en el cuento recogido por Lois Carré Alvarellos: 

"Aquela muller vivía nunha pallociña fora do rueiro; era máis probiña que as arañas e mais vella que unha meiga; non tiña ren, pero tiña un fillo, seique, porque na casa non había outra alma e non embargantes tiña un crianciño.

Como tanta era a pobreza e non topou nen un farrapo pra cochal-o neno, espidiño com ele estaba meteuno antre a cinza da parromeira e poñéndolle de por riba o borrallo da lareira quentáballe o corpiño; como a vella non tiña leite, leváralle unha ovella que lle dira un dos veciños do rueiro, e así foi criando no neno que era moito miragre de Dios como medraba" (versión íntegra en "Xaniño Despido, Pelica de Ovella", Contos Populares da Galiza, Lois Carré Alvarellos).

Según me señala antentamente María Alonso Echanove en comunicación personal, Propp, en su análisis del cuento maravilloso (Las raíces históricas del cuento: "La señora del bosque") reduce cronológicamente la idea de la concepción sin el intercurso de varón a la Prehistoria, pues en el pensamiento prehistórico no se relacionaba la fecundidad femenina con la participación del hombre. La Vella del folklore gallego (y del asturiano, leonés, y europeo) es el residuo de una antigua divinidad paleolítica: es muy antigua, por eso es vieja, y su hijo va vestido con pieles y armado con un garrote porque es prehistórico. Así de sencillo.

La familia al completo: la Vella do Monte, Xaniño y la oveja. Modelaje: Dolores González de la Peña, salvo la oveja (recuerdo de un viaje a Irlanda).

No cabe obviar la relación entre el nombre del niño, Xaniño, y el del hijo de la Xana asturiana, el Xanín, figura principal de los relatos de changelings, en los que un niño humano es intercambiado por uno de estos extraños niños primitivos de aspecto prematuramente avejentado. Ello nos aproxima, esta vez etimológicamente, al verdadero aspecto de la Vella del Monte; la equiparación con la Xana asturiana revela su relación con la diosa Diana > Xana.

jueves, 2 de marzo de 2017

Felgueira

En el Du Cange se ensaya una etimología predial relacionada con una propiedad destinada a uso agrícola para el término felgaria, "res parta", es decir "propiedad adquirida", que enlazan con el Teutónico felgen; en mi opinión no aciertan a adscribirlo correctamente. Como ejemplo, citan la donación del obispo gallego Sisnando del año 914: "terras ruptas et inruptas, cum arbores, bausas, et felgarias".

La casuística del topónimo Felgueira o incluso Filgueira y demás variantes, tras revisar su ubicación en la base de datos de Toponimia de Galicia y comprobar que prácticamente toda ella está referida a tierras de labrantío, ha de entroncar con las palabras del Old English fealg o felg, que significaba "fallow land", es decir, "barbecho", y con el término Frisón falge que tenía parecido significado, "ploughed land".

Según esta nueva hipótesis que prescinde del helecho (latín *filicaria, "lugar de helechos"), la toponimia del tipo Felgueira podría provenir del germano falge, "barbecho", y haría referencia a tierras explotadas mediante este sistema de cultivo rotatorio que pudieron haber introducido los suevos en la Gallaecia romana. Al hilo de la suposición que atribuye vocación agraria a este pueblo que al ocupar nuestro territorio cambió las armas por el arado, recordemos que se cree que fueron los introductores del arado cuadrangular en el Noroeste de la Península (Jorge Dias).

En cualquier caso, los múltiples topónimos de este tipo (Felguera en Asturias, Fouguère en Francia) remitirían a predios adquiridos en la Alta Edad Media por los colonos germanos, o bien, tierras dedicadas a cultivos de rotación con barbecho, y sólo secundariamente habrían pasado a entenderse como fitotopónimos, debido principalmente a etimologías eruditas. Así los topónimos Longuefouguère y Falguera Rodona se refieren a una propiedad, respectivamente, grande y de forma redondeada, si no se trata también de la misma forma de propiedad que constituyen los cotos redondos.

"In pico de Montizelo in una felgueyra in una plana tenuerat comitissa una ouelariza" (Lourenzá, Varela Sieiro, Léxico cotián na Alta Idade Media de Galicia).

lunes, 27 de febrero de 2017

La distribución de los túmulos funerarios en la fachada atlántica europea

En la conferencia que dio el profesor Antón Abel Rodríguez Casal este fin de semana en el XI Encontro Arqueolóxico do Barbanza, se anunció la próxima lectura de la tesis doctoral de Miguel Carrero sobre la distribución de los túmulos funerarios en Galicia, geolocalizados completamente por primera vez en la base de datos del Departamento de Prehistoria de la USC aplicando modernas técnicas SIG.

Se presume que en Galicia pudo haber habido unos 20.000 túmulos funerarios, de los cuales quedan aproximadamente 10.000. Galicia es un impresionante cementerio prehistórico: el país de los muertos.

A partir de la distribución de los túmulos, el profesor Rodríguez Casal sugiere una penetración de la cultura del megalitismo desde Portugal, concretamente desde el Alentejo, hasta Galicia por la Dorsal Galega, y de aquí a Asturias por el importante y estratégico grupo de A Fonsagrada.


Concentración y distribución de los túmulos megalíticos gallegos según Carrero y Rodríguez en "Definiendo patrones de emplazamiento del megalitismo gallego: la necrópolis del Monte de Santa Mariña como modelo", Semata, 2015.

Por otra parte, la hipótesis de Corujo-Tilve y Domínguez-Márquez, "Islas de luz: el factor de localización de las necrópolis tumulares en el Suroeste de Galicia", Gallaecia, 2015, defiende y demuestra fehacientemente que la situación y orientación de los túmulos no situados en penichairas viene dada por una proyección astral, ocupando los puntos del paisaje que primero ilumina el sol en su orto durante el solsticio de invierno. La correlación es tan perfecta que permite identificar, según experimentaron los autores, nuevos yacimientos observando qué puntos son iluminados en los ortos del solsticio hiemal, poniendo en práctica la misma estrategia del eremita Pelayo, que identificó la tumba del apóstol Santiago siguiendo también proyecciones lumínicas posiblemente astrales ("Aportaciones para una interpretación astronómica de Santiago de Compostela", Antón Bouzas, Anuario Brigantino, 2009).

Con las modernas aplicaciones SIG que permiten posicionar objetivamente los túmulos funerarios estamos muy cerca de poder verificar la hipótesis arqueoastronómica para el fenómeno del megalitismo. Una idea cuya esencia, la creencia popular en el mito cosmogónico de que existe una correlación o proyección terrestre de fenómenos astrales o de asterismos, venía refrendada por el foklore: véanse por ejemplo, mi entrada sobre la leyenda de Setestrelo en Hijos de las Estrellas, o el extenso estudio de Miguel Losada sobre "As sete virxes de Anamán" como las Pléyades, en la revista Fol de Veleno de 2016.

Dolmen de Pedras Dereitas en Hospital de Montouto, A Fonsagrada. Estamos en pleno Camino Primitivo de Santiago, cuyo recorrido coincide, no por azar, con el trazado del camino prehistórico jalonado de túmulos. (C) Xacopedia.

En este sentido, la distribución de los megalitos en forma de vía o camino oceánico, que discurre por la fachada atlántica europea, podría ser una expresión mítica o folklórica en relación con las proyecciones astrales que estamos comentando. Esta vía de tránsito neolítica sobre la que se superpone un camino de peregrinación jalonado de túmulos que se iluminan en determinadas fechas sería el reflejo o proyección terrestre del brazo de la galaxia que se llamó Camino de Santiago, en el que Orión, más tarde cristianizado como Santiago con su báculo, ejerció un papel psicopompo  o conductor de almas a través del Erídano u océano cósmico, ya desde el Neolítico (1). El asterismo denominado Cinturón de Orión también se identifica con el Báculo de Santiago Peregrino ("cingulum Orionis vulgo baculus Jacobi", Johannes de Mey, Expositio locorum Sacrae Scripturae).

Posible representación de la constelación de Orión en uno de los ortostatos del dolmen de Dombate. No resulta incompatible con la idea, ya expuesta en el blog, de que la civilización neolítica celtoatlántica, volcada al mar, haya visto en este asterismo el timón de una embarcación.



(1) Según Paul Claudel, "on sait que le nom de Saint Jacques a été parfois donné à la constellation d'Orion qui visite tour a tour l'un et l'autre hémisphère".